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UNIDAD I JORGE LUIS BORGES (1899–1986) EL JARDÍN DE SENDEROS QUE SE BIFURCAN (EL JARDÍN DE SENDEROS QUE SE BIFURCAN (1941;FICCIONES, 1944) EN LA PÁGINA 242 DE LA HISTORIA DE LA GUERRRA EUROPEA DE LIDELL HART, SE LEE QUE UNA OFENSIVA DE TRECE DIVISIONES BRITÁNICAS

(APOYADAS POR MIL CUATROCIENTAS PIEZAS DE ARTILLERÍA) CONTRA LA LÍNEA SERRE-MONTAUBAN HABÍA SIDO

PLANEADA PARA EL

24 DE JULIO DE 1916 Y DEBIÓ POSTERGARSE HASTA LA MAÑANA DEL DÍA 29. LAS LLUVIAS TORRENCIALES

(ANOTA EL CAPITÁN LIDELL HART) PROVOCARON ESA DEMORA —NADA SIGNIFICATIVA, POR CIERTO. LA SIGUIENTE DECLARACIÓN, DICTADA, RELEÍDA Y FIRMADA POR EL DOCTOR

YU TSUN, ANTIGUO CATEDRÁTICO DE INGLÉS EN LA HOCHSCHULE DE TSINGTAO,

ARROJA UNA INSOSPECHADA LUZ SOBRE EL CASO.

FALTAN LAS DOS PÁGINAS INICIALES.

“... Y COLGUÉ EL TUBO. INMEDIATAMENTE DESPUÉS, RECONOCÍ LA VOZ QUE HABÍA CONTESTADO EN ALEMÁN. ERA LA DEL CAPITÁN Y

RICHARD MADDEN. MADDEN, EN EL DEPARTAMENTO DE VIKTOR RUNEBERG, QUERÍA DECIR EL FIN DE NUESTROS AFANES

—PERO ESO PARECÍA MUY SECUNDARIO, O DEBERÍA PARECÉRMELO— TAMBIÉN DE NUESTRAS VIDAS. QUERÍA DECIR QUE

RUNEBERG HABÍA SIDO ARRESTADO O ASESINADO[1]. ANTES QUE DECLINARA EL SOL DE ESE DÍA, YO CORRERÍA LA MISMA SUERTE.

MADDEN ERA IMPLACABLE. MEJOR DICHO, ESTABA OBLIGADO A SER IMPLACABLE. IRLANDÉS A LAS ÓRDENES DE

INGLATERRA, HOMBRE ACUSADO DE TIBIEZA Y TAL VEZ DE TRAICIÓN ¿CÓMO NO IBA A BRAZAR Y AGRADECER ESTE MILAGROSO FAVOR: EL DESCUBIRMIENTO, LA CAPTURA, QUIZÁ LA MUERTE DE DOS AGENTES DEL

IMPERIO ALEMÁN? SUBÍ A MI CUARTO;

ABSURDAMENTE CERRÉ LA PUERTA CON LLAVE Y ME TIRÉ DE ESPALDAS EN LA ESTRECHA CAMA DE HIERRO. ESTABAN LOS TEJADOS DE SIEMPRE Y EL SOL NUBLADO DE LAS SEIS. SÍMBOLOS FUERA EL DE MI MUERTE IMPLACABLE. SIMÉTRICO JARDÍN DE

EN LA VENTANA

ME PARECIÓ INCREÍBLE QUE ES DÍA SIN PREMONICIONES NI

A PESAR DE MI PADRE MUERTO, A PESAR DE HABER SIDO UN NIÑO EN UN

HAI FENG ¿YO, AHORA, IBA A MORIR? DESPUÉS REFLEXIONÉ QUE TODAS LAS COSAS LE SUCEDEN A UNO

PRECISAMENTE, PRECISAMENTE AHORA.

SIGLOS DE SIGLOS Y SÓLO EN EL PRESENTE OCURREN LOS HECHOS; INNUMERABLES

HOMBRES EN EL AIRE, EN LA TIERRA Y EL MAR, Y TODO LO QUE REALMENTE ME PASA ME PASA A MÍ... RECUERDO DEL ROSTRO ACABALLADO DE

EL CASI INTOLERABLE

MADDEN ABOLIÓ ESAS DIVAGACIONES. EN MITAD DE MI ODIO Y DE MI TERROR (AHORA

NO ME IMPORTA HABLAR DE TERROR: AHORA QUE HE BURLADO A

RICHARD MADDEN, AHORA QUE MI GASRGANTA ANHELA LA

CUERDA) PENSÉ QUE ESE GUERRERO TUMULTUOSO Y SIN DUDA FELIZ NO SOSPECHABA QUE YO POSEÍA EL DEL PRECISO LUGAR DEL NUEVO PARQUE DE ARTILLERÍA BRITÁNICO SOBRE EL

SECRETO. EL NOMBRE

ANCRE.UN PÁJARO RAYÓ EL CIELO GRIS Y

CIEGAMENTE LO TRADUJE EN UN AEROPLANO Y A ESE AEROPLANO EN MUCHO (EN EL CIELO FRANCÉS) ANIQUILANDO EL PARQUE DE ARTILLERÍA CON BOMBAS VERTICALES. QUE LOS OYERAN EN

SI MI BOCA, ANTES QUE LA DEHICIERA UN BALAZO, PUDIERA GRITAR ESE NOMBRE DE MODO

ALEMANIA... MI VOZ HUMANA ERA MUY POBRE. ¿CÓMO HACERLA LLEGAR AL OÍDO DEL JEFE? AL OÍDO DE

AQUEL HOMBRE ENFERMO Y ODIOSO, QUE NO SABÍA DE

RUNEBERG Y DE MÍ SINO QUE ESTÁBAMOS EN STAFFORDSHIRE Y QUE EN

VANO ESPERABA NOTICIAS NUESTRAS EN SU ÁRIDA OFICINA DE ALTA:

BERLÍN, EXAMINANDO INFINITAMENTE PERIÓDICOS... DIJE EN VOZ

DEBO HUIR. ME INCORPORÉ SIN RUIDO, EN UNA INÚTIL PERFECCIÓN DE SILENCIO, COMO SI MADDEN YA ESTUVIERA

ACECHÁNDOME. BOLSILLOS.

ALGO -TAL VEZ LA MERA OSTENTACIÓN DE PROBAR QUE MIS RECURSOS ERAN NULOS—ME HIZO REVISAR MIS

ENCONTRÉ LO QUE SABÍA QUE IBA A ENCONTRAR. EL RELOJ NORTEAMERICANO, LA CADENA DE NÍQUEL Y LA MONEDA

CUADRANGULAR, EL LLAVERO CON LAS COMPROMETEDORAS LLAVES INÚTILES DEL DEPARTAMENTO DE CARTA QUE RESOLVÍ DESTRUIR INMEDIATAMENTE

(Y QUE NO DESTRUÍ), EL FALSO PASAPORTE, UNA CORONA, DOS CHELINES Y

UNOS PENIQUES, EL LÁPIZ ROJO-AZUL, EL PAÑUELO, EL REVÓLVER CON UNA BALA. DARME VALOR.

RUNEBERG, LA LIBRETA, UN

ABSURDAMENTE LO EMPUÑÉ Y SOPESÉ PARA

VAGAMENTE PENSÉ QUE UN PISTOLETAZO PUEDE OÍRSE MUY LEJOS. EN DIEZ MINUTOS MI PLAN ESTABA MADURO.

LA GUÍA TELEFÓNICA ME DIO EL NOMBRE DE LA ÚNICA PERSONA CAPAZ DE TRANSMITIR LA NOTICIA: VIVIÍA N UN SUBURBIO DE FENTON, A MENOS DE MEDIA HORA DE TREN. SOY UN HOMBRE COBARDE. AHORA LO DIGO, AHORA QUE HE LLEVADO A TÉRMINO UN PLAN QUE NADIE NO CALIFICARÁ DE ARRIESGADO.

YO SÉ QUE FUE TERRIBLE SU EJECUCIÓN. NO LO HICE POR ALEMANIA, NO. NADA ME IMPORTA UN PAÍS BÁRBARO,

QUE ME HA OBLIGADO A LA ABYECCIÓN DE SER UN ESPÍA. MODESTO— QUE PARA MÍ NO ES MENOS QUE

ADEMÁS, YO SÉ DE UN HOMBRE DE INGLATERRA —UN HOMBRE

GOETHE. ARRIBA DE UNA HORA NO HABLÉ CON ÉL, PERO DURANTE UNA HORA FUE

GOETHE... LO HICE, PORQUE YOSENTÍA QUE EL JEFE TENÍA EN POCO A LOS DE MI RAZA -A LOS INNUMERABLES ANTEPASADOS QUE CONFLUYEN EN MÍ. CAPITÁN.

