Texto Tema 11

  • November 2019
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Tema 11 Arte mueble paleolítico Alberto Mingo Álvarez 1. Arte mueble y arte rupestre El arte paleolítico posee una naturaleza dual con respecto al tipo de soporte sobre el que se dispone. Como en anteriores temas hemos mencionado, se constatan expresiones gráficas sobre soportes inmóviles, pero también se documentan en objetos que pueden ser abandonados (arte mueble o mobiliar). El arte mueble abarca, en líneas generales, a todo el conjunto representaciones gráficas intencionadas realizadas sobre soportes líticos y orgánicos que pueden ser transportados. El arte mobiliar paleolítico se distribuye prácticamente a lo largo de toda Europa y se presenta en un elevado número de soportes de distinta naturaleza, (conchas, huesos, marfil, útiles de industria ósea, útiles de industria lítica, soportes líticos –plaquetas, cantos y bloques-, etc.). La gran mayoría de los objetos de arte mueble aparecen en los registros arqueológicos asociados a los demás restos óseos y líticos, sin que atisbemos una aparente diferenciación espacial en las localizaciones. Este aspecto, junto con el hecho de que una parte importante de las piezas decoradas tengan una funcionalidad utilitaria per se, como las azagayas, propulsores, bastones de mando, compresores, retocadores, alisadores, etc., han sido frecuentemente aprovechados para postular una menor sacralidad simbólica de este arte en comparación con el rupestre. Se ha querido ver en estas manifestaciones una orientación más cotidiana que las que albergan las expresiones rupestres. Éstas últimas; con un emplazamiento frecuentemente apartado de los hábitats; un tamaño generalmente mayor que las evidencias artísticas mobiliares; una complejidad técnica elevada en ocasiones (combinación de técnicas), etc.; siempre han sugerido a los especialistas el reconocimiento de que el arte parietal está cargado de simbolismo y espiritualidad, siendo el soporte donde principalmente se manifiestan las creencias más profundas de aquellas sociedades. A pesar de estas consideraciones, entre los objetos muebles existen categorías que aparentemente tienen tan solo una finalidad simbólica como las plaquetas líticas decoradas; las esculturillas en hueso, marfil y piedra; ciertos huesos decorados (como omóplatos, diáfisis de huesos largos, etc.); cuernas decoradas, etc.; que apuntan a la existencia de destacados objetos rituales en aquellos grupos humanos. No obstante, la importancia simbólica que la historiografía prehistórica generalmente les ha concedido siempre ha tenido un rango inferior a las figuras rupestres. El arte mueble paleolítico ha estado subordinado al estudio del arte rupestre, principalmente como apoyo y referencia válida de carácter cronológico. 1

Otro aspecto comparativo que diferencia un arte del otro es la variación temática observada, como veremos en posteriores apartados. Es posible, teniendo en cuenta estos contrastes (de soporte, temáticas, de localización, etc.) que las funciones de ambos artes fuesen variadas, si bien parece improbable que el sistema de creencias existente en la base del arte mueble haya sido otro completamente diferente del que sustentan las imágenes subterráneas. Las investigaciones antropológicas sobre el simbolismo refuerzan la idea de que ha debido de existir una relación, de cualquiera que sea la naturaleza, entre ambas formas de arte. 2. Soportes y técnicas. 2.1. Soportes. Las evidencias de arte mueble paleolítico que se conservan en los yacimientos arqueológicos se presentan en dos tipos de soportes: sobre objetos orgánicos (huesos, cuernas, dientes, marfil, conchas de moluscos, etc.), y sobre materiales inorgánicos (fragmentos líticos de distinta naturaleza). Es muy posible que se decoraran maderas, pieles, etc., pero, lamentablemente, no se han preservado en el registro arqueológico al ser materiales perecederos. Casi todos los tipos de huesos (largos, craneales, costillas, omóplatos, pelvis, falanges, etc.) han servido para ser decorados. Los huesos de las extremidades de grandes herbívoros, fundamentalmente cérvidos y équidos, han sido un soporte recurrente en este período. Los huesos largos de ave y los restos óseos con morfología plana (omóplatos, costillas, etc.) también han sido utilizados. El ciervo se erige en nuestras latitudes como el animal más aprovechado para la obtención de soportes orgánicos, tanto en huesos como en astas. En los yacimientos franceses el reno supuso un gran aporte de materia orgánica. La importancia de las astas para estas sociedades era elevada, pues de aquellas se extraen un buen número de útiles (azagayas, arpones, propulsores, varillas, bastones perforados, etc.) directamente implicados en las labores cinegéticas. A menudo, estos instrumentos albergaban representaciones gráficas. La obtención de esquirlas de cuerna de las que se obtienen gran parte de los útiles arrojadizos implica un proceso técnico elaborado que comienza por: - la fracturación en partes de las astas; - continúa con la selección de las superficies adecuadas; - aplicación de técnicas como el doble ranurado (con un buril se realizan dos incisiones paralelas que convergen en los extremos), o la percusión directa; - extracción en cuña de la esquirla conformada (por medio de otros útiles); - y finaliza con la regularización, modelado y pulimento del instrumento que se quiere conseguir. Las piezas decoradas en marfil son extraordinariamente raras en la Península Ibérica, aunque en otras partes de Europa (este y centro) es una materia prima muy usada. Los dientes y las conchas 2

