La-estructura El-signo Y El Juego En El Discurso-de-las-ciencias-humanas.pdf

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TEORIA

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JACQUES DERRIDA



.. LA ESTRUCTURA, EL SIGNO YEL JUEGO EN EL . . . DISCURSO DE LAS CIENCIAS HUMANAS

•••• PENSAMIENTO CR(TICO/PENSAMIENTO UTÓPICO

Jacques Derrida

Colección dirigida·por José M. Ortega

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LA ESCRITURA Y LA DIFERENCIA· 1

1 ''

Traducción de Patricio Peña/ver ·

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EDITORIAL DEL HOMBRE

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«Un conjunto sin otra novedad que un espaciamiento de la lectura\)

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(Prefacio a Un coup de d~s)

1

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Título original: L'Écriture et la Différence

,

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Primera edición: febrero -1989 ÉditiÜns du Seuil, París,-.1967 . Edición cn_ca.Stellano: Editorial Anthropos, 1989 Edita: .Editorial Anthropos·. Promat, S. Coop. Ltda. Vía Augusta, 64, 08006 Barcelona · ISBN: 84-7658-126-2 Depósito legal: IÍ. 427-1989 Imp1'esión: Ingraf. Badajoz, 147. Barce_lona

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Impreso en España -_Pri11ted in Spqi11 Todos los dc.rcchos·re~crvados. EStn publicación no puedC ser reproducida, ni en todo ni en partc,.ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación . de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecániCo, fotoqu[mico. electrónico. magnético, ciCctrOóptico, por fotocopia, o cu<~lquicr otro, sin el permiso prc~rio por escrito de In editori_al.

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10 LA ESTRUCTURA, EL SIGNO Y EL JUEGO EN EL DISCURSO DE LAS CIENCIAS HUMANAS

Presenta más problenla interpretar las interpretaciones que interpretar las cosas. MoNTAIGNE

Quizás se ha producido en la historia del concepto de estructura algo que se podría llamar un {(acontecimiento» si esta palabra no llevase consigo una carga de sentido que la exigencia estructural --o estructuralista- tiene precisamente como función reducir o someter a sospecha. Dig·amos no obstante un «acontecimiento)) y tomemos esa palabra con precauciones en-

tre comillas. ¿Cuál_!;ería,_¡:mes, ese acontecimiento? Tendría la j()~~exteri<:>r_d_e_ una n1ptura y ªey!l__reqcz~lan_zien!_?. S~_ri.a fá_cil mostrar que el con~to de estructura e· incluso la_palabra estru-ctura tiCi1en lá""edad de Ía epiSiémii; e;·aeCir;ar

z~;;n t~~~~~í~:si:~¡:r~~a~Y/áei'i~~~~~}:·~~¿;~~~it~.~.~y~~~;; ·

aerc-úal"vaTa ~pisteme a recogeri~s pani tra~rias h~cia sí en un

desplazamiento metafórico. Sin embargo, hasta el acontecimiento al gue quisiera referirme, la estructur'!,.o má~_bi.en.Ja estructura li éíail de la estructura, a un<:¡lle_Sif:J:npr:e.ha.y.a..es.ta.do . fúncionando, se ha encontrado siempre neutralizada, reducida: m~~nt~ ~~ g~Si6 .cóilsistente·-e¡;·"aa.rte·-;:;r¡·c~~tx_Q~ . eii.r~t~QrJa:a·. un punto de

preSéilcia, a nn origen fijo. Este centro tenfa como

fUnciÓn ñosóló lá.Cie órieiilar y equilibrar, organizar la estructura --efectivamente, no se puede pensar una estructura desor-

ganizada- sino, sobre todo, la de hacer que el principio de organización de la estructura limita'e lo que podríamos llamar el jt<ego de la estructura. Indudablemente el centro de una

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estructura, al orientar y organizar· la coherencia del sistema, permite el juego de los elementos en el interior ele la forma total. Y todavía hoy una estructura privada de todo cen\_r;o r~p~~enl~!~lJiiECilSabiC-·~i~!i~ú.-