YO QUERÍA PROBARLE QUE UN AMARILLO PODÍA SALVAR A SUS EJÉRCITOS. ADEMÁS, YO DEBÍA HUIR DEL

SUS MANOS Y SU VOZ PODÍAN GOLPEAR EN CUALQUIER MOMENTO A MI PUERTA. ME VESTÍ SIN RUIDO, ME DIJE ADIÓS EN

EL ESPEJO, BAJÉ, ESCUDRIÑÉ LA CALLE TRANQUILA Y SALÍ.

LA ESTACIÓN NO DISTABA MUCHO DE CASA, PERO JUZGUÉ PREFERIBLE

TOMAR UN COCHE.

ARGÜÍ QUE ASÍ CORRÍA MENOS PELIGRO DE SER RECONOCIDO; EL HECHO ES QUE EN LA CALLE DESIERTA ME

SENTÍA VISIBLE Y VULNERABLE, INFINITAMENTE. ENTRADA CENTRAL.

RECURDO QUE LE DIJE AL COCHERO QUE SE DETUVIERA UN POCO ANTES DE LA

BAJÉ CON LENTITUD VOLUNTARIA Y CASI PENOSA; IBA A LA ALDEA DE ASHGOVE, PERO SAQUÉ UN PASAJE PARA

UNA ESTACIÓN MÁS LEJANA.

EL TREN SALÍA DENTRO DE MUY POCOS MINUTOS, A LAS OCHO Y CINCUENTA. ME APRESURÉ: EL

PRÓXIMO SALDRÍA A LAS NUEVE Y MEDIA.

NO HABÍA CASI NADIE EN EL ANDÉN. RECORRÍ LOS COCHES: RECUERDO A UNOS

LABRADORES, UNA ENLUTADA, UN JOVEN QUE LEÍA CON FERVOR LOS COCHES ARRANCARON AL FIN.

ANALES DE TÁCITO, UN SODADO HERIDO Y FELIZ. LOS

UN HOMBRE QUE RECONOCÍ CORRIÓ EN VANO HASTA EL LÍMITE DEL ANDÉN. ERA EL CAPITÁN

RICHARD MADDEN. ANIQUILADO, TRÉMULO, ME ENCOGÍ EN LA OTRA PUNTA DEL SILLÓN, LEJOS DEL TEMIDO CRISTAL. DE ESA ANIQUILACIÓN PASÉ A UNA FELICIDAD CASI ABYECTA. ME DIJE QUE ESTABA EMPEÑADO MI DUELO Y QUE YO HABÍA GANADO EL PRIMER ASALTO, AL BURLAR, SIQUIERA POR CUARENTA MINUTOS, SIQUIERA POR UN FAVOR DEL AZAR, EL ATAQUE DE MI ADVERSARIO.

ARGÜI QUE NO ERA MÍNIMA, YA QUE SIN ESA DIFERENCIA PRECIOSA QUE EL HORARIO DE TRENES ME DEPARABA,

YO ESTARÍA EN LA CÁRCEL, O MUERTO.

ARGÜÍ (NO MENOS SOFÍSTICAMENTE) QUE MI FELICIDAD COBARDE PROBABA QUE YO ERA

HOMBRE CAPAZ DE LLEVAR A BUEN TÉRMINO LA AVENTURA.

DE ESA DEBILIDAD SAQUÉ FUERZAS QUE NO ME ABANDONARON.

PREVEO QUE EL HOMBRE SE RESIGNARÑA CADA DÍA A EMPRESAS MÁS ATROCES; PRONTO NO HABRÁ SINO GUERREROS Y BANDOLEROS; LES DOY ESTE CONSEJO:

EL EJECUTOR DE UNA EMPRESA ATROZ DEBE IMAGINAR QUE YA LA HA CUMPLIDO, DEBE

IMPONERSE UN PORVENIR QUE SEA IRREVOCABLE COMO EL PASADO.

ASÍ PROCEDÍ YO, MENTRAS MIS OJOS DE HOMBRE YA MUERTO

REGISTRABAN LA FLUENCIA DE AQUEL DÍA QUE ERA TAL VEZ EL ÚLTIMO, Y LA DIFUSIÓN DE LA NOCHE. DULZURA, ENTRE FRESNOS.

EL TREN CORRÍA CON

SE DETUVO, CASI EN MEDIO DEL CAMPO. NADIE GRITÓ EL NOMBRE DE LA ESTACIÓN. ¿ASHGROVE?

LES PREGUNTÉ A UNOS CHICOS EN EL ANDÉN.

ASHGROVE, CONTESTARON. BAJÉ.

UNA LÁMPARA ILUSTRABA EL ANDÉN, PERO LAS CARAS DE LOS NIÑOS QUEDABAN EN LA ZONA DE LA SOMBRA. UNO ME INTERROGÓ:

¿USTED VA A CASA DEL DOCTOR STEPHEN ALBERT?. SIN AGUARDAR CONTESTACIÓN, OTRO DIJO: LA CASE QUEDA

LEJOS DE AQUÍ, PERO USTED NO SE PERDERÁ SI TOMA ESE CAMINO A LA IZQUIERDA Y EN CADA ENCRUCIJADA DEL CAMINO DOBLA A LA IZQUIERDA.

LES ARROJÉ UNA MONEDA (LA ÚLTIMA), BAJÉ UNOS ESCALONES DE PIEDRA Y ENTRÉ EN EL SOLITARIO CAMINO.

ÉSTE, LENTAMENTE, BAJABA. ERA DE TIERRA ELEMENTAL, ARRIBA SE CONFUNDÍAN LAS RAMAS, LA LUNA BAJA Y CIRCULAR PARECÍA ACOMPAÑARME. PROPÓSITO.

POR UN INSTANTE, PENSÉ QUE RICHARD MADDEN HABÍA PENETRADO DE ALGÚN MODO MI DESESPERADO

MUY PRONTO COMPRENDÍ QUE EESO ERA IMPOSIBLE. EL CONSEJO DE SIEMPRE DOBLAR A LA IZQUIERDA ME RECORDÓ

QUE TAL ERA EL PROCEDIMIENTO COMÚN PARA DESCUBRIR EL PATIO CENTRAL DE CIERTOS LABERINTOS. LABERINTOS: NO EN VANO SOY BISNIETO DE AQUEL

ALGO ENTIENDO DE

TS'UI PÊN, QUE FUE GOBERNADOR DE YUNNAN Y QUE RENUNCIÓ AL PODER

TEMPORAL PARA ESCRIBIR UNA NOVELA QUE FUERA TODAVÍA MÁS POPULOSA QUE EL LABERINTO EN EL QUE SE PERDIERAN TODOS LOS HOMBRES.

HUNG LU MENG Y PARA EDIFICAR UN

TRECE AÑOS DEDICÓ A ESAS HETEROGÉNEAS FATIGAS, PERO LA MANO

DE UN FORASTERO LO ASESINÓ Y SU NOVELA ERA INSENSATA Y NADIE ENCONTRÓ EL LABERINTO.

BAJO ÁRBOLES INGLESES MEDITÉ

EN ESE LABERINTO PERDIDO: LO IMAGINÉ INVIOLADO Y PERFECTO EN LA CUMBRE SECRETA DE UNA MONTAÑA, LO IMAGINÉ BORRADO POR ARROZALES O DEBAJO DEL AGUA, LO IMAGINÉ INFINITO, NO YA DE QUIOSCOS OCHAVADOS Y DE SENDAS QUE VUELVEN, SINO DE RÍOS Y PROVINCIAS Y REINOS...

PENSÉ EN UN LABERINTODE LABERINTOS, EN UN SINUOSO LABERINTO

CRECIENTE QUE ABARCARA EL PASADO Y EL PORVENIR Y QUE IMPLICARA DE ALGÚN MODO LOS ASTROS. ILUSORIAS IMÁGENES

ABSORTO EN ESAS

, OLVIDÉ MI DESTINO DE PERSEGUIDO. ME SENTÍ, POR UN TIEMPO INDETERMINADO, PERCIBIDOR

ABSTRACTO DEL MUNDO.

EL VAGO Y VIVO CAMPO, LA LUNA, LOS RESTOS DE LA TARDE, OBRARON EN MÍ; ASIMISMO EL DECLIVE

QUE ELIMINABA CUALQUIER POSIBILIDAD DE CANSANCIO. ENTRE LAS YA CONFUSAS PRADERAS.

LA TARDE ERA ÍNTIMA, INFINITA.EL CAMINO BAJABA Y SE BIFURCABA,

UNA MÚSICA AGUDA Y COMO SILÁBICA SE APROXIMABA Y SE ALEJABA EN EL VAIVÉN DEL

VIENTO, EMPAÑADA DE HOJAS Y DE DISTANCIA.

PENSÉ QUE UN HOMBRE PUEDE SER ENEMIGO DE OTROS HOMBRES, DE OTROS

MOMENTOS DE OTROS HOMBRES, PERO NO DE UN PAÍS: NO DE LUCIÉRNAGAS, PALABRAS, JARDINES,CURSOS DE AGUA, PONIENTES. PABELLÓN.