de moluscos (Littorina, Dentalium, Trivia, etc.), por su parte, parece ser que únicamente tuvieron un uso ornamental para estas gentes. Muchos de estos objetos eran perforados, y en ocasiones también decorados. Los dientes utilizados (colmillos, molares, incisivos, caninos atrofiados, etc.) suelen ser de herbívoros, pero igualmente no es extraño encontrarlos de carnívoros. En cuanto a las conchas, es curioso constatar como algunas de ellas se localizan en yacimientos muy lejanos a su lugar de procedencia. Así, se hallan conchas propias del mediterráneo en el cantábrico, y viceversa. Este aspecto nos estaría indicando la existencia de contactos, y seguramente de intercambios, entre grupos que vivían a muchos kilómetros de distancia unos de otros. Entre los soportes inorgánicos, encontramos decoraciones en diversas materias litológicas (areniscas, cuarcitas, esquistos, óxidos, etc.) que se pueden presentar en diferentes formas (fundamentalmente en cantos rodados, bloques rocosos que pueden ser transportados por un individuo, placas, plaquetas, y ocres). Las placas y plaquetas son los más utilizados. Estos objetos aunque tienen unas medidas de largo y ancho variables (la longitud máxima de una plaqueta no debe superar los 20 centímetros, en caso contrario se denomina placa) suelen presentar escaso grosor y dos caras (anterior y posterior) bastante planas y lisas que conforman una superficie cómoda sobre la que llevar a cabo las figuras. En los soportes decorados observamos que los objetos orgánicos suelen tener mayor funcionalidad que los pétreos. Entre los útiles en hueso y asta advertimos aquellos claramente orientados a la caza (ya comentados): azagayas, propulsores, arpones y varillas; y otros cuyo uso puede estar más en relación con las actividades domésticas: espátulas, bastones de mando, agujas, tubos, etc. Los utensilios inorgánicos decorados son escasos en número y abarcan lámparas, machacadores, compresores, retocadores, etc. Entre las piezas orgánicas que no parecen tener una función cotidiana específica y que apuntan exclusivamente a valores ornamentales y/o a los sistemas ideológicos o simbólicos de los grupos paleolíticos percibimos: - los contornos recortados (se aprovecha la forma natural del hueso hioides de cérvidos, équidos y bóvidos, para ejecutar, con algunos retoques, singulares contornos o perfiles de cabezas naturalistas de caballos y, en menor medida, de cabras), - rodetes (se aprovechan los omóplatos de herbívoros para recortar, seguramente con buriles, plaquitas circulares que son decoradas por ambas con figuras zoomorfos y/o con signos simples), - omóplatos decorados (destacan el conjunto de omóplatos de cérvidos que contienen figuraciones de ciervas y cabezas de esta especie, recogidos en los yacimientos de Castillo y Altamira en niveles arqueológicos pertenecientes al Magdaleniense Inferior Cantábrico), - y los ya citados: dientes, conchas y piezas simples óseas perforadas.

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Los contornos recortados y los rodetes, de igual modo, se presentan generalmente perforados. Ambos elementos son típicos del Magdaleniense medio. Las piezas pétreas no utilitarias comprenden las citadas placas, plaquetas y bloques. Otros aspectos a estudiar de los soportes son el tamaño, volumen, circularidad, etc. Barandiarán, de acuerdo a estos parámetros, definió tres tipos de soportes: - Cilíndricos: huesos largos y astas. Determina una sola cara decorativa (se conoce como decoración pericircular). En soportes cilíndricos con ligero aplanamiento (algunos bastones perforados) de pueden delimitar dos caras. - Aplanados: huesos planos, placas, plaquetas, etc. Permiten fácilmente dos superficies de actuación. - Volumétricos: azagayas de sección triangular y cuadrangular. La decoración se encuentra limitada por el reducido espacio y por los múltiples planos del soporte. 2.2. Técnicas La técnica más documentada en el arte mobiliar es el grabado. Éste se presenta en diferentes modalidades: trazo simple, doble, múltiple, estriado, raspado, etc. El tipo de incisiones puede mostrar, al igual que en los soportes rupestres, secciones en U o en V. Existiendo variantes que se definen por la simetría o asimetría de las mismas, y que son provocadas por los diferentes ángulos de ataque de los útiles grabadores. Los buriles y las simples lascas, preferentemente en sílex, parecen ser los instrumentos utilizados para la ejecución de esta técnica tanto en objetos pétreos como orgánicos. La pintura apenas se documenta en piezas orgánicas. Su presencia prácticamente se restringe a los soportes litológicos (placas, plaquetas, y bloques). En la Península Ibérica debemos reseñar, en este sentido, el elevado número de plaquetas con representaciones pintadas (bien en negro, en rojo, o incluso en amarillo) halladas en la amplia secuencia (Gravetiense-SolutrenseMagdaleniense) del yacimiento de El Parpalló (Gandía, Valencia). El método de aplicación varía desde los trazos simples hasta la tinta plana. La combinación de grabado y pintura también se constata en algunas piezas de este excepcional yacimiento. Como se puede apreciar, las técnicas empleadas en la realización del arte mueble no difieren en lo esencial de las aplicadas en el rupestre. 3. Temática Al igual que en el arte rupestre, el arte mueble alberga las tres categorías temáticas principales: zoomorfos, signos y antropomorfos. En la Península Ibérica dominan las representaciones de animales y signos, quedando las figuras humanas en un lugar más relegado. Esta situación contrasta con la observada en otras regiones europeas (este, centro, y las regiones francesas) donde el peso específico de 4