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Sin embargo el centro cierra también el juiO'gQ_g_l!,_~l misn]o a_hreY:FaC:e.l?..o.síD!~:.f.!.ñ cuánióccntro:es ¡;¡punto donde ya no es posible la sustitución ele los contenidos, de los elementos, ele los ténninos. En el centro, la permutación o la transformación ele los elemer;tos (que pueden ser, por otr~_parte, esiructura,s , cornprcrididas _en ~na estructura) está prohibida Por lo menos ha permanecido sie,.;,prc proirii;ida-(y e,.;,plco esta expresión a propósito). Así, pues, siempr_es~h_a_p,ns~dog_ue elc_eutr_q,_que p_or_:__Q_efLQic.;ió!L.~~ úni~ql-~OP.~~-tt~.í~___de_ntro_ de una_ estructura j1Jsto_aqt¿ello quo:, _rjgie_f]~~-la_ estructura, esc a_~---" _!a_est_t:u~t¡¿­ ralidacl. Justo por eso, para un pensamiento e ásico de la estruc¡;;~-;;, dei centro puede decirsé, par~clójicart1ente, que está del!.iro-delaestruciura'y}ilera de la estructura. Está en el centro de fa ¡·ot.aiic!ad y sin embargo, como el centro no forma parte de ella, la totalidad tienes¡¡ ce11tm e11 otm lugar. El centro no es el centro~EI concepto_ dess!ructu.r:a, centrada -aunque representa la coherencia misma, la condición de la episteme como filosofía o como ciencia- _es contradictoriamente coherente. Y como siempre, la coherencia en la cortradicción expresa la fuerza de un deseo. El CQnceg_to_ cl~~?.lru¡:tura ceJ1lr:ada_l'~~efec­ tjvamente, el co~~cpt~ ~e_tu: i~,i_t:_g.':'._[~t~ldado, COf1Sli~u!(]()¿~...P''P · tir de una irini.ovilidad fundadora y de una certeza tr~nq'o'_ili~a­ dora, que jüi- sii ]J:iác se s'ustrai,-aLJ~ego, _A yartir_ de esa certid_\,lli:;_b.r.;-s·e·p_u_!:de__~Qfll i!!a_r_la._¡¡_ngusti"' que surge siempre de una determinada manera de estar implicado en eljuego, de estar~ogllci etJuego: ~e éxis'tircomo estando desde el prin-~]pi_ó_'-deiiiro de[ juego. 11 p¡¡_r!)rL_pues, de !9 qtle_]la[11am<Js .cen.tro, .Y..ql1~ .. cQmo_g_uedJ'. estarjgualm_ente dentro. que _fuera. recibe indiferentemente los nombres de origen o de ..fin,_de_ ;,,)d,é de ·¡e¡,;S,'_l~sj:C:j)CiiciOneS,Ia;s-Üstiit,dones: las transfor· macioD._~s ,___ h!:.~.-~pe_r..r.q.!J.tr~~-del concep~z._ de_est_t:Uctura,

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antes de la rupt~ra de la que hablábamos, debe pensarse como una sene de sustr_tuciOnes de centro a centro un encad-en ' t · c1 d · . · · .. • a m 1en____9__e_~_~_er!TI!Oacr~mes del_ ce:~tro. Et centro recibe, sucesi,·amente Y d~ una manera. regulada, formas o nombres diferentes. La h1stona -· ¡.d . t · de el la metaflSlca, como la historia de Occidente , s e11é1 h 1s ona e esas metáfora ' d · · .. ....... _,_ . . s Y e esas meton1m1as. Su forma m~ . t:-~z _ sería -~- s~ me perdonélrá aquí que sea t~n POco demo~­ tratno Y_ ta~ ellptlco, pero es para llegar más rápidamente a mi ~~;a pnnc1p~l- la determinación del ser como presencia en -- l os lo~ sentidos de esa palabra. Se podría mostr 8 r que todo~ os nombres del fundamento, del principio 0 dd centro han designado s~empre lo in\'ariante de una pre~encia (eidos. arclu;_ tel~s, energe1a, ousf~ [esencia, existencia, sustancia, sujeto]. aletheza, trascendentahdad, consciencia, Dios, hombre, etc.). El ~:on.te~imiento d;~_ r:--tptu~a. la irrupción a la que aludí: 1 yo al_ pnncipiO, ~~-h'!.b.~í_é!_:p_rq~~~_i_9~ .. quizás, en que la cstrucJ;;r~Idad ,de la estructura ha ~el!ido_ qu_e_el11l'ézaraser pensa~-'-'----~---~7-cir, repetrda, y. por eso decía_yo _qu~ esta irrupción er;-1 'E'etiCIOil,..ell todos los sentidos _cl_e_la palabra. Desde ese momento ~.Qido que peris,r:se la ley q~_eregía de alguna mane~¡¡__e.!..deseo del centro en la constitución de. la ·esú·üCiüra, v d pp:>_c_eso ..de l_a significación que disponía SUS C:lesplazamient;s ,. ~us .~_ustttuci,ones bajo esta ley de _la presencia ceniral; pero d~ un_a_ pre;se~cta ce.~tral que no ha sido riuriCa ·e Tia misri-ül·, qUe va desde Siempre ha estado deportada fuera de si en su sustituto. _ Elsust1t~Ito no sustituye a nada que de alguna manera le ha va pre-existido. A partir de ahí, ·Indudablemente se ha tenido qlic empezar a pensar que no había centro. que el centro no podía pen,sarse en la forma de un. ente~prese.nte, que el centro no tenra lugar natural, que no era un lugar fijo sino una función una especie de no-lugar en el que se repre~entaban sustitucio~ nes de signos hasta el infinito. Este es entonces el momento en que el lenguaje invade el campo problemático universal; este es. entonces el momento en que, en ausencia de ceriu·o o cJC ~1gen, todo se c_onvierte en discurso -a condición de entenders:' acerca ele esta palabra-, es decir, un sistema en el que el stgnr_frcado central. originario o trascendental no eSta Dunca absolutamente presente fuera de un sistema ele diferencias. La ausenc!a_ de_ significado trascendental extiende hasta el infinito el campo y el juego de la significación. ¿,D_?':_ld~ y cómo se prod.uce este descentramiento como pcn-~~-~·mento de IL~ estntctural!dad de la estructura? Para design;¡r esta producción, seria algo ingenuo referirse a un acontcci~ien38.'