LLEGUÉ, ASÍ, A UN ALTO PORTÍN HERRUMBRADO. ENTRE LAS REJAS DESCIFRÉ UNA ALAMEDA Y UNA ESPECIE DE

COMPRENDÍ, DE PRONTO, DOS COSAS, LA PRIMERA TRIVIAL, LA SEGUNDA CASI INCREÍBLE: LA MÚSICA VENÍA DEL

PABELLÓN, LA MÚSICA ERA CHINA.

POR ESO, YO LA HABÍA ACEPTADO CON PLENITUD, SIN PRESTARLE ATENCIÓN. NO RECUERDO SI

HABÍA UNA CAMPANA O UN TIMBRE O SI LLAMÉ GOLPEANDO LAS MANOS.

EL CHISPORROTEO DE LA MÚSICA PROSIGUIÓ.

PERO DEL FONDO DE LA ÍNTIMA CASA UN FAROL SE ACERCABA: UN FAROL QUE RAYABAN Y A RATOS ANULABAN LOS TRONCOS, UN FAROL DE PAPEL, QUE TENÍA LA FORMA DE LOS TAMBORES Y EL COLOR DE LA LUNA. VI SU ROSTRO, PORQUE ME CEGABA LA LUZ.

LO TRAÍA UN HOMBRE ALTO. NO

ABRIÓ EL PORTÓN Y DIJO LENTAMENTE EN MI IDIOMA:

—VEO QUE EL PIADOSO HSI P'ÊNG SE EMPEÑA EN CORREGIR MI SOLEDAD. ¿USTED SIN DUDA QUERRÁ VER EL JARDÍN?

RECONOCÍ EL NOMBRE DE UNO E NUESTROS CÓNSULES Y REPETÍ DESCONCERTADO: —¿EL JARDÍN? —EL JARDÍN DE LOS SENDEROS QUE SE BIFURCANALGO SE AGITÓ EN MI RECUERDO Y PRONUNCIÉ CON INCOMPRENSIBLE SEGURIDAD: —EL JARDÍN E MI ANTEPASADO TS'UI PÊN. —¿SU ANTEPASADO? ¿SU ILUSTRE ANTEPASADO? ADELANTE. EL HÚMEDO SENDERO ZIGZAGUEABA COMO LOS DE MI INFANCIA. LLEGAMOS A UNA BIBLIOTECA DE LIBROS ORIENTALES Y OCCIDENTALES.

RECONOCÍ, ENCUADERNADOS EN SEDA AMARILLA, ALGUNOS TOMOS MANUSCRITOS DE LA ENCICLOPEDIA PERDIDA

QUE DIRIGIÓ EL

TERCER EMPERADOR E LA DINASTÍA LUMINOSA Y QUE NO SE DIO NUNCA A LA IMPRENTA. EL DISCO DEL

GRAMÓFONO GIRABA JUNTO A UN FÉNIX DE BRONCE.

RECUERDO TAMBIÉN UN JARRÓN DE LA FAMILIA ROSA Y OTRO, ANTERIOR DE

MUCHOS SIGLOS, DE ESE COLOR AZUL QUE NUESTROS ANTEPASADOS COPIARON DE LOS ALFAREROS DE

PERSIA...

STEPHEN ALBERT ME OBSERVABA, SONRIENTE. ERA (YA LO DIJE) MUY ALTO, DE RASGOS AFILADOS, DE OJOS GRISES Y BARBA GRIS.

ALGO DE SACERDOTE HABÍA EN ÉL Y TAMBIÉN DE MARINO; DESPUÉS ME REFIRIÓ QUE HABÍA SIDO MISIONERO EN

TIENTSIN “ANTES DE ASPIRAR A SINÓLOGO”. NOS SENTAMOS; YO EN UN LARGO Y BAJO DIVÁN; ÉL DE ESPALDAS A LA VENTANA Y A UN ALTO RELOJ CIRCULAR. COMPUTÉ QUE ANTES DE UNA HORA NO LLEGARÍA MI PERSEGUIDOR,

RICHARD MADDEN. MI DETERMINACIÓN IRREVOCABLE PODÍA ESPERAR.

—ASOMBROSO DESTINO EL DE TS'UI PÊN —DIJO STEPHEN ALBERT—. GOBERNADOR DE US PROVINCIA NATAL, DOCTO EN ASTRONOMÍA, EN ASTROLOGÍA Y ENM LA INTERPRETACIÓN INFATIGABLE DE LOS LIBROS CANÓNICOS, AJEDRECISTA, FAMOSO POETA Y CALÍGRAFO: TODO LO ABANDONÓ PARA COMPONER UN LIBRO Y UN LABERINTO.

RENUNCIÓ A LOS PLACERES DE LA OPRESIÓN, DE

LA JUSTICIA, DEL NUMEROSO LECHO, DE LOS BANQUETES Y AUN DE LA ERUDICIÓN Y SE ENCLAUSTRÓ DURANTE TRECE AÑOS EN EL

PABELLÓN DE LA LÍMPIDA SOLEDAD. A SU MUERTE, LOS HEREDEROS NO ENCONTRARON SINO MANUSCRITOS CAÓTICOS. LA FAMILIA, COMO ACASO NO IGNORA, QUISO ADJUDICARLOS AL FUEGO; PERO SU ALBACEA

—UN MONJE TAOÍSTA O BUDISTA—

INSISTIÓ EN LA PUBLICACIÓN.

—LOS DE LA SANGRE DE TS'UI PÊN -REPLIQUÉ— SEGUIMOS EXECRANDO A ESE MOJE. ESA PUBLICACIÓN FUE INSENSATA. EL LIBRO ES UN ACERVO INDECISO DE BORRADORES CONTRADICTORIO. MUERE EL HÉROE, EN EL CUARTO ESTÁ VIVO.

LO HE EXAMINADO ALGUNA VEZ: EN EL TERCER CAPÍTULO

EN CUANTO A LA OTRA EMPRESA DE TS'UI PÊN, A SU LABERINTO...

—AQUÍ ESTÁ EL LABERINTO -DIJO INDICÁNDOME UN ALTO ESCRITORIO LAQUEADO. —¡UN LABERINTO DE MARFIL! -EXCLAMÉ-. UN LABERINTO MÍNIMO... —UN LABERINTO DE SÍMBOLOS -CORRIGIÓ-. UN INVISIBLE LABERINTO DE TIEMPO. A MÍ, BÁRBARO INGLÉS, ME HA SIDO DEPARADO REVELAR ESE MISTERIO DIÁFANO. ES DIFÍCIL CONJETURAR LO QUE SUCEDIÓ. CONSTRUIR UN LABERINTO.

AL CABO DE MÁS DE CIEN AÑOS, LOS PORMENORES SON IRRECUPERABLES, PERO NO

TS'UI PÊN DIRÍA UNA VEZ: ME RETIRO A ESCRIBIR UN LIBRO. Y OTRA: ME RETIRO A

TODOS IMAGINARON DOS OBRAS; NADIE PENSÓ QUE LIBRO Y LABERINTO ERAN UN SOLO OBJETO. EL

PABELLÓN DE LA LÍMPIDA SOLEDAD SE ERGUÍA EN EL CENTRO DE UN JARDÍN TAL VEZ INTRINCADO; EL HECHO PUEDE HABER SUGERIDO A LOS HOMBRES UN LABERINTO FÍSICO. DIO CON EL LABERINTO. QUE

TS'UI PÊN MURIÓ; NADIE, EN LAS DILATADAS TIERRAS QUE FUERON SUYAS,

DOS CIRCUNSTANCIAS ME DIERON LA RECTA SOLUCIÓN DEL PROBLEMA. UNA: LA CURIOSA LEYENDA DE

TS'UI PÊN SE HABÍA PROPUESTO UN LABERINTO QUE FUERA ESTRICTAMENTE INFINITO. OTRA: UN FRAGMENTO DE UNA CARTA

QUE DESCUBRÍ.

ALBERT SE LEVANTÓ. ME DIO, POR UNOS INSTANTES, LA ESPALDA; ABRIÓ UN CAJÓN DEL ÁUREO Y RENEGRIDO ESCRITORIO. VOLVIÓ CON UN PAPEL ANTES CARMESÍ; AHORA ROSADO Y TENUE Y CUADRICULADO. ERA JUSTO EL RENOMBRE CALIGRÁFICO DE TS'UI PÊN. LEÍ CON INCOMPRENSIÓN Y FERVOR ESTAS PALABRAS QUE CON MINUCIOSO PINCEL REDACTÓ UN HOMBRE DE MI SANGRE: HOJA.