las “Venus” o de las figuras femeninas de perfil es cuantitativamente reseñable. Los animales más representados en estos soportes tienen su correspondencia con aquellos figurados en soportes parietales. Así, los équidos, cérvidos, bóvidos y cápridos vuelven a predominar en el registro. Se distinguen, de igual forma, anímales peligrosos (carnívoros, osos, rinocerontes, mamuts, etc.,). Sin embargo, a diferencia del arte parietal, se observan un buen número de otros animales como pisciformes, serpientes, aves e incluso mamíferos marinos (Figura 11.1). Diferentes tipos de signos, en especial los simples (puntos y líneas), son una constante en la decoración de estas piezas. Son, sin duda alguna, la categoría más representada. La disposición de estas imágenes es muy variada: desde acompañar someramente a los zoomorfos (por ejemplo, con un par de líneas inconexas); conformar organizadas composiciones (con elementos que se pueden repetir); hasta formar auténticas marañas de líneas que no descubren ninguna figuración realista. En objetos alargados y estrechos se suele dar una simetría decorativa de signos simples a partir del eje axial longitudinal (esta estructura decorativa es frecuente en las azagayas, espátulas, costillas, etc.). Es probable que algunas de las líneas y motivos grabados en azagayas, varillas, propulsores…se deban poner en relación con aspectos funcionales de los útiles, pudiendo haber sido realizadas para facilitar el enmangue de la pieza, mejorar su adherencia a un astil, hacerla más efectiva conteniendo veneno, etc. Los signos rupestres son, por lo general, mucho más elaborados que los mobiliares. En este sentido, en el arte mueble paleolítico el límite entre lo utilitario o meramente decorativo y lo figurativo simbólico nunca será del todo nítido. Las figuras humanas mobiliares, que en otras partes de Europa han sido objetos de muy completos estudios al presentarse en abundancia, son en nuestro espacio geográfico las grandes ausentes. No obstante, se documentan algunas piezas no muy claras que presentan esta temática, especialmente en el corredor cantábrico (El Pendo y Torre, en Cantabria; Tito Bustillo, Las Caldas, El Buxu, Entrefoces, en Asturias). Las asociaciones entre figuras son fácilmente reconocibles, existiendo relaciones contextuales de animales entre sí, de animales con signos, o de signos entre sí. El aspecto a discernir es si se trata de escenas o, si por el contrario, lo que se evidencia es una yuxtaposición y/o acumulación de figuras. La diversidad de planos y superficies decoradas en la pléyade de soportes muebles apela a la prudencia a la hora de considerar posibles escenas. 5

A. Leroi-Gourhan distinguió tres tipos de objetos mobiliares (Figura 11.2): - armas y útiles; - objetos para colgar; - y objetos religiosos. Se han establecido relaciones entre éstos y sus decoraciones más frecuentes. Así, las azagayas y los arpones (dentro del primer grupo), que tienen una vida útil relativamente corta, recibirían decoraciones escuetas. Los bastones perforados, propulsores, espátulas, varillas, tubos, etc. (dentro también del primer grupo) con un uso supuestamente más prolongado evidencian decoraciones más desarrolladas y elaboradas. En los propulsores es frecuente el tratamiento (modelado, pulimento, etc.) de su parte más gruesa para conformar figuras de animales. Las espátulas, tubos, varillas, e incluso las lámparas de piedra, por su parte, suelen albergar expresiones gráficas geométricas de complejidad variable. Las piezas perforadas (colgantes) presentan decoraciones que van desde los simples orificios hasta modelados figurativos de tipo escultórico (por ejemplo, los contornos recortados). Por último, los objetos considerados religiosos (placas, plaquetas, cantos, omóplatos decorados, etc.), al no poder identificar en ellos una función utilitaria clara, acogen todo tipo de motivos (diferentes zoomorfos y signos, y asociaciones diversas de estos temas) en diferentes estilos (desde los más naturalistas hasta los más esquemáticos). 4. Distribución geográfica. Como sucede con el arte rupestre, el área cantábrica (incluyendo en este caso Lugo y Navarra) es una de las zonas más ricas en evidencias de arte mueble paleolítico en la Península Ibérica. Sin duda, el fuerte poblamiento de esta zona en el Paleolítico Superior, manifestado en el notable número de yacimientos, es el factor determinante de esta situación. Lo expresado en anteriores temas en torno a la ausencia de yacimientos en el interior peninsular influye lógicamente en el escaso registro de piezas en estas regiones. La franja mediterránea, en su conjunto, no presenta comparativamente una significativa cantidad de sitios arqueológicos que proporcionen objetos decorados. Sin embargo, la existencia de un yacimiento excepcional como Parpalló (Gandía, Valencia), con más de 6000 piezas ornamentadas (entre placas, plaquetas e instrumentos óseos) y distribuidas desde estratos Gravetienses hasta Magdalenienses, incrementa la importancia general del área en que se localiza. No obstante, se observa una mayor cantidad de expresiones gráficas mobiliares que rupestres en la región levantina, no así en la andaluza. Otro aspecto a reseñar, antes de comenzar el análisis regional, es la constatación de una explosión decorativa 6