to, a una doctrina o al nombre de ·un autor. Esta producción forma parte, sin duda, de la totalidad de una época, la nuestra, pero ya desde siempre empezó a anunciarse y a trabajar. Si se quisiera, sin embargo, a titulo indicativo. escoger algunos <ltido pí·esdndlr de ios conceptos de la metafísica para hacer estremecer a Ía metafísica; no disponemos de ningún lerigüa]e ~de ñiriguna: Sintaxis y de ningún léxic<>-7- que sea ajeno a esta hi~toria; no podemos enunciar ninguna proposición destructiva que no haya tenido ya que deslizarse en la forma, en la lógica y los postulados implícitos de aquello mismo qUe aquélla querria cuestionar. Por ton1ar un ejemplo entre tantos otros: es con la ayuda del concepto de sig•w como se hace estremecer la metafísica de la presencia. Pero a partir del momento en que lo que se pretende mostrar así es, comO acabo de sugerir, que ·no había significado trascendental o privilegiado, y que el campo o el juego de significación no tenia ya, a partir de ahí, limite alguno, habría que -pero es justo eso lo que no se puede hacer- rechazar incluso el concepto y la palabra Signo. Pues la significación ,csigno'l se ha_comprendido y determinado siempre, en su sentido, como signo-de, significante que remite a un significado, significante diferente de su significado. Si se borra la diferencia radical entre significante y significado, es la palabra misma <<signi(icante" la que habría que abandonar como concepto metafísico. Cuando Lévi-Strauss dice en el prefacio a Lo cntdo y lo cocido que ha «pretendido trascender la oposición de lo sensible y lo inteligible situándose de entrada en el plano de los signos», la necesidad, la fuerza y la legitimidad de su gesto no pueden hacernos olvidar que e.L_c_2!1.c_ep)Q de..signo_I10 ,-

por' JOs

de

~uede por sí mismo superar esa oposición de lo sensible v lo mtehgible. Está determinado por esa oposición: d,: parte a p~~t~ Y a través de la totalidad de su historia. EÍ concepto de signo solo ha podido \'IVIr de esa oposiCión·y· de'su sistemrt. Pero no podemos deshacernos del concepto de signo, no podemos renunCiar a esta cmnplicidad metafísica sin renunciar al mismo tiemp_o al trabajo crítico que dirigirnos contra ella, sin correr el nesgo de borr~r l~. diferencia dentro de la identidad consigo mtstno de u? sJgmficado que reduce en sf su significante o. lo

que es lo mismo, expulsando a éste simplemente fuera de sí.

Pues hay dos .. r11a_neras__heterogénea~ __ _Q_e_]J_o.rriir:_la diferencia e_n_~red Significante y elsignificado: una, la clásica, ~;nsiste.en C\1 reducir o en derivar el sig.Olfkiinte; es decir, finalmente en . someter el signo al pensamiento; otra, la que dirigimos aquí '· contra la anterior.- consiste en poner en cuestión el sistema en el q~e. fu_nci_o_n.aba_l~_.rc_du_cció!l ~>'J..erior:_: X en_ prhneriugar, la opOSi<:_I__~I1-:<Je lo_sensi~l~y-~ointcligible. Pues ~J!9_m_
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podido nacer como ciencia en el mbmen lo en que ha podido efectuarse un descentramiento: en el momento en que la cultu~ ra europea -y por consiguiente la ~istoria de la metafísica y de sus conceptos- ha sido dislocada, expulsada de su lugar, teniendo entonces que dejar de considerarse como cultura de referencia. Ese momento no es en primer lugar un momento del discurso filosófico o científico, es también un momento político, económico, técnico, etc. Se puede decir con tóda seguridad que no hay nada fortuito en el hecho de que la crítica del etnocentrismo, condición de la etn.ología, sea sistemáticamente e históricamente contemporánea de la destrucción de la historia de la metaffsica. Ambas pertenecen a una sola y misma época. Ahora bien, la etnología -como toda ciencia- se produce en el elemento del discurso. Y aquélla es en primer lugar una ciencia europea, qtle utiliza, aunque sea a regañadientes, los conceptos de la tradición. Por consiguiente, lo quiera o no, y eso no depende de una decisión de[ etnólogo, éste acoge en su discurso las premisas del etnocentrismo en el momento mismo en que lo denuncia. Esta necesidad es _irreductible, no es ~na contingencia histórica; habría que medttar sobre todas sus tm: plicaciones. Perq __ si_ nad}e pue~~- es~ap~r a esa ~ecestdad_, ~~ nadie es, pues, responsable de ceder a ella, por poco que sea, eso rio quiere deCir qt.ie-_tod~s lás D:ial1eras de ceder. a .ella tengan la misma pertinencia. La cualidad y la fecuncltdad de un discurso se miden quizás por el ngor cr!ttco con el que. se · pi.ense esa relación con la historia de la metafisica Y con l?s c~néeptos heredados. r;Je lo que ahi se trata es de una relacJOn critica con el lenguaje de las ciencias humanas y de una responsabilidad critica del discurso. s.c::.~t:~ta el_~ plantcarexprc~amen- . te y sistemáticamente el problema del estatutode un dtscurso q~e toma de una herencia _los recursos necesanos para la des~ consti-ucdón de esa herencia misma. Problemas de ecol'lolllla Y d~6~1q~. . Si ahora consideramos a titulo de ejemplo los textos de Claude Lévi-Strauss, no es sólo por el privilegio que actualmen: te se le atribuye a la etnología entre las ciencias humanas, m siquiera porque se trate de un pensamiento que pesa fuertemente en la coyuntura teórica contemporánea. Es sobre todo yorque en el trabajo de Lévi-Strauss se ha declarado una cterta elección, y se ha elaborado una cterta doctnna de ~-anera, precisamente, más o menos expllcita, en cuanto a esa_ cnt.tca del lenguaje y en cuanto a ese lenguaje crítico en las ctcnctas humanas .