DEJO A LOS VARIOS PORVENIRES (NO A TODOS) MI JARDÍN DE SENDEROS QUE SE BIFURCAN. DEVOLVÍ EN SILENCIO LA

ALBERT PROSIGUIÓ: —ANTES DE EXHUMAR ESTA CARTA, YO ME HABÍA PREGUNTADO DE QUÉ MANERA UN LIBRO PUEDE SER INFINITO. NO

CONJETURÉ OTRO PROCEDIMIENTO QUE EL DE UN VOLUMEN CÍCLICO, CIRCULAR. IDÉNTICA A LA PRIMERA, CON POSIBILIDAD DE CONTINUAR INDEFINIDAMENTE. CENTRO DE

UN VOLUMEN CUYA ÚLTIMA PÁGINA FUERA

RECORDÉ TAMBIÉN ESA NOCHE QUE ESTÁ EN EL

LAS 1001 NOCHES, CUANDO LA REINA SHAHRAZAD (POR UNA MÁGICA DISTRACCIÓN DEL COPISTA) SE PONE A

REFERIR TEXTUALMENTE LA HISTORIA DE

LAS 1001 NOCHES, CON RIESGO DE LLEGAR OTRA VEZ A LA NOCHE EN QUE LA REFIERE,

Y ASÍ HASTA LO INFINITO. IMAGINÉ TAMBIÉN UNA OBRA PLATÓNICA, HEREDITARIA, TRANSMITIDA DE PADRE A HIJO, EN LA QUE CADA NUEVO INDIVIDUO AGREGARA UN CAPÍTULO O CORRIGIERA CON PIADOSO CUIDADO LA PÁGINA DE SUS MAYORES.

ESAS

CONJETURAS ME DISTRAJERON; PERO NINGUNA ME PARECÍA CORRESPONDER, SIQUIERA DE UN MODO REMOTO, A LOS CONTRADICTORIOS CAPÍTULOS DE

TSÚI PÊN. EN ESA PERPLEJIDAD, ME REMITIERON DE OXFORD EL MANUSCRITO QUE USTED HA

EXAMINADO.ME DETUVE, COMO ES NATURAL, EN LA FRASE: SENDEROS QUE SE BIFURCAN.

CASI EN EL ACTO COMPRENDÍ; EL JARDÍN DE LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN ERA LA NOVELA

CAÓTICA; LA FRASE VARIOS PORVENIRES ESPACIO.

DEJO A LOS VARIOS PORVENIRES (NO A TODOS) MI JARDÍN DE

(NO A TODOS) ME SUGIRIÓ LA IMAGEN DE LA BIFURCACIÓN EN EL TIEMPO, NO EN EL

LA RELECTURA GENERAL DE LA OBRA CONFIRMÓ ESA TEORÍA. EN TODAS LAS FICCIONES, CADA VEZ QUE UN HOMBRE SE

ENFRENTA CON DIVERSAS ALTERNATIVAS, OPTA POR UNA Y ELIMINA LAS OTRAS; EN LA DEL CASI INEXTRICABLE

TS'UI PÊN, OPTA

—SIMULTÁNEAMENTE— POR TODAS. CREA, ASÍ, DIVERSOS PORVENIRES, DIVERSOS TIEMPOS, QUE TAMBIÉN, PROLIFERAN Y SE BIFURCAN. PUERTA;

DE AHÍ LAS CONTRADICCIONES DE LA NOVELA. FANG, DIGAMOS, TIENE UN SECRETO; UN DESCONOCIDO LLAMA A SU

FANG RESUELVE MATARLO. NATURALMENTE, HAY VARIOS DESENLACES POSIBLES: FANG PUEDE MATAR AL INTRUSO, EL

INTRUSO PUEDE MATAR A

FANG, AMBOS PUEDEN SALVARSE, AMBOS PUEDEN MORIR, ETCÉTERA. EN LA OBRA DE TS'UI PÊN, TODOS

LOS DESENLACES OCURREN; CADA UNO ES EL PUNTO DE PARTIDA DE OTRAS BIFURCACIONES.ALGUNA VEZ, LOS SENDEROS DE ESE LABERINTO CONVERGEN; POR EJEMPLO, USTED LLEGA A ESTA CASA, PERO EN UNO DE LOS PASADOS POSIBLES USTED ES MI ENEMIGO, EN OTRO MI AMIGO.

SI SE RESIGNA USTED A MI PRONUNCIACIÓN INCURABLE, LEEREMOS UNAS PÁGINAS.

SU ROSTRO, EN EL VÍVIDO CÍRCULO DE LA LÁMPARA, ERA SIN DUDA EL DE UN ANCIANO, PERO CON ALGO INQUEBRANTABLE Y AUN INMORTAL.

LEYÓ CON LENTA PRECISIÓN DOS REDACCIONES DE UN MISMO CAPÍTULO ÉPICO. EN LA PRIMERA UN EJÉRCITO

MARCHA HACIA UNA BATALLA A TRAVÉS DE UNA MONTAÑA DESIERTA; EL HORROR DE LAS PIEDRAS Y DE LA SOMBRA LE HACE MENOSPRECIAR LA VIDA Y LOGRA CON FACILIDAD LA VICTORIA; EN LA SEGUNDA, EL MISMO EJÉRCITO ATRAVIESA UN PALACIO EN EL QUE HAY UNA FIESTA; LA RESPLANDECIENTE BATALLA LE PARECE UNA CONTINUACIÓN DE LA FIESTA Y LOGRAN LA VICTORIA.

YO OÍA

CON DECENTE VENERACIÓN ESAS VIEJAS FICCIONES, ACASO MENOS ADMIRABLES QUE EL HECHO DE QUE LAS HUBIERA IDEADO MI SANGRE Y DE QUE UN HOMBRE DE UN IMPERIO REMOTO ME LAS RESTITUYERA, EN EL CURSO DE UN DESESPERADA AVENTURA, EN UNA ISLA OCCIDENTAL.

RECUERDO LAS PALABRAS FINALES, REPETIDAS EN CADA REDACCIÓN COMO UN MANDAMIENTO SECRETO:

ASÍ COMBATIERON LOS HÉROES, TRANQUILO EÑ ADMIRABLE CORAZÓN, VIOLENTA LA ESPADA, RESIGNADOS A MATAR Y MORIR. DESDE ESE INSTANTE, SENTÍ A MI ALREDEDOR Y EN MI OSCURO CUERPO UNA INVISIBLE, INTANGIBLE PULULACIÓN. NO LA PULULACIÓN DE LOS DIVERGENTES, PARALELOS Y FINALMENTE COALESCENTES EJÉRCITOS, SINO UNA AGITACIÓN MÁS INACCESIBLE, MÁS ÍNTIMA Y QUE ELLOS DE ALGÚN MODO PREFIGURABAN.

STEPHEN ALBERT PROSIGUIÓ:

— NO CREO QUE SU ILUSTRE ANTEPASADO JUGARA OCIOSAMENTE A LAS VARIACIONES. NO JUZGO VEROSÍMIL QUE SACRIFICARA TRECE AÑOS A LA INFINITA EJECUCIÓN DE UN EXPERIMENTO RETÓRICO. SUBALTERNO; EN AQUEL TIEMPO ERA UN GÉNERO DESPRECIABLE.

EN SU PAÍS, LA NOVELA ES UN GÉNERO

TS'UI PÊN FUE UN NOVELISTA GENIAL, PREO TAMBIÉN FUE UN

HOMBRE DE LETRAS QUE SIN DUDA NO SE CONSIDERÓ UN MERO NOVELISTA.

EL TESTIMONIO DE SUS CONTEMPORÁNEOS PROCLAMA

—Y HARTO LO CONFIRMA SU VIDA— SUS AFICIONES METAFÍSICAS, MÍSTICAS. LA CONTROVERSIA FILOSÓFICA USURPA BUENA PARTE DE SU NOVELA. TIEMPO.

SÉ QUE DE TODOS LOS PROBLEMAS, NINGUNO LO INQUIETÓ Y LO TRABAJÓ COMO EL ABISMAL PROBLEMA DEL

AHORA BIEN, ÉSE ES EL ÚNICO PROBLEMA QUE NO FIGURA EN LAS PÁGINAS DEL JATDÍN. NI SIQUIERA USA LA PALABRA

QUE QUIERE DECIR TIEMPO.

¿CÓMO SE EXPLICA USTED ESA VOLUNTARIA OMISIÓN?

PROPUSE VARIAS SOLUCIONES; TODAS, INSUFICIENTES. LAS DISCUTIMOS; AL FIN, STEPHEN ALBERT ME DIJO: —EN UNA ADIVINANZA CUYO TEMA ES EL AJEDREZ ¿CUÁL ES LA ÚNICA PALABRA PROHIBIDA? REFELXIONÉ UN MOMENTO Y REPUSE: —LA PALABRA AJEDREZ. —PRECISAMENTE -DIJO ALBERT-, EL JARDÍN DE LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN ES UNA ENORME ADIVINANZA, O PARÁBOLA, CUYO TEMA ES EL ESPACIO; ESA CAUSA RECÓNDITA LE PROHÍBE LA MENCIÓN DE SU NOMBRE.