mueble durante el Magdaleniense medio, que se prolonga en algunos depósitos hasta el Magdaleniense superior-final. 4.1. Región Cantábrica. La distribución espacial y temporal del arte mobiliar cantábrico no es homogénea. La mayor parte de las piezas provienen de yacimientos situados en el área centro-occidental de la región (Cantabria y Asturias) y de niveles atribuidos al Magdaleniense. Las piezas decoradas más antiguas de esta región y de la Península Ibérica quizá han podido ser recogidas en los niveles correspondientes al Auriñaciense de transición de la cueva de El Castillo (Cantabria), en torno a los 38-40.000 años de antigüedad. En estos niveles se ha documentado un fragmento óseo aplanado que presenta una posible cabeza de animal pintada en negro, un fragmento de hioides donde parece representarse con trazos grabados y pintados en negro una pata delantera y el inicio de la zona ventral de un animal (Figura 11.3), una plaqueta de arenisca con líneas grabadas en una de sus caras y en el borde, y por último, un canino de oso con una posible perforación. Algunos investigadores ponen en duda la caracterización artística de estas piezas. Dejando a un lado estos sorprendentes hallazgos, los primeros elementos del arte mueble en el Paleolítico superior europeo son los elementos perforados (dientes y conchas), documentándose no solo en niveles auriñacienses, sino también en chatelperronienses (es decir, realizados por el hombre de Neandertal). El tipo de decoración registrada en los soportes orgánicos de este período en la Península Ibérica (tanto en adornos como en fragmentos óseos) se reduce a composiciones de líneas sueltas. En el yacimiento de Hornos de La Peña (Cantabria) se ha encontrado un resto óseo con el grabado de los cuartos traseros de un animal, pero también es controvertido. De un nivel gravetiense de la cueva de El Castillo proviene un compresor con una figura de felino. Sin embargo, lo que más destaca en esta fase crono-cultural es la extensión de motivos no figurativos (marcas lineales cortas, a menudo paralelas y rítmicas, sobre los bordes), conocidos como “marcas de caza”, a las azagayas y a los colgantes. Éstos últimos son mucho más frecuentes que en los periodos precedentes. El arte mueble en el Solutrense, aunque aún es escaso, se incrementa en cuanto al tipo de decoraciones. La variedad de motivos no figurativos continúa aumentando, disponiéndose en fragmentos óseos aplanados (Las Caldas, Asturias), e incluso en plaquetas (Altamira), además de en elementos de industria ósea. Se observa algún ejemplo tanto de complejidad técnica (comienzo del trabajo de 7

los huesos recortados) como figurativa. En concreto, en el Buxu (Asturias) un colmillo de oso ha sido modificado hasta convertirlo en una figurita esculpida de ave (Figura 11.4). En el Magdaleniense se constata una preocupación por el detallismo (despieces) y por el naturalismo, aunque también se perciben tendencias esquemáticas en la representación de zoomorfos. Se incrementa espectacularmente el número de piezas de arte mueble (elementos de industria ósea, fragmentos óseos, plaquetas líticas, etc.). En los niveles con Magdaleniense inferior en su facies Juyo (Altamira, Castillo, El Cierro, Rascaño, Juyo, etc.; en la región central del área cantábrica), alrededor de 14.500 B.P., según la datación por C14 AMS de una pieza, asistimos a la extensión de un fenómeno expresivo caracterizado por la representación de ciervas y cabezas de este animal grabadas con trazo estriado (Figura 11.5). El estriado se sitúa fundamentalmente en la parte inferior de la mandíbula, el cuello, el pecho, pudiendo llegar hasta el abdomen. Parece que la intención de los autores era destacar el volumen de estas partes del animal. Los soportes donde se disponen son generalmente los omóplatos de cérvidos, aunque también se utilizan costillas. Estas figuras tienen su correlato exacto rupestre en algunas estaciones como Castillo y Altamira, permitiendo conocer con seguridad la antigüedad de las ciervas estriadas rupestres. Las decoraciones de las azagayas, varillas, y, en general, de los útiles orgánicos cotidianos, continúan aprovechando las dimensiones y el volumen de éstos para conformar motivos lineales-longitudinales (zig-zags, ángulos, etc.), aunque a diferencia de períodos anteriores se documentan un mayor número de motivos geométricos (un motivo tectiforme en un hueso aplanado de Altamira, rombos, escaleriformes, etc.) (Figura 11.6). Desde el Magdaleniense medio hasta el superior-final tiene lugar un gran impulso ornamental sobre un número muy elevado de diferentes tipos de piezas: utensilios (propulsores, bastones 8