Para seguir ese movimientO·. en el texto de LéYi-Strau~;-; . escogetnos. como un hilo conductor entre__9tros . l.a.
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Evidentemente sólo hay escándalo en el i>1ten'or de un siste'---·--·--. . . - ..

m~ de conceptos que preste crédito a la diferencia entre natq-

\aleza y cultura. Al iniciar su obra con el (actwn de la prohibición del incesto, Lévi-Strauss se instala, pues, en el punto en que esa diferencia, que se ha dado siempre por obvia, se encuentra borrada o puesta en cuestión. Pues desde el momento en c;ue la prohibición del incesto no se deja ya pensar dentro de ia oposición naturaleza/cultura, ya no se puede decir que sea u~ hecho escandaloso, un núcleo de opacidad en el interior de una red de significaciones transpárentes; no es un escándalo con que uno se encueií!fe, o en el que se caiga dentro del campo de los conceptos tradicionales; es lo que escapa a esos conceptos y ci~riamenie los precede y probablemente como su condición de, pq~i~i!i4ad. $~ podrl~-ª"~ir:_qui?;'~~\l_e_to9_ala ~onceptualidad fi)osófica queforma sistema con la oposición naturalezaJcültura se ha hecho para dejar eñ lo 'impensado lo· (jüe lá hace pós[bie, a saber, ei origen de la prohibición del incesto. . .. Evoco demásiado rápídam~nte este ejemplo, que es sólo un ejemplo entre tantos otros, pero que permite ya poner de manifiesto que el lenguaje lleva_en_~LI1_!i_s~~nece?idad_9~_su propia crítica. Ahora b1en, esta critica puede llevarse a ·cabo de a¿uerdó.Wn dos vías y dos <<estilos>>. En el mmnento en que se hacen sentir los llmJtesae"la oposición naturaleza/cultura, se puede querer someter a cuestión sistemática y rigurosamente la historia de estos conceptos. Es un primer gesto ..Un cuestionamiento de ese tipo, sistemático e histórico, no seria ni un gesto filológico ni un gesto filosófico en el sentido clásico de estas palabras. Inquietarse por los conceptos fundadores de toda la historia de la filosofía, des-constituirlos, no es hacer profesión de filólogo o de historiador clásico de la filosofía. Es, sin duda, y a pesar de las apariencias, la manera más audaz de esbozar un paso fuera de ta filosofía. La salida ufuera de la filosofía» es mucho más difícil de pensar de lo que generalmente imaginan aquellos que creen haberla llevado a cabo desde hace tiempo con una elegante desenvoltura, y que en general están hundidos en la metafísica por todo el cuerpo del discurso que pretenden haber desprendido de ella. . La otra elección -y creo que es la que corresponde mas al estilo de Lévi-Strauss- consistiría, para evitar lo que pudiera tener de esterilizante el primer gesto, dentro del orden del descubrimiento empírico, en conservar, denunciando aquf y allá sus límites, todos esos viejos conceptos: como instrumentos que pueden servir todavía. No se les presta ya ningún valor 390

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de verdad, ní ninguna significación rigurosa, se estaría dispuesto a abandonarlos ocasionalmente si parecen más cómodos otros instruinentos. Mientras tanto, se explota su eficacia relativa y se los utiliza para destruir la antigua máquina a la que aquéllos pertenecen y de la que ellos mismos son piezas. Es así como se critica ·el lenguaje de las ciencias humaftas. LéviStrauss piensa así poder separar el método de la verdad, los instrumentos del método y las significaciones objetivas enfocadas por medio de éste. Casi se podría decir que esa es la primera afirmación de Lévi-Strauss; en todo caso, son las primeras palabras de Las estn1.cturas ... :: «Se empieza a comprender que la distinción entre estado de naturaleza y estado de sociedad (hoy preferiríamos decir: estado de naturaleza y estado de cultura), a falta de una significación histórica aceptable, presenta un valor que justifica plenamente su utilización por parte de la sociología moderna, como un instnJmento de método)), Lévi-Strauss se mantendrá siempre fiel a esa doble intenci(m: conservar como instrumento aquello cuyo valor de verdad critica. Por to1a parte, efectivamente, seguirá discutiendo el valor de la oposición naturaleza/cultura. Más de trece años después de Las estructuras ... , El pensamiento salvaje se hace eco fielmente del texto que acabo de leer: «La oposición entre naturaleza y cultura, en la que hemos insistido en otro tiempo, nos parece hoy que ofrece sobre todo un valor metodológico». Y este valor metodológico no está afectado por el no-valor ontológico, cabría decir si no se desconfiase aquí de esa noción: «No bastaría con haber reabsorbido unas humanidades particulares en una humanidad general; esta primera empresa es el punto de partida de otras ... que incumben a las ciencias exactas y naturales: reintegrar la cultura en la naturaleza, y finalmente, la vida en el conjunto de sus condiciones físico-químicas» (p. 327). Por otra parte, siempre en El pensamie11to salvaje, presenta Lévi-Strauss bajo el nombre de «bricolage• lo que se podría llamar el discurso de este método. El "bricoleur» es aquel que utiliza «los medios de a bordo1J, es decir, los instrumentos que encuentra a su disposición alrededor suyo, que están ya ahí, que no habían sido concebidos especialmente con vistas a la operación para la que se hace que sin-an, y a la que se los intenta adaptar por medio de tanteos, no dudando en cambiarlos cada vez que parezca necesario hacerlo, o en ensayar con varios a la vez, incluso si su origen y su forma son heterogéneos, etc. Hay, pues, una critica del lenguaje en la forma del «brico-