OMITIR SIEMPRE UNA

PALABRA, RECURRIR A METÁFORAS INEPTAS Y A PERÍFRASIS EVIDENTES, ES QUIZÁ EL MODO MÁS ENFÁTICO DE INDICARLA. MODO TORTUOSO QUE PREFIRIÓ, EN CADDA UNO DE LOS MEANDROS DE SU INFATIGABLE NOVELA, EL OBLICUO

ES EL

TS'UI PÊN. HE

CONFRONTADO CENTENARES DE MANUSCRITOS, HE CORREGIDO LOS ERRORES QUE LA NEGLIGENCIA DE LOS COPISTAS HA INTRODUCIDO, HE CONJETURADO EL PLAN DE ESE CAOS, HE RESTABLECIDO, HE CREÍDO RESTABLECER, EL ORDEN PRIMORDIAL, HE TRADUCIDO LA OBRA ENTERA: ME CONSTA QUE NO EMPLEA UNA SOLA VEZ LA PALABRA TIEMPO.

LA EXPLICACIÓN ES OBVIA:EL

JARDÍN DE LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN ES UNA IMÁGEN INCOMPLETA, PERO NO FALSA, DEL UNIVERSO TAL COMO LO CONCEBÍA

TS'UI PÊN. A DIFERENCIA DE NEWTON Y DE SCHOPENHAUER, SU ANTEPASADO NO CREÍA EN UN TIEMPO UNIFORME,

ABSOLUTO.

CREÍA EN INFINITAS SERIES DE TIEMPOS, EN UNA RED CRECIENTE Y VERTIGINOSA DE TIEMPOS DIVERGENTES,

CONVERGENTES Y PARALELOS.

ESA TRAMA DE TIEMPOS QUE SE APROXIMAN, SE BIFURCAN, SE CORTAN O QUE SECULARMENTE SE

IGNORAN, ABARCA TODAS LA POSIBILIDADES.

NO EXISTIMOS EN LA MAYORÍA DE ESOS TIEMPOS; EN ALGUNOS EXISTE USTED Y NO

YO; EN OTROS, YO, NO USTED; EN OTROS, LOS DOS.

EN ÉSTE, QUE UN FAVORABLE AZAR ME DEPARA, USTED HA LLEGADO A MI

CASA; EN OTRO, USTED, AL ATRAVEZAR EL JARDÍN, ME HA ENCONTRADO MUERTO; EN OTRO, YO DIGO ESTAS MISMAS PALABRAS, PERO SOY UN ERROR, UN FANTASMA.

—EN TODOS —ARTICULÉ NO SIN UN TEMBLOR— YO AGRADEZCO Y VENERO SU RECREACIÓN DEL JARDÍN DE TS'UI PÊN. —NO EN TODOS -MURMURÓ CON UNA SONRISA-. EL TIEMPO SE BIFURCA PERPETUAMENTE HACIA INNUMERABLES FUTUROS. EN UNO DE ELLOS SOY SU ENEMIGO. VOLVÍ A SENTIR ESA PULULACIÓN DE QUE HABLÉ. ME PARECIÓ QUE EL HÚMEDO JARDÍN QUE RODEABA LA CASA ESTABA SATURADO HASTA LO INFINITO DE INVISBLES PERSONAS. MULTIFORMES EN OTRAS DIMENSIONES DE TIEMPO.

ESAS PERSONAS ERAN ALBERT Y YO, SECRETOS, ATAREADOS Y

ALCÉ LOS OJOS Y LA TENUE PESADILLA SE DISIPÓ. EN EL AMARILLO Y NEGRO

JARDÍN HABÍA UN SOLO HOMBRE; PERO ESE HOMBRE ERA FUERTE COMO UNA ESTATUA, PERO ESE HOMBRE AVANZABA POR EL SENDERO Y ERA EL CAPITÁN

RICHARD MADDEN.

—EL PORVENIR YA EXISTE —RESPONDÍ—, PERO YO SOY SU AMIGO. ¿PUEDO EXAMINAR DE NUEVO LA CARTA? ALBERT SE LEVANTÓ. ALTO, ABRIÓ EL CAJÓN DEL ALTO ESCRITORIO; ME DIO POR UN MOMENTO LA ESPALDA. YO HABÍA PREPARADO EL REVÓLVER.

DISPARÉ CON SUMO CUIDADO: ALBERT SE DESPLOMÓ SIN UNA QUEJA, INMEDIATAMENTE. YO JURO QUE

SU MUERTE FUE INSTANTÁNEA: UNA FULMINACIÓN.

LO DEMÁS ES IRREAL, INSIGNIFICANTE. MADDEN IRRUMPIÓ, ME ARRESTÓ. HE SIDO CONDENADO A LA HORCA. ABOMINABLEMENTE HE VENCIDO: HE COMUNICADO A BERLÍN EL SECRETO NOMBRE DE LA CIUDAD QUE DEBEN ATACAR. AYER LA BOMBARDEARON; LO LEÍ EN LOS MISMOS PERIÓDICOS QUE PROPUSIERONA INGLATERRA EL ENIGMA DE QUE EL SABIO SINÓLOGO

STEPHEN ALBERT MURIERA ASESINADO POR UN DESCONOCIDO, YU TSUN. EL JEFE HA DESCIFRADO ESE ENIGMA. SABE QUE MI PROBLEMA ERA INDICAR

(A TRAVÉS DEL ESTRÉPITO DE LA GUERRA) LA CIUDAD QUE SE LLAMA ALBERT Y QUE NO HALLÉ OTRO

MEDIO QUE MATAR A UNA PERSONA CON ESE NOMBRE.

NO SABE (NADIE PUEDE SABER) MI INNUMERABLE CONTRICIÓN Y

CANSANCIO. [1] HIPÓTESIS ODIOSA Y ESTRAFALARIA. EL ESPÍA PRUSIANO HANS RABENER ALIAS VIKTOR RUNEBERG AGREDIÓ CON UNA PISTOLA AUTOMÁTICA AL PORTADOR DE LA ORDE DE ARRESTRO, CAPITÁN

RICHARD MADDEN. ÉSTE, EN DEFENSA PROPIA, LE CAUSÓ HERIDAS QUE DETERMINARON SU MUERTE. (NOTA DEL EDITOR.)

EMMA ZUNZ JORGE LUIS BORGES EL CATORCE DE ENERO DE 1922, EMMA ZUNZ, AL VOLVER DE LA FÁBRICA DE TEJIDOS TARBUCH Y LOEWENTHAL, HALLÓ EN EL FONDO DEL ZAGUÁNUNA CARTA, FECHADA EN EL

BRASIL, POR LA QUE SUPO QUE SU PADRE HABÍA MUERTO. LA ENGAÑARON, A

PRIMERA VISTA, EL SELLO Y EL SOBRE; LUEGO, LA INQUIETÓ LA LETRA DESCONOCIDA. QUERÍAN COLMAR LA HOJA;

EMMA LEYÓ QUE EL SEÑOR MAIER HABÍA INGERIDO POR ERROR UNA FUERTE DOSIS DE VERONAL Y

HABÍA FALLECIDO EL TRES DEL CORRIENTE EN EL HOSPITAL DE NOTICIA, UN TAL

NUEVE DIEZ LÍNEAS BORRONEADAS

BAGÉ. UN COMPAÑERO DE PENSIÓN DE SU PADRE FIRMABA LA

FEINO FAIN, DE RÍO GRANDE, QUE NO PODÍA SABER QUE SE DIRIGÍA A LA HIJA DEL MUERTO.

EMMA DEJÓ CAER EL PAPEL. SU PRIMERA IMPRESIÓN FUE DE MALESTAR EN EL VIENTRE Y EN LAS RODILLAS; LUEGO DE CIEGA CULPA, DE IRREALIDAD, DE FRÍO, DE TEMOR; LUEGO, QUISO YA ESTAR EN EL DÍA SIGUIENTE.

ACTO CONTÍNUO

COMPRENDIÓ QUE ESA VOLUNTAD ERA INÚTIL PORQUE LA MUERTE DE SU PADRE ERA LO ÚNICO QUE HABÍA SUCEDIDO EN EL MUNDO, Y SEGUIRÍA SUCEDIENDO SIN FIN.

RECOGIÓ EL PAPEL Y SE FUE ASUCUARTO. FURTIVAMENTE LO GUARDÓ EN UN CAJÓN,

COMO SI DE ALGÚN MODO YA CONOCIERA LOS HECHOS ULTERIORES.

YA HABÍA EMPEZADO A VISLUMBRARLOS, TAL VEZ; YA ERA LA

QUE SERÍA.

EN LA CRECIENTE OSCURIDAD, EMMA LLORÓ HASTA EL FIN DE AQUEL DÍA DEL SUICIDIO DE MANUEL MAIER, QUE EN LOS ANTIGUOS DÍAS FELICES FUE

EMANUEL ZUNZ. RECORDÓ VERANEOS EN UNA CHACRA, CERCA DE GUALEGUAY, RECORDÓ (TRATÓ DE

RECORDAR) A SU MADRE, RECORDÓ LA CASITA DE

LANÚS QUE LES REMATARON, RECORDÓ LOS AMARILLOS LOSANGES DE UNA

VENTANA, RECORDÓ EL AUTO DE PRISIÓN, EL OPROBIO, RECORDÓ LOS ANÓNIMOS CON EL SUELTO SOBRE CAJERO», RECORDÓ

LOEWENTHAL.