perforados, arpones, espátulas, y las siempre presentes azagayas y varillas), colgantes (rodetes, bramaderas, contornos recortados, etc.), y objetos “religiosos” (placas, plaquetas, bloques, fragmentos óseos, etc.). La decoración en azagayas y varillas sigue siendo lineal y geométrica (haces de líneas, ángulos, escaleriformes, etc.) siguiendo el eje longitudinal del útil durante el Magdaleniense medio, disponiéndose de manera más transversal en el Magdaleniense superior. Entre las innumerables piezas significativas del Magdaleniense, podemos señalar: - los contornos recortados, registrados principalmente en estratos del Magdaleniense medio de yacimientos asturianos (La Viña, Las Caldas, y Tito Bustillo) (Figura 11.7), y que tienen fuertes paralelismos morfológicos y técnicos con piezas de yacimientos franceses; - huesos hioides con marcas cortas paralelas y otras convergentes en el borde de los elementos o próximo a él, hallados también en yacimientos de la cuenca de Sella (Tito Bustillo, La Güelga) (Figura 11.8), y que parecen indicar el uso estacional de diferentes yacimientos por parte de un mismo grupo, o de grupos donde perviven unas mismas tradiciones decorativas y/o ideológicas; - los impresionantes ejemplares de bastones perforados de El Castillo, Cualventi, Pendo, Valle, y Rascaño (en la región central) (Figura 11.9), procedentes de niveles atribuidos al Magdaleniense superior-final, y que muestran en los dos primeros casos el mismo tema (el cuerpo de un ciervo macho muy realista y con la misma actitud) y una adecuación semejante al soporte; - el elevado número de plaquetas y huesos extraordinariamente decorados en señeros yacimientos asturianos (La Viña, Las Caldas, Paloma, Tito Bustillo), cántabros (Sovilla, El Pendo, etc.), y vascos

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(Urtiaga, Ekain, etc.), durante todo el Magdaleniense medio y el superior-final; - y, por último, los tubos o huesos largos de aves documentados tanto en Asturias (destaca el ejemplar de La Paloma) como en Cantabria (El Valle y Torre) (Figura 11.10). En cuanto a las relaciones entre regiones, se ha defendido que el arte mueble de los yacimientos de la parte centro-occidental cantábrica tendría ciertos paralelismos con el observado en los del Pirineo Francés. Sin embargo, y a pesar de las semejanzas temáticas, desde un punto de vista general, entre las regiones francesas y la cantábrica, se perciben ciertas diferencias entre estas regiones. Por ejemplo, los animales que predominan en el arte mueble cantábrico son las ciervas, los caballos y los cápridos; a diferencia del francés donde, además de los caballos, son los renos y los bisontes los más representados. En cuanto al estilo, se ha considerado que el arte francés es más naturalista y escultórico mientras que el cantábrico tiende a lo esquemático. En este sentido, debemos señalar el empleo en momentos avanzados del Magdaleniense del convencionalismo formal consistente en representar en perspectiva frontal muy esquemática los cuernos y cabezas de cabras, y en menor grado, de ciervos (Figura 11.11). Observamos piezas con este tema en Asturias (La Paloma, Cueto de La Mina, etc.), Cantabria (El Valle, El Pendo, Torre, etc.) y en el oriente cantábrico (Abauntz en Navarra). Estas figuras frontales también se observan en el registro rupestre (Otero, Castillo, Ekain, etc.). Finalmente, hemos de mencionar la importancia que ha tenido y tiene el descubrimiento reciente del complejo de La Garma (Omoño, Cantabria). Su galería inferior, no solo alberga una gran cantidad de figuras rupestres, sino que contiene un magnifico y extenso yacimiento en el vestíbulo de la entrada original. Acceso que se cerró de forma natural en tiempos magdalenienses y que ha permitido la no acumulación de sedimento y la preservación prácticamente intacta del yacimiento. Los objetos de arte mueble se distribuyen ampliamente por todas las zonas de este lugar principal de hábitat, e incluso en lugares interiores de la propia cueva. El abundante número y la calidad de las piezas halladas, junto con la posibilidad de conocer su emplazamiento original y el contexto (ya que no ha sufrido