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lagc» e incluso se ha podido decir. que el ubricolage)) era el lenguaje crítico mismo, singularmente el de la crítica literaria: pienso aqui en el texto de G. Genettc, Estructuralismo v c,-ltica literaria, publicado en homenaje a Lévi-Strauss en CAr~. y donde se dice que el anñlisis 'del ~~bricolage>> podía <<Ser aplicado casi palabra por palabra1> a la crítica, y más especialmente a «la crítica literaria« (Recogido en Figza·es, ce!. du Seuil, p. 145). Si se llama < a la necesidad de tomar prestados los propios conceptos del texto de una herencia más o menos coherente o arruinada, se debe decir que todo discurso es nbric:oleun>. El ingeniero, que Lévi-Strauss opone al <, tendría, por su parte, que construir la totalidad de su lenguaje, sintaxis y léxico. En ese sentido el ingeniero es un mito: un sujeto que sería el origen absoluto de su propio discurso y que lo Construiría <
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:~·-iticrt a sí mismo. Y ese mome.rrlo. ese período crítico interc~a evidéhteinentc 3_ faJOS Jos lenguajes que SC JistrÍbUYCn el Campo de las ciencias humanas. ¿Qué dice Lé\·i-Str~uss de su~ «mitológicas•,? Aquí es donde vueh·e a encontrarse la Yirtud mitopoética t.lel «bricolage". En efecto. lo que se muestra mfls s~~~-~_tor· e~ esta búsqueda crítica de uñ nué,·o eStatuiD del ~i~-c~r~o es el abando'rio deClarado de toda referencia a un cen~ro, a un sujeto, a una í·e(el·endci. privilegiada. a un origen u a una m-quía absol~ta. Se podría seguir el tema ele ese descentramiento a tra,·és de toda la.Obertum de su último libro sobre l.n c11rdo y lo cocido. Me limito a señalar ahí algunos puntos. l. En primer lugar, Lé,_·i-Strauss reconoce que el mito buroro que utiliza aquí como <<mito de referencia'' no merece e~~· nombre ni ese tratatniento._ qu~ ~sa es una apeladóri f:rigaño~::t J~~!l~_práctica a~usiva. Ese mito no merece, al igual que ningún otro, su priYilegio referencial: u Oc hecho. el mito bororn . que de ahora en adelante será designado con el nombre de "n1ito de referencia", no es, corno \·amos a intentar mo.c;tr<:~r, nada más que una transformación, impuls;:td;:t con más o menos fuerza, de otros mitos que provienen o de la misrna sociedad o de sociedades próximas o ale_iadas. En con~ecucncia, hubiera sido legítimo escoger como punto ele p;:trtit.la cualclukr otro representante del grupo. El interés del tnito de referencia no depende, desde este punto de Yista, de 5-U carácter típicn. sino más bien de su posición irregular en el seno de un grupo,, ~ágina 10). • 2. No hay unidad o fuente absoluta del mito. El foco o la ~ue~_i_c ~?n siempre sombras o virtualida_des inajJrehensibks, inactualizables y, eri primer término, inexistentes. _To~_9_~_mpic­ za coñ: lá estructura, 13 configuración o la relación. El discurso sobre ·esa--eStrudiii:a -a__-c¿htiica i¡ue es el' rTdto ñOpü~d~ tener a s]~vei_~lmisi-no ni sujeto ni centro absolutos. Para no dejor escapar la forma y el movimiento del mito. tiene que evitar esa violencia que consistiría en centrar un lenguaje que describe una estructura a-céntrica. Así pues, hay que renunciar aquí al discurso científico o filosófico, a la episteme, que tiene como exigencia absoluta, que es la exigencia absoluta de remontarse a la fuente, al centro, al fundamento, al principio, etc. En contraposición al discurso epistémico, el discurso estrUctural sobre los mitos, el discurso mito-lógico debe ser él mismo mitomor{Ó. Debe tener la forma de aquello de lo que habla. Es eso lo que dice Lévi-Strauss en Lo cntdo v lo cocido. del que quisicro ahora leer una extensa y hermosa página:

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«Efectivamente, el estudio de los-mitos plantea un problema metodológico por la circunstancia de no poder conformarse al principio cartesiano de dividir la dificultad en tantas partes cuantns se requiera para resolverla. Nu existe, en el análisis mítico, un verdadero término, no existe unidad secreta alguna que se pueda aprehender al cabo del trabajo de descomposición. Los temas se desdoblan hasta el infinito. Cuando cree uno que los ha desenredado unos de otros y que los mantiene separados, es sólo para constatar que vuelven a soldarse, en respuesta a

solicitaciones de afinidades imprevistas. Por consiguiente, la unidad del mito es sólo tendencia! y proyectiva, no refleja nunca un estado 0 un ri10iiiei1to del mito. Fenómeno imaginario ii11plicad.9 por_elesfg~~~-deinteriJret~ció-n, ·;;u papeÍ es (Táe da--¡:--¡m·;¡: forma sintética al mito, e impedir que se disuelva en Ia-Cülifüsioni:Je' los coniriú-ios. Se í:iodria decir, ·pues, que la Cieiiéla de los 1-nitos es una a11~clástica, tomando este antiguo término en el sentido amplio autorizado por la etimología, y que admite en su definición el estudio de los rayos reflejados junto con el de los rayos rotos. Pero, a diferencia de la reflexión [ilosófica, que pretende remontarse hasta su fuente, las reflexiO-