«EL DESFALCO DEL

(PERO ESO JAMÁS LO OLVIDABA) QUE SU PADRE, LA ÚLTIMA NOCHE, LE HABÍA JURADO QUE EL LADRÓN ERA

LOEWENTHAL, AARÓN LOEWENTHAL, ANTES GERENTE DE LA FÁBRICA Y AHORA UNO DE LOS DUEÑOS. EMMA, DESDE 1916, GUARDABA EL SECRETO.

A NADIE SE LO HABÍA REVELADO, NI SIQUIERA A SU MEJOR AMIGA, ELSA URSTEIN. QUIZÁ REHUÍA LA

PROFANA INCREDULIDAD; QUIZÁ CREÍA QUE EL SECRETO ERA UN VÍNCULO ENTRE ELLA Y EL AUSENTE. ELLA SABÍA;

LOEWENTHAL NO SABÍA QUE

EMMA ZUNZ DERIVABA DE ESE HECHO ÍNFIMO UN SENTIMIENTO DE PODER.

NO DURMIÓ AQUELLA NOCHE, Y CUANDO LA PRIMERA LUZ DEFINIÓ EL RECTÁNGULO DE LA VENTANA, YA ESTABA PERFECTO SU PLAN.

PROCURÓ QUE ESE DÍA, QUE LE PARECIÓ INTERMINABLE, FUERA COMO LOS OTROS. HABÍA EN LA FÁBRICA RUMORES DE

HUELGA;

EMMA SE DECLARÓ, COMO SIEMPRE, CONTRA TODA VIOLENCIA. A LAS SEIS, CONCLUIDO EL TRABAJO, FUE CON ELSA A

UN CLUB DE MUJERES, QUE TIENE GIMNASIO Y PILETA.

SE INSCRIBIERON; TUVO QUE REPETIR Y DELETREAR SU NOMBRE Y SU

APELLIDO, TUVO QUE FESTEJAR LAS BROMAS VULGARES QUE COMENTAN LA REVISACIÓN.

CON ELSA Y CON LA MENOR DE LAS

KRONFUSS DISCUTIÓ A QUÉ CINEMATÓGRAFO IRÍAN EL DOMINGO A LA TARDE. LUEGO, SE HABLÓ DE NOVIOS Y NADIE ESPERÓ QUE EMMA HABLARA. EN ABRIL CUMPLIRÍA DIECINUEVE AÑOS, PERO LOS HOMBRES LE INSPIRABAN, AÚN, UN TEMOR CASI PATOLÓGICO... DORMIR.

DE VUELTA, PREPARÓ UNA SOPA DE TAPIOCA Y UNAS LEGUMBRES, COMIÓ TEMPRANO, SE ACOSTÓ Y SE OBLIGÓ A

ASÍ, LABORIOSO Y TRIVIAL, PASÓ EL VIERNES QUINCE, LA VÍSPERA.

EL SÁBADO, LA IMPACIENCIA LA DESPERTÓ. LA IMPACIENCIA, NO LA INQUIETUD, Y EL SINGULAR ALIVIO DE ESTAR EN AQUEL DÍA, POR FIN.

YA NO TENÍA QUE TRAMAR Y QUE IMAGINAR; DENTRO DE ALGUNAS HORAS ALCANZARÍA LA SIMPLICIDAD DE LOS HECHOS.

LEYÓ EN LA PRENSA QUE EL NORDSTJÄRNAN, DE MALMÖ, ZARPARÍA ESA NOCHE DEL DIQUE 3; LLAMÓ POR TELÉFONO A LOEWENTHAL, INSINUÓ QUE DESEABA COMUNICAR, SIN QUE LO SUPIERAN LAS OTRAS, ALGO SOBRE LA HUELGA Y PROMETIÓ PASAR POR EL ESCRITORIO, AL OSCURECER. MEMORABLE OCURRIÓ ESA MAÑANA. DEL PASEO DEL DOMINGO. TRAMADO.

LE TEMBLABA LA VOZ; EL TEMBLOR CONVENÍA A UNA DELATORA. NINGÚN OTRO HECHO

EMMA TRABAJÓ HASTA LAS DOCE Y FIJÓ CON ELSA Y CON PERLA KRONFUSS LOS PORMENORES

SE ACOSTÓ DESPUÉS DE ALMORZAR Y RECAPITULÓ, CERRADOS LOS OJOS, EL PLAN QUE HABÍA

PENSÓ QUE LA ETAPA FINAL SERÍA MENOS HORRIBLE QUE LA PRIMERA Y QUE LE DEPARARÍA, SIN DUDA, EL SABOR DE LA

VICTORIA Y DE LA JUSTICIA. RETRATO DE

DE PRONTO, ALARMADA, SE LEVANTÓ Y CORRIÓ AL CAJÓN DE LA CÓMODA. LO ABRIÓ; DEBAJO DEL

MILTON SILLS, DONDE LA HABÍA DEJADO LA ANTENOCHE, ESTABA LA CARTA DE FAIN. NADIE PODÍA HABERLA VISTO;

LA EMPEZÓ A LEER Y LA ROMPIÓ.

REFERIR CON ALGUNA REALIDAD LOS HECHOS DE ESA TARDE SERÍA DIFÍCIL Y QUIZÁ IMPROCEDENTE. UN ATRIBUTO DE LO INFERNAL ES LA IRREALIDAD, UN ATRIBUTO QUE PARECE MITIGAR SUS TERRORES Y QUE LOS AGRAVA TAL VEZ.

¿CÓMO HACER

VEROSÍMIL UNA ACCIÓN EN LA QUE CASI NO CREYÓ QUIEN LA EJECUTABA, CÓMO RECUPERAR ESE BREVE CAOS QUE HOY LA MEMORIA DE

EMMA ZUNZ REPUDIA Y CONFUNDE? EMMA VIVÍA POR ALMAGRO, EN LA CALLE LINIERS; NOS CONSTA QUE ESA TARDE

FUE AL PUERTO.

ACASO EN EL INFAME PASEO DE JULIO SE VIO MULTIPLICADA EN ESPEJOS, PUBLICADA POR LUCES Y DESNUDADA

POR LOS OJOS HAMBRIENTOS, PERO MÁS RAZONABLE ES CONJETURAR QUE AL PRINCIPIO ERRÓ, INADVERTIDA, POR LA INDIFERENTE RECOVA... HOMBRES DEL

ENTRÓ EN DOS O TRES BARES, VIO LA RUTINA O LOS MANEJOS DE OTRAS MUJERES. DIO AL FIN CON

NORDSTJÄRNAN. DE UNO, MUY JOVEN, TEMIÓ QUE LE INSPIRARA ALGUNA TERNURA Y OPTÓ POR OTRO, QUIZÁ MÁS

BAJO QUE ELLA Y GROSERO, PARA QUE LA PUREZA DEL HORROR NO FUERA MITIGADA.

EL HOMBRE LA CONDUJO A UNA PUERTA Y

DESPUÉS A UN TURBIO ZAGUÁN Y DESPUÉS A UNA ESCALERA TORTUOSA Y DESPUÉS A UN VESTÍBULO VIDRIERA CON LOSANGES IDÉNTICOS A LOS DE LA CASA EN CERRÓ.

(EN EL QUE HABÍA UNA

LANÚS) Y DESPUÉS A UN PASILLO Y DESPUÉS A UNA PUERTA QUE SE

LOS HECHOS GRAVES ESTÁN FUERA DEL TIEMPO, YA PORQUE EN ELLOS EL PASADO INMEDIATO QUEDA COMO TRONCHADO

DEL PORVENIR, YA PORQUE NO PARECEN CONSECUTIVAS LAS PARTES QUE LOS FORMAN.

¿EN AQUEL TIEMPO FUERA DEL TIEMPO, EN AQUEL DESORDEN PERPLEJO DE SENSACIONES INCONEXAS Y ATROCES, PENSÓ EMMA ZUNZ UNA SOLA VEZ EN EL MUERTO QUE MOTIVABA EL SACRIFICIO? YO TENGO PARA MÍ QUE PENSÓ UNA VEZ Y QUE EN ESE MOMENTO PELIGRÓ SU DESESPERADO PROPÓSITO. COSA HORRIBLE QUE A ELLA AHORA LE HACÍAN.

PENSÓ (NO PUDO NO PENSAR) QUE SU PADRE LE HABÍA HECHO A SU MADRE LA

LO PENSÓ CON DÉBIL ASOMBRO Y SE REFUGIÓ, EN SEGUIDA, EN EL VÉRTIGO. EL

HOMBRE, SUECO O FINLANDÉS, NO HABLABA ESPAÑOL; FUE UNA HERRAMIENTA PARA ELLA SIRVIÓ PARA EL GOCE Y ÉL PARA LA JUSTICIA.