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alteraciones post-depositacionales) convierten este yacimiento en un referente para el estudio del arte paleolítico. 4.2. El Interior Peninsular (Mesetas y Extremadura) y Portugal Los exiguos yacimientos del interior peninsular no suelen presentar destacadas colecciones de arte mueble. Los dos conjuntos más numerosos de piezas se han recogido en la cueva de La Hoz (Guadalajara) y La Peña de Estebanvela (Segovia). Ambos lugares están situados en las estribaciones del Sistema Central. El primero en la cara meridional y el segundo en la cara septentrional del mismo. La Hoz ha aportado, en niveles magdalenienses, en torno a 30 plaquetas de pizarra, que presentan fundamentalmente grabados de zoomorfos, principalmente équidos, bóvidos y cérvidos. El yacimiento segoviano, con una secuencia estratigráfica que abarca desde finales del Magdaleniense Medio hasta el Aziliense, ha facilitado, por su parte, 35 piezas decoradas (básicamente cantos aplanados y plaquetas de esquisto y pizarra). Los motivos representados son, en su mayoría, grabados geométricos y consisten en conjuntos de trazos paralelos que se disponen transversalmente y, a veces, en paralelo al eje longitudinal de los objetos (Figura 11.12). También se han observado algunos zoomorfos. Los animales que han podido ser determinados con claridad (4 o 5) son figuras completas o cabezas de équidos. En la Meseta también se han recogido muestras de este arte en niveles magdalenienses de los yacimientos de Jarama II, en Guadalajara (esculturilla de marfil de un posible glotón) (Figura 13); Villalba, en Soria (placa de pizarra con numerosos grabados de figuras completas y cabezas de équidos y cápridos); y El Caballón, en Burgos (bastón perforado). En Portugal, se deben señalar la pieza procedente de un nivel Magdaleniense inferior del yacimiento de Caldeirâo, cercano a Tomar (una placa de esquisto con un zoomorfo, un antropomorfo y un escaleriforme); y las recogidas en depósitos del Valle del Côa, muy próximos a las manifestaciones rupestres. Estas últimas consisten en: un canto grabado con líneas rectas recogido en el yacimiento de Quinta de Barca Sul (nivel Magdaleniense final); y dos placas de esquisto grabadas halladas en el sitio arqueológico de Fariseu. La primera, procedente de un nivel Magdaleniense Final, está decorada con grupos de líneas, 2 équidos, 1 ciervo, y varios zoomorfos 11

indeterminados. La segunda contiene una cabra macho y líneas inconexas. Contrasta la riqueza cuantitativa de las representaciones rupestres de Foz Côa con la escasez de evidencias artísticas en soportes muebles. 4.3. El Sur Peninsular (Andalucía). En Andalucía sucede algo parecido a lo observado en las regiones del interior. Los yacimientos no son abundantes y, en general, no han proporcionado destacadas series de objetos decorados, a excepción de los adornos perforados (sobre todo, conchas de moluscos). Los yacimientos más excepcionales en cuanto a arte mobiliar son la cueva de Nerja (Málaga) y El Pirulejo (Córdoba). A un nivel Solutrense final de la cueva malagueña corresponden varias plaquetas con incisiones inconexas. Ya a un momento Magdaleniense se atribuye un importante conjunto de azagayas decoradas con motivos geométricos y tres cantos con grabados de motivos de líneas rectas, en zig-zags, onduladas, etc. Uno de estos cantos presenta la figura de un pájaro. El horizonte magdaleniense de El Pirulejo alberga el más numeroso grupo de plaquetas de toda la región (decenas). Están decoradas tanto con incisiones como con pinturas. Lo que incrementa su singularidad con respecto al resto de yacimientos de la zona. Los motivos son fundamentalmente geométricos, aunque hay figurativos (destaca la cabeza de una cabra). Además de en plaquetas, también se documentado decoración en soportes óseos, especialmente en la industria. Otros objetos mobiliares se han encontrado en un nivel Solutrense final de la cueva de Bajondillo (líneas incisas inconexas en fragmentos de soportes líticos); y en estratos de un Magdaleniense superior de Hoyo de la Mina (motivo reticular sobre un fragmento de hueso) y de Cueva de la Victoria (trazos incisos de ángulos y zig-zags sobre arpones). Todos estos yacimientos se localizan en Málaga. 4.4. El Levante Mediterráneo y el Valle del Ebro. En el valle del Ebro, a caballo entre el oriente cantábrico y el litoral mediterráneo, encontramos algunos yacimientos del Paleolítico superior, entre los que sobresalen Chaves (Huesca) y Parco (Lleida). De las piezas decoradas que éstos han proporcionado destacan dos fragmentos óseos aplanados provenientes de un horizonte Magdaleniense medio que muestran un semejante motivo escaleriforme. Las azagayas y varillas presentan decoraciones lineales parecidas a las halladas en el cantábrico. En el litoral catalán localizamos el yacimiento de Bora Gran (Gerona) y La Balma de la Griera (Tarragona). En él primero se han recogido valiosas piezas orgánicas grabadas con motivos de cabezas de cierva simplificadas durante el Magdaleniense medio, mientras que el segundo, ha proporcionado un fragmento óseo con decoración a base de líneas