no Pian

nes de las que se trata aquí conciernen a rayos privados de cualquier foco que _no sea virtual ... Al querer imitar el movimiento espontáneo del pensamiento mítico, nuestra empresa,

también ella demasiado breve y demasiado larga, ha debido plegarse a sus exigencias y respetar s~ ntmo. Así,_este libro sobre Jos mitos es, a su manera, un mtto_,, AfirmacJón que se repite un poco más adelante (p. 20): «Como los mitos mismos, por su parte, descansan en códigos de segundo orden (da~o que los códigos de primer orden son aquellos en los que consi:t~ el lenguaje), este libro ofrecería entonces el esbo~o. ~e un co.digo de tercer orden, destinado a asegurar la traducibilidad reciproca de varios mitos. Por ese motivo no sería equivocado considerarlo un mito: de alguna. manera, el mito de la mitología•. Es por medio de esa ausencia de tod() _c__entr~J_yJij!J_d!'l --¿¡~c~rso mítico rriftolÓgico-c:omo seju~t~ficaría el. "??del o musicaÍ q"ue l-ía escogido Lévi-Strauss para la compOSICI?n de . ~u li br6. La auséjl_dá i:Je_s;eO.!tQ...éS _áqt1í láausencia de SUjeto y ¡~ aus~~~ia de autor: .El mito y la obra musical ap~rece~ asl éomo Jlreciores.de orquesta cuyos oyentes son los sdencwsos ejecutantes. Si se pregunta dónde se encuentra d. foco _real de la obra, habrá que responder que su determmacwn es Im?osible. La música y la mitología confrontan al hombre con objetos virtuales, de los que tan sólo su sombra es actual... los mitos no tienen autores ... " (p. 25).

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Es, pues, aquí donde el «bricolage• etnográfico asume deliberadan1ente su función mitopoética. Pero al mismo tiempo, aquél hace aparecer como mitológico, es decir, como una ilusión histórica, la exigencia filosófica o epistemológica del centro. Sin embargo. aunque se admita la necesidad del gesto de Lévi-.Strauss, sus riesgos n.o pueden ignorarse. Si la mito-lógica es mito-mórfica, ¿vienen a resultar lo mismo todos los discursos sobre los mitos? ¿Habrá que abandonar tOOáCXigenda epistemológica que permita distinguir entre divéi'sás-caiidades de discursos acerca dei mito? Cuestión cl:Elca, pero iiiev1iábie. Á eso no se puede responder -y creo que Lévi-Strauss no respon. de a eso- hasta que no se haya planteado expresamente el problema de las r~lac~ones entre el fi losofen:tn­ iradictorias en cuanto al estatuto del discurso en lá etnología . estr~ctural. l'or üña parte, el eslructuralismo se of~ece, ]ustifl'cadamente, como h crÍtica misma del empirismo. Pero al mismotiempo.iio liay libro o estudio de Lévi-Strauss que no se prOPonga c.omo un ensayo empírico que otras i_n~~-r~~~:~o~.:~. podrán en cualquier caso llegar a completar o a refutar.-~.?.;: .. esq_uei_naS. . eSii-ucttirales se proponen siempre como h1pótes1s g:;:;e proc~dénae unacan!teh:relñmtai:le iñforll)~JOn YííiilS_que se -so-mete. :i. ¡¡¡·prueba de la experiencia. Numerosos textos podrían demostrar esté doble- posfúlado:VoJvámonos de nueYO

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hacia la Obertum en Lo crudo y lo cocido, donde aparece realmente que si ese postulado es doble es porque se trata aquí de un lenguaje sobre el lenguaje. «Las críticas que nos repr-ochasen no haber procedido a un inventario cxhaüstivo de los mitos sudamericanos antes de analizarlos, cometerían un grave contra-sentido acerca de la naturaleza _v el papel de estos documen-

tos. El conjunto de los mitos de una población pertenece al orden del discurso. A menos que la población se extinga físicamente o moralmente, este conjunto no es nunca un conjunto

cerrado. Valdría lo mismo, pues, reprocharle a un lingüista que escriba la gramática de una lengua sin haber registrado la

totalidad de los actos de habla que se han pronunciado desde que existe esa lengua, y sin conocer los intercambios verbales que tendrán lugar durante el tiempo en que aquélla exista. La experiencia prueba 9ue un nútnero irr(sorio de frases ... le permite al lingüista elaborar una gramática de la lengua que estudia. E incluso una gramática parcial, o un esbozo de gramática, representan adquisiciones preciosas si se trata de lenguas desconocidas. La sintaxis, para manifestarse, no espera a que haya pod'ido inventariarsc una serie teóricamente ilimitada de acontecimientos, puesto que aquélla consiste en el cuerpo de reglas que presiden el engendramiento de esos acontecimientos. Ahora bien, es realmente de una sintaxis de la mitologfa suda-