EMMA COMO ÉSTA LO FUE PARA ÉL, PERO

CUANDO SE QUEDÓ SOLA, EMMA NO ABRIÓ EN SEGUIDA LOS OJOS. EN LA

MESA DE LUZ ESTABA EL DINERO QUE HABÍA DEJADO EL HOMBRE:

EMMA SE INCORPORÓ Y LO ROMPIÓ COMO ANTES HABÍA ROTO LA

CARTA.

ROMPER DINERO ES UNA IMPIEDAD, COMO TIRAR EL PAN; EMMA SE ARREPINTIÓ, APENAS LO HIZO. UN ACTO DE SOBERBIA

Y EN AQUEL DÍA... PERO

EL TEMOR SE PERDIÓ EN LA TRISTEZA DE SU CUERPO, EN EL ASCO. EL ASCO Y LA TRISTEZA LA ENCADENABAN,

EMMA LENTAMENTE SE LEVANTÓ Y PROCEDIÓ A VESTIRSE. EN EL CUARTO NO QUEDABAN COLORES VIVOS; EL ÚLTIMO

CREPÚSCULO SE AGRAVABA. OESTE.

EMMA PUDO SALIR SIN QUE LO ADVIRTIERAN; EN LA ESQUINA SUBIÓ A UN LACROZE, QUE IBA AL

ELIGIÓ, CONFORME A SU PLAN, EL ASIENTO MÁS DELANTERO, PARA QUE NO LE VIERAN LA CARA. QUIZÁ LE CONFORTÓ

VERIFICAR, EN EL INSÍPIDO TRAJÍN DE LAS CALLES, QUE LO ACAECIDO NO HABÍA CONTAMINADO LAS COSAS.

VIAJÓ POR BARRIOS

DECRECIENTES Y OPACOS, VIÉNDOLOS Y OLVIDÁNDOLOS EN EL ACTO, Y SE APEÓ EN UNA DE LAS BOCACALLES DE

WARNES.

PARDÓJICAMENTE SU FATIGA VENÍA A SER UNA FUERZA, PUES LA OBLIGABA A CONCENTRARSE EN LOS PORMENORES DE LA AVENTURA Y LE OCULTABA EL FONDO Y EL FIN.

AARÓN LOEWENTHAL ERA, PARA TODOS, UN HOMBRE SERIO; PARA SUS POCOS ÍNTIMOS, UN AVARO. VIVÍA EN LOS ALTOS DE LA FÁBRICA, SOLO.

ESTABLECIDO EN EL DESMANTELADO ARRABAL, TEMÍA A LOS LADRONES; EN EL PATIO DE LA FÁBRICA HABÍA UN

GRAN PERRO Y EN EL CAJÓN DE SU ESCRITORIO, NADIE LO IGNORABA, UN REVÓLVER. ANTERIOR, LA INESPERADA MUERTE DE SU MUJER VERDADERA PASIÓN.

- ¡UNA GAUSS, QUE LE TRAJO UNA BUENA DOTE! -, PERO EL DINERO ERA SU

CON ÍNTIMO BOCHORNO SE SABÍA MENOS APTO PARA GANARLO QUE PARA CONSERVARLO. ERA MUY

RELIGIOSO; CREÍA TENER CON EL DEVOCIONES.

HABÍA LLORADO CON DECORO, EL AÑO

SEÑOR UN PACTO SECRETO, QUE LO EXIMÍA DE OBRAR BIEN, A TRUEQUE DE ORACIONES Y

CALVO, CORPULENTO, ENLUTADO, DE QUEVEDOS AHUMADOS Y BARBA RUBIA, ESPERABA DE PIE, JUNTO A LA

VENTANA, EL INFORME CONFIDENCIAL DE LA OBRERA

ZUNZ.

LA VIO EMPUJAR LA VERJA (QUE ÉL HABÍA ENTORNADO A PROPÓSITO) Y CRUZAR EL PATIO SOMBRÍO. LA VIO HACER UN PEQUEÑO RODEO CUANDO EL PERRO ATADO LADRÓ.

LOS LABIOS DE EMMA SE ATAREABAN COMO LOS DE QUIEN REZA EN VOZ BAJA;

CANSADOS, REPETÍAN LA SENTENCIA QUE EL SEÑOR HABÍA PREVISTO

LOEWENTHAL OIRÍA ANTES DE MORIR. LAS COSAS NO OCURRIERON COMO

EMMA ZUNZ. DESDE LA MADRUGADA ANTERIOR, ELLA SE HABÍA SOÑADO MUCHAS VECES, DIRIGIENDO EL FIRME

REVÓLVER, FORZANDO AL MISERABLE A CONFESAR LA MISERABLE CULPA Y EXPONIENDO LA INTRÉPIDA ESTRATAGEMA QUE PERMITIRÍA A LA JUSTICIA DE

DIOS TRIUNFAR DE LA JUSTICIA HUMANA. (NO POR TEMOR, SINO POR SER UN INSTRUMENTO DE LA

JUSTICIA, ELLA NO QUERÍA SER CASTIGADA.) LUEGO, UN SOLO BALAZO EN MITAD DEL PECHO RUBRICARÍA LA SUERTE DE LOEWENTHAL. PERO LAS COSAS NO OCURRIERON ASÍ. ANTE AARÓN LOEIVENTHAL, MÁS QUE LA URGENCIA DE VENGAR A SU PADRE, EMMA SINTIÓ LA DE CASTIGAR EL ULTRAJE PADECIDO POR ELLO.

NO PODÍA NO MATARLO, DESPUÉS DE ESA MINUCIOSA DESHONRA. TAMPOCO TENÍA TIEMPO QUE PERDER EN

TEATRALERÍAS.

SENTADA, TÍMIDA, PIDIÓ EXCUSAS A LOEWENTHAL, INVOCÓ (A FUER DE DELATORA) LAS OBLIGACIONES DE LA

LEALTAD, PRONUNCIÓ ALGUNOS NOMBRES, DIO A ENTENDER OTROS Y SE CORTÓ COMO SI LA VENCIERA EL TEMOR.

LOGRÓ QUE

LOEWENTHAL SALIERA A BUSCAR UNA COPA DE AGUA. CUANDO ÉSTE, INCRÉDULO DE TALES ASPAVIENTOS, PERO INDULGENTE, VOLVIÓ DEL COMEDOR,

EMMA YA HABÍA SACADO DEL CAJÓN EL PESADO REVÓLVER. APRETÓ EL GATILLO DOS VECES. EL

CONSIDERABLE CUERPO SE DESPLOMÓ COMO SI LOS ESTAMPI-DOS Y EL HUMO LO HUBIERAN ROTO, EL VASO DE AGUA SE ROMPIÓ, LA CARA LA MIRÓ CON ASOMBRO Y CÓLERA, LA BOCA DE LA CARA LA INJURIÓ EN ESPAÑOL Y EN ÍDISCH. CEJABAN;

LAS MALAS PALABRAS NO

EMMA TUVO QUE HACER FUEGO OTRA VEZ. EN EL PATIO, EL PERRO ENCADENADO ROMPIÓ A LADRAR, Y UNA EFUSIÓN DE

BRUSCA SANGRE MANÓ DE LOS LABIOS OBSCENOS Y MANCHÓ LA BARBA Y LA ROPA. PREPARADO

EMMA INICIÓ LA ACUSACIÓN QUE HABÍA

(«HE VENGADO A MI PADRE Y NO ME PODRÁN CASTIGAR...»), PERO NO LA ACABÓ, PORQUE EL SEÑOR LOEWENTHAL YA

HABÍA MUERTO.

NO SUPO NUNCA SI ALCANZÓ A COMPRENDER.

LOS LADRIDOS TIRANTES LE RECORDARON QUE NO PODÍA, AÚN, DESCANSAR. DESORDENÓ EL DIVÁN, DESABROCHÓ EL SACO DEL CADÁVER, LE QUITÓ LOS QUEVEDOS SALPICADOS Y LOS DEJÓ SOBRE EL FICHERO. TANTAS VECES REPETIRÍA, CON ESAS Y CON OTRAS PALABRAS:

LUEGO TOMÓ EL TELÉFONO Y REPITIÓ LO QUE

HA OCURRIDO UNA COSA QUE ES INCREÍBLE... EL SEÑOR

LOEWENTHAL ME HIZO VENIR CON EL PRETEXTO DE LA HUELGA... ABUSÓ DE MÍ, LO MATÉ... LA HISTORIA ERA INCREÍBLE, EN EFECTO, PERO SE IMPUSO A TODOS, PORQUE SUSTANCIALMENTE ERA CIERTA. VERDADERO EL PUDOR, VERDADERO EL ODIO.

VERDADERO ERA EL TONO DE EMMA ZUNZ,

VERDADERO TAMBIÉN ERA EL ULTRAJE QUE HABÍA PADECIDO; SÓLO ERAN FALSAS

LAS CIRCUNSTANCIAS, LA HORA Y UNO O DOS NOMBRES PROPIOS.