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paralelas y angulares grabadas, que procede de un horizonte gravetiense. En la actual comunidad valenciana encontramos los yacimientos con el arte mueble más significativo de toda la región mediterránea peninsular. Las evidencias más antiguas se remontan al Auriñaciense, en torno a los 30000 años BP, y corresponden a objetos de adorno (dientes y conchas perforadas) documentados en Cova Beneito y Cova Foradada (Alicante). En el Gravetiense ya se registran en el Parpalló y en Mallaetes (Valencia) algunas plaquetas decoradas con motivos zoomorfos (bóvidos, cápridos y équidos) pintados y grabados, que se caracterizan por el poco detallismo, la coexistencia de la perspectiva torcida con la de perfil absoluto, y la desproporción entre las partes anatómicas (cuerpos masivos y cabezas pequeñas). Las plaquetas recogidas en los diferentes niveles solutrenses de El Parpalló ascienden a más de 2480 (un 58% del total recuperado en el yacimiento). La técnica dominante es la pintura (roja y negra), documentándose la combinación de pintura (en ocasiones, a tinta plana) y grabado. Los zoomorfos (bóvidos, équidos, cápridos, cérvidos, y algunos carnívoros) son los temas más representados, contemplándose algunas posibles escenas. Los rasgos que definen este momento decorativo son: - la ejecución de las cabezas de ciervas utilizando el sistema de triple trazo o trilineal (se realiza primeramente con una línea la zona de la frente y una oreja, otra línea traza el cuello y la mandíbula, y finalmente, otra representa la otra oreja y la parte superior del cuello) (Figura 11.14A); - las crineras en escalón (se interrumpe el trazo curvo de la crin con una línea recta y vertical que cae sobre la frente del animal) (Figura 11.14B); - los morros de los caballos en pico de pato (cerrados), con mandíbulas convexas, que durante el Solutrense Superior se irán redondeando (Figura 11.14C); - un incremento de la animación de las figuras, bien de partes en concreto (patas, cabezas, rabos), bien de todo el animal (Figura 11.14D); - aumento del detallismo (boca, orejas, pelaje, despieces de la piel) a partir de momentos avanzados del Solutrense (Figura 11.14E); - tendencia a representar las extremidades con formas triangulares (Figura 11.14F); - y, finalmente, en cuanto a los signos, se generalizan los signos rectangulares (Figura 11.14G). En cueva Beneito se han localizado una serie de cantos manchados de rojo en un nivel del Solutrense final.

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El Magdaleniense inferior, aunque se documenta en el Parpalló, no presenta la riqueza decorativa de los niveles precedentes y posteriores. La pintura es menos utilizada. El número de cápridos y signos rectangulares representados disminuyen, surgiendo signos formados por bandas curvas y escaleriformes. De igual modo, la convención del triple trazo se documenta en menor proporción, mientras que aparecen las orejas en “V”. En los momentos finales del Magdaleniense inferior se observa una mayor preocupación por el realismo de las figuras (incrementándose los detalles) y la variedad y la elaboración de los signos aumenta (arboriformes, retículas, rombos, meandros, zig-zags, etc.). A diferencia de las fases crono-culturales anteriores, el Magdaleniense medio y el superior se hallan mas repartidos por el Levante peninsular. Constatamos arte mueble, además de en El Parpalló, en el yacimiento de Blaus y cueva Matutano (Castellón), en Volcán del Faro (Valencia), y Cendres, Santa Maira, Tossal de la Roca, Barranc del Infern (Alicante). Aunque el número de objetos decorados en cada uno de ellos es muy reducido. En Murcia también existen algunos yacimientos de estas fases (Mejillones, Caballo, y Algarrobo), sin embargo las piezas ornadas se limitan a unas pocas conchas perforadas y algunos fragmentos óseos con trazos lineales inconexos. Las características estilísticas de las plaquetas del Parpalló para estas últimas fases del Paleolítico evidencian la existencia de dos corrientes. Por un lado, una tendencia que dota a los animales de un mayor realismo estático y de detallismo (representación de pezuñas, cornamentas con perspectiva correcta, líneas de despiece en crinera y vientres, etc.) (Figura 11.15), aunque es más velada que la observada en el arte mueble cantábrico de este período. Por otro lado, se percibe una orientación esquemática, con una frecuente representación de las partes anatómicas en movimiento. Los temas siguen siendo los mismos, aunque los signos alcanzan un alto grado de elaboración y complejidad. Como rasgos generales, y quizá distintivos, se puede decir que el arte mueble de esta área (desproporcionadamente influenciado por el gran conjunto del Parpalló) se presenta principalmente en soportes líticos (plaquetas), está realizado fundamentalmente en pintura, y exhibe una perduración y un predominio de los temas figurativos desde las fases más antiguas hasta las más recientes. 5. Breves apuntes interpretativos La heterogeneidad de las diferentes y múltiples categorías del arte mueble implica que las interpretaciones de estos objetos sean muy numerosas. Como se expresaba en el primer apartado de este 14