mericana de lo que hemos pretendido hacer el esbozo. Si nue. vos textos llegan a enriquecer el discurso mítico, esa será la ocasión para controlar o modificar la manera como se han formulado ciertas leyes gramaticales, para renunciar a algunas de ellas, y para descubdr otras nuevas. Pero en ningún caso se nos podrá oponer la exigencia de un discurso mítico total. Pues se acaba de ver que esa exigencia no tiene sentido» (pp. 15 y 16). A la totalización se la define, pues, tan pronto como illtítil, \an p~onto imposible. . . Eso depende,sin duda, élc que hay dos maneras de pensar eJ límite de_l.;.Uotali.zación. Y, una vez más,)'Oatria qffi' 10sns doS.Cieterminricioncs coexisten Ue manera no-expresa en el discurso de Lévi-Strauss. La totalización puede juzgarse imposible en el sentido clásico:- sC evoát entonces d esfuerzo empíi·iC:o de un sujeto o de un discurso finito que se· sofoca én vario en ¡:ios de una riqueza infinita que iib podrá dominar jamás. }by. demasiadas cosas, y más de lo que puede decirse. Pero se puede determinar de otr~ manera la no-totalización: nO ya Oajci e1 concepto dé1i¡:;itud como asignación la empiriddad sino hájo el concepto de juego. Si la totalización ya no tiene entoi1ces

como

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sentido, no es porque lainfinitucl'de un campo no pueda cubt·ir· se por .medio de urlcl rTiirada o de un discurso finitos, sino porque l_a naturaleza del campo -a .saber. el lenguaje, ~, un lenguaje finito- excluye la totalizaciún: este campo es. en efe~._·. to, el de· un juego, 'es decir, de sustituciones infinitas en !:1 clausura de un conjuntO finito. Ese campo tan sólo permite tales sustituciones infinitas po'rque es rinito. es decir. porque en lugar de ser un campo inagotable, como en la hipótesis clá>ic:l. en lugar de ser demasiado grande, le falta algo, a se~her, un centro ·que detenga y funde el juego de las Sl~-stitucione~. Se podría decir, sirviéndose rigurosamente de esa palabra cu~·a significación escandalosa se borra siempre en fra1icés. que C'~L' modmiento del juego, permitido por la falta, por la ausencia de centro o de origen, es el movimiento de la supleme11tariedad. No se puede determinar el centro y agotar la totalización puesto que el signo que reemplaza al centro, que lo sHple, que ocup~ su lugar en su ausencia, ese signo se añade. viene por añadidura, como suplent.e/l[O. El movimiento de la significación añade algo, es lo que hace que haya siempre <<más», pero esa ad~ción es flotante porque viene a ejercer una función Yicaria, a sÚplir una falta por· el lado del significado. Aunque Lé\-i-Strauss no >e sirve de la palabra supleme11tario subra~:ando como yo hago aquí las dos direcciones de sentido que en ella se conjuntan de forn1a extraña, no es casual que se sirva por dos ve~es de t·s¡l palabra en su h1lroducció11 a la ohm de A.1auss, en el momento en que habla de la «Sobreabundancia de significante cof1 re-;~ pecto a los significados sobre los que aquélla puede cstableccl·sc)): «En su esfuerzo por comprender el mundo, el hombre dispone, pues, siempre, de un exceso de significación (qüe reparte entre las cosas según leyes del pensamiento simbólicn que corresponde estudiar a los etnólogos :· a !Os lingüista ..;;). Esta distribución de una ración suplementaria -si cabe exprC'· sarse así- es absolutamente necesaria pa·ra que, en conjunto. el significante disponible y el .sig:nificc1do señalado se mantt·ngan entre ellos en la relación de complementariedad que es la condición misma del pensamiento simbólico». (Sin duda podría mostrarse que esta racióH suplemc11taria de significación f'-' C'! origen de la ratio mi,o;;.ma.) La palabra reaparece un poco m/1~ adelante, después de que Lévi-Strau>S haya hablado de «C'e significante flotante que es la servidumbre de todo pcnsamien~ to finito»: ((En otros términos, e inspirándonos en el preccrto de Mauss de qUe todnc; los fenómenos sociales pueden asimibr·se al lenguaje, vernos en el ma11a, el \\~a.kall, el f)/'O.'rd{.'.:: L'''·¿,o;; 397

nociones del mismo tipo, la expres10n consciente de una (rmci611 semá11tica, cuyo papel es permitir el ejercicio del pensamiento simbólico a pesar de la contradicción propia de éste. Así se explican las antinomias aparentcn1ente insolubles, ligadas a esa noción ... Fuerza y acción, cualidad y estado. sustantiYo y adjetivo y verbo a la vez; abstracta y concreta, omnipresente y localizada. Y efectivamente, el mana es todo eso a la vez; pero precisamente, ¿no será, justo porque no es nada de todo eso, una simple forma o, más exactamente, símbolo en estado puro, capaz, en consecuencia, de cargarse de cualquier contenido simbólico? En ese sistema de símbolos que constituye tocla cosmología, aquél seria simplemente un valor simbólico cero, es decir, un signo que marca la necesidad de un contenido simbólico supleme11rario [el subrayado es nuestro] sobre aquel que soporta ya el significado, pero que puede ser un valor cualquiera con la condición de que siga formando parte de la reserva disponible y que no sea, como dicen los fonólogos, un término de gmpo». (Nota: •Los lingüistas han llegado ya a formular hipótesis de ese tipo. Asf: "Un fonema cero se opone a todos los demás fonemas del francés en que no comporta · ningún caráctercli[er:enci_al y_ningún vaior fonético constante. J:ero en cambio el fonema cer~:iiéne:como funcÍÓ~ r:roJ?J~_opo­ nerse a la ausencia de fonema (Jai
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tica de la historicidad, aunque parece que se ha introducido bastante tarde en la filosofía, ha sido requerida en ésta siempre por medio de la determinación del ser como presencia. Con o sin etimología, y a pesar del antagonismo clásico que opone esas significaciones en todo el pensamiento clásico, se podría n1ostrar que el concepto de episteme ha reclamado siempre el de is_toria. en la medida en que la historia es siempre la unidad de un devenir, como tradición de la ,-erdad o desarrollo de la ciencia orientado hacia la apropiación de la \'erdad en la presencia y en la presencia a sí, hacia el saber en la consciencia de sí. La historia se ha pensado si~mpre como el movimiento de una reasunción de la historia. como derivación entre dos presencias. Pero si blen es legítiino sosp~char . de ese concepto de historia, al redi.ídrlo sin p¡~;;¡~~~ expresamen_te..!:l..P.r.C!b_lema. que estoy señalando aquí, se corre el riesgo de recaer en un ahistoricismo de forma clásica, es decir, en un mollento delerminado de la historia de la metafísica"_I?.Lme p_areé~3iiJ:[es lá t:_onnalid_
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formaciones fácticas, la historia (por ejemplo en Raza e historia). Pero, de acuerdo con un gesto que fue también el de Rous.-seau o de Husserl, debe«apartar todos los hechos» en ~i ..momento en que pretende volver a aprehen~er. ¡~ especificidad esencial.~:'. ':'na es.tr_uctura. Al. igual que. RoLt_sse¡¡_l!,tienLque . pe!'sar siem¡Jre el origen de una estructura nueva sobre la base del modelo de la catástrofe -trastorno de la naturaleza en la naturaieza, interrupción natural del encadenamiento natural -~~paradón de ia naturaleza. ' . Te.~sión de!juego con la historia, tensión también del juego con la presencia. El juego es. el rompimiento de la presencia. La pre~e~~i~ __dt:: __~_n_ ~-~-e~~.~ lo _e,s s_ie_I_?P~~ -~n<_tyeJ~~:~_ncia significante y sustitutiva inscrita en un sistema de diferencias y el movimiento una cadC:ila~~El júcgo-esSiemrrduego de ausencia y c_t~jJi=e~en:ciii;'jJéfO. _ S_i se lo qúicre pensar radicalmente, hay que pens¡¡rlLd~(er­ milla mtonc~s el no-centro de otra manera que como pérdida d~l c~i,/r()~Yju~g~jin_-seg~ri4a(_Fi,.es bay l1njuego seguro: el que s~_hmita a la sustituci611 de p_iez_c:-_~_!{_qqq.~_Y_f7!i~!~.'!..!.~~·-P!·f!~~1:J_(§~­ En el azar absoluto, la afirmación se entrega también a la Jr\aetermi.!l_,.cióñ- ¡(eil(i_~<:_;;~ a la averi fiira sei1íhial
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y al orden del s.igno, y que vive-corno un exilio la necesidad de _la.inl<;CJ:re~"ción)-a otra,que 11()C~~ya:_\'t,I_e[l~ ha~I~_e}Ürigeñ;-· afirma el JUe~ _e In_l.~!:!t':__E_as~~ más allá del hombre y del humanismo, dado que ef nombre dCI hornbre es el nombre de ese ser que, través de la hísiorla de la metafísica o de la . onto-teo\ogfa, conjunto cle SU historia, ha SOllado con la presencia plena, el fundan1ento tranquilizador, el origen y el final del juego. Esta segunda interpretación de la interpretación, cuyo camino nos ha señalado Nietzsche, no busca en la

a es decir, cleÍ

_etnograf~a,_ cojTIO pré.te~~ía Lévi-Strauss, de quien cito aquí u~a ve_z más la hztroducción a la obra de Mauss, ({la inspiración sl_e__l!-n. nue.vo.humanismo>>, Se podria ad\'er:tir en más de un signo, actualmente, que esas dos interpretaciones de la interpretación -que son absolutamente inconciliables incluso si las vivimos simultáneamente y las conciliamos en una oscura economía- se reparten el campo de lo que se llama, de manera tan problemáticn. las ciencias humanas . Por mi parte, y aunque eSas dos interpretaciones deben

acusar su diferencia y agudizar su irreductibilidad, no creo que actualmente haya que escoger. En primer lugar porque con todo esto nos situamos en una región -digamos todavfa; pro-

visionalmente, de la historicidad- donde la categoría de «elrcción» parece realmente ligera. Y después. porque hay que intentar pensar en primer lugar el suelo común, y la diferancia de esta djferencia irreductible. y_ porque se .produce aquí uri tipo 5!~ c;ues_ti<)n, digamos todavía histórica, anie la qi.fe apenas pt>demos act~almente hacer otra cosa que é"n~i:ever· Sü COrfce¡JClOn, siiJO}-¡nación, su gesiiici611, trabajo. y digo..cS!as pala~t'on

su

la mirada puesta, por cierto, en las operáCi=nlel pm tu; pero también en aquellos que, en una sociedad de \a que ño m·e excluyo, desvían sus ojos ante lo tod.avía innornbráb1e; qlle i<e ánuncia, )'que sólo puede hacerlo, como resulta necesario caclá v_e..z_9.ll.C tiene lugar. un nacimiento, bajo la especie de la no-es: 12ec~'::.·.. Rajo)a forma informe, muda, infante y terrorífica de la monstruosidad. ·

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