tema, los especialistas en arte paleolítico han relegado a un plano inferior la importancia simbólica de las piezas decoradas con respecto a las expresiones gráficas rupestres. La única gran teoría construida en torno a estos objetos fue aquella del “arte por el arte”, siendo claramente denostada una vez que se descubrieron las primeras figuras parietales en las cuevas. La naturaleza fragmentaria de este arte, con un alto número de piezas en parte fracturadas e incluso en contextos modificados con respecto a su deposición original, supone que tan solo tengamos un conocimiento parcial de las obras, imposibilitando, en cierta forma, a los especialistas un acercamiento más fiable a sus posibles significados. A pesar de estas consideraciones, las concentraciones tan elevadas de objetos que muestran algunos yacimientos no han pasado desapercibidas. Hay autores, entre ellos M. Lorblanchet, que han querido ver en estas acumulaciones, halladas en algunos yacimientos que como El Parpalló no tienen representaciones parietales (los yacimientos del centro y este de Europa, muchos de ellos al aire libre como Molodova, Sungir, Dolní-Vestonice, Kostienki, Gargarino, etc.), una sustitución de la función simbólica del arte rupestre. Recoger aquí todas las interpretaciones que se han dado a cada tipo de motivo o cada tipo de pieza es una tarea ímproba que excede el objetivo de este tema. Sin embargo, parece interesante citar siquiera algunas aproximaciones al significado de alguno de estos objetos y/o de la decoración que presentan: - Las piezas perforadas, por ejemplo, se han asimilado generalmente a adornos y colgantes, concibiéndose como un distintivo étnico en ocasiones; otras veces como elementos protectores a modo de amuletos. - Los conjuntos de signos se han concebido como combinaciones de ideomorfos que transmiten un mensaje (M. Conkey, entre otros). - Las series de pequeños puntos y rayitas han sido explicados como sistemas de notación e interpretados como calendarios solares, lunares, cómputos, etc. (A. Marshack, y F. D’Errico). - Algunos conjuntos de figuras de animales y/o humanos sobre las caras de huesos largos que parecen representar escenas han sido “leídos” como evidencias de descripciones gráficas de mitos. - Ciertos entramados de líneas organizadas pero no figurativas se han contemplado como mapas. - Por último, aunque no se encuentren en la Península Ibérica, los signos lineales en forma de aspa y haces rectos paralelos sobre las figurillas de bulto redondo han sido interpretados como una forma de remarcar la anatomía (A. Marshack) o como señales de utilización, etc. 6. Bibliografía. Bibliografía general

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SANCHIDRIÁN, José Luis (2001) Manual de arte prehistórico, Editorial Ariel, Barcelona. VV.AA. (1994) “Arte Paleolítico”. Complutum, nº5. VV.AA. (1996) Unidades Didácticas de Prehistoria, Tomo I, UNED, Madrid. VV.AA. (2004) La materia del lenguaje prehistórico. El arte mueble paleolítico de Cantabria en su contexto. En Pablo Arias y Roberto Ontañon (eds.), Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria, Santander. Bibliografía específica. GARCÍA DÍEZ, Marcos y Thierry AUBRY (2002) «Grafismo mueble en el valle de Foz Côa (Vila Nova de Foz Côa, Portugal): La estación arqueológica de Fariseu». Zephyrus, 55, 157-182. GONZÁLEZ SAÍNZ, Cesar (2002) «Unidad y variedad de la región cantábrica y de sus manifestaciones artísticas paleolíticas». En Las cuevas con arte paleolítico en Cantabria, Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria, Santander, 28-45. GONZÁLEZ SAÍNZ, Cesar.; Roberto CACHO, y Takeo FUKAZAWA (2003) Arte paleolítico en la región cantábrica, Servicio de publicaciones de la Universidad de Cantabria, Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria, Santander. LEROI-GOURHAN, André (1965) La Prehistoire de l’art occidental, Paris. TEJERO, José M.; Noemí MORÁN; Victoria CABRERA, y Federico BERNALDO DE QUIRÓS (2005) «Industria ósea y arte mueble de los niveles auriñacienses de la cueva del Castillo (Puente Viesgo, Santander)». Pyrenae, 36, Volumen 1, 35-56. VV.AA. (2003) Primer Symposium Internacional de Arte Prehistórico de Ribadesella. El Arte Prehistórico desde los inicios del siglo XXI, Asociación Cultural Amigos de Ribadesella.

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