EL ALMOHADÓN DE PLUMAS HORACIO QUIROGA

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la estatura de Jordán , mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer. Durante tres meses −se habían casado en abril− vivieron una dicha especial. Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre. La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso −frisos, columnas y estatuas de mármol− producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a la otra, los pasos

hallaban

eco

en

toda

la

casa,

como

si

un

largo

abandono

hubiera

sensibilizado

se

resonancia.

En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido. No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada del brazo de su marido. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó muy lento la mano por la cabeza, y Alicia rompió en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni pronunciar una palabra. Fue ese el último día en que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole cama y descanso absolutos. −No sé −le dijo a Jordán en la puerta de la calle con la voz todavía baja−. Tiene una gran debilidad que no me explico. Y sin vómitos, nada... Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida. Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte . Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y pleno silencio. Pasábanse horas sin que se oyera el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y prosegía su mudo vaivén a lo largo de la cama, deteniéndose un instante en cada extremo para mirar a su mujer. Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar una alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar y sus narices y labios se perlaron de sudor. −¡Jordán! ¡Jordán! −exclamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra. Jordán

corrió

al

−¡Soy yo, Alicia, soy yo!

dormitorio,

al

verlo

aparecer

Alicia

lanzó

un

alarido

de

horror.

Alicia lo miró con extravío, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola por media hora, temblando. Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella sus ojos. Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia con estupor, mientras ellos pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio, y siguieron al comedor. −Pst...−se −¡Solo

encogió eso

de

me

hombros

desalentado

faltaba!−

resopló

su

médico−.

Jordán.

Y

Es

un

caso

tamborileó

serio...

bruscamente

Poco

hay

sobre

que

hacer.

la

mesa.

Alicia fue extinguiéndose en subdelirio de anemia, agravado de tarde, pero remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas oleadas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aun que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaban ahora en forma de monstruos que se arrastraban ante la cama, y trepaban dificultosamente por la colcha. Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el sordo retumbo de los eternos pasos de Jordán. Alicia murió, por fin. La sirvienta, cuando entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón. −¡Señor! −llamó a Jordán en voz baja−. En el almohadón hay manchas que parecen sangre. Jordán se acercó rápidamente y se dobló sobre aquél. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras. −Parecen picaduras −murmuró −Levántelo a la luz −le dijo Jordán.

la

sirvienta

después

de

un

rato

de

inmóvil

observación.

La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban. −¿Qué −Pesa

hay? mucho

− −articuló

murmuró la

sirvienta,

con sin

voz dejar

ronca. de

temblar.

Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca. Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca −su trompa mejor dicho− a las sienes de aquélla chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón sin duda había impedido al principio su desarrollo; pero desde que la joven no pudo moverse la succión fue vertiginosa. En cinco días. En cinco noches, había vaciado a Alicia. Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlo en los almohadones de pluma.

UNIDAD II GENESIS: DÍA 1 1. 2. 3. 4. 5.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: "Haya luz", y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad; y llamó Dios a la luz "día", y a la oscuridad la llamó "noche". Y atardeció y amaneció: día primero.

Fue en el día primero que Dios creo el día y la noche. Ya en el primer versículo de la Biblia se denota el inmenso poder del creador, el cuidado y el amor que tuvo desde un comienzo para con su creación. Día 2: 6. Dijo Dios: "Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras." 7. E hizo Dios el firmamento; y apartó las aguas de por debajo del firmamento, de las aguas de por encima del firmamento. Y así fue. 8. Y llamó Dios al firmamento "cielos". Y atardeció y amaneció: día segundo. El Espíritu de Dios estaba presente en la creación, un acto tan importante requería la presencia de las tres personas de la Trinidad. ¿Cuan especial habrá sido este momento para nuestro Dios?. Sin duda que toda su atención y su poder fueron puestos en acción pensando en nosotros. Día 3: 9. Dijo Dios: "Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto, y déjese ver lo seco"; y así fue. 10. Y llamó Dios a lo seco "tierra", y al conjunto de las aguas lo llamó "mares"; y vio Dios que estaba bien. 11. Dijo Dios: "Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto, de su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra." Y así fue. 12. La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla dentro, por sus especies; y vio Dios que estaban bien. 13. Y atardeció y amaneció: d En el tercer día fue creada la tierra y el mar. En 2 de Pedro 3:5 se vuelve hacer alusión a este maravilloso acto. Día 4: 14. Dijo Dios: "Haya luceros en el firmamento celeste, para apartar el día de la noche, y valgan de señales para solemnidades, días y años; 15. y valgan de luceros en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra." Y así fue. 16. Hizo Dios los dos luceros mayores; el lucero grande para el dominio del día, y el lucero pequeño para el dominio de la noche, y las estrellas; 17. y los puso Dios en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra, 18. y para dominar en el día y en la noche, y para apartar la luz de la oscuridad; y vio Dios que estaba bien. 19. Y atardeció y amaneció: día cuarto. El sol y la luna fueron creados. Con solo mirar hacia arriba, recordamos lo pequeños y frágiles que somos. La dependencia de Dios es nuestra única salida. Día 5: 20. Dijo Dios: "Bullan las aguas de animales vivientes, y aves revoloteen sobre la tierra contra el firmamento celeste." 21. Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo animal viviente, los que serpean, de los que bullen las aguas por sus especies, y todas las aves haladas por sus especies; y vio Dios que estaba bien; 22. y los bendijo Dios diciendo: "sean fecundos y multiplíquense, y llenen las aguas en los mares, y las aves crezcan en la tierra." 23. Y atardeció y amaneció: día quinto.

Día 6: 24. Dijo Dios: "Produzca la tierra animales vivientes de cada especie: bestias, sierpes y alimañas terrestres de cada especie." Y así fue. 25. Hizo Dios las alimañas terrestres de cada especie, y las bestias de cada especie, y toda sierpe del suelo de cada especie: y vio Dios que estaba bien. 26. Y dijo Dios: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. 27. Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, varón y mujer los creó. 28. Y los bendijo Dios, y les dijo Dios: "Sean fecundos y multiplíquense y llenen la tierra y sométanla; manden en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra". 29. Dijo Dios: "Vean que les he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para ustedes será de alimento. 30. Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento." Y así fue. 31. Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien. Y atardeció y amaneció: día sexto. Finalmente llego el sexto día. El ser humano fue creado a imagen de Dios. Todo fue hecho pensando en una estadía acogedora no solo por la creación sino también por la relación que el ser humano tenia con su Padre. Día 7: 1. 2. 3. 4.

Se concluyeron, pues, los cielos y la tierra y todo su aparato, y dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho, y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó; porque en él cesó Dios de toda la obra creadora que Dios había hecho. Esos fueron los orígenes de los cielos y la tierra, cuando fueron creados.

LIBRO SAGRADO DE LOS MAYAS: "POPOL VUH" (o "Libro del Indígena Quiché") PREÁMBULO Este es el principio de la antiguas historias de este lugar llamado Quiché. Aquí escribiremos y comenzaremos las antiguas historias, el principio y origen de todo lo que se hizo en la ciudad de Quiché, por las tribus de la nación quiché. Y aquí traeremos la manifestación, la publicación y la narración de lo que estaba oculto, la revelación por Tzacol, Bitol, Alom, Qaholom, que se llaman Hunahpú-Vuch, Hunahpú-Utiú, Zaqui-Nimá-Tziís, Tepeu, Gucumatz, u Qux Cho, u Qux Paló, Ah Raxá Lac, Ah Raxá Tzel, así llamados. Y [al mismo tiempo] la declaración, la narración conjuntas de la Abuela y el Abuelo cuyos nombres son Ixpiyacoc e Ixmucané, amparadores y protectores, dos veces abuela, dos veces abuelo, así llamados en las historias quichés, cuando contaban todo lo que hicieron en el principio de la vida, el principio de la historia. Esto lo escribiremos ya dentro de la ley de Dios, en el Cristianismo, lo sacaremos a luz, porque ya no se ve el Popo Vuh, así llamado, donde se veía claramente la venida del otro lado del mar, la narración de nuestra oscuridad, y se veía claramente la vida. Existía el libro original, escrito antiguamente, pero su vista está oculta al investigador y al pensador. Grande era la descripción y el relato de cómo se acabó de formar todo el cielo y la tierra, cómo fue formado y repartido en cuatro partes, cómo fue señalado y el cielo fue medido y se trajo la cuerda de medir y fue extendida en el cielo y en la tierra, en los cuatro ángulos, en los cuatro rincones, como fue dicho por el Creador y el Formador, la madre y el padre de la vida, de todo lo creado, el que da la respiración y el pensamiento, la que da a luz a los hijos, el que vela por la felicidad de los pueblos, la felicidad del linaje humano, el sabio, el que medita en la bondad de todo lo que existe en el cielo, en la tierra, en los lagos y en el mar. Notas de Adrián Recinos: Tzacol, Bitol, el Creador y el Formador

Alom, la diosa madre, la que concibe los hijos, de al, hijo, alán, dar a luz. Qaholom, el dios padre que engendra los hijos, de qahol, hijo del padre, qaholaj, engendrar. Madre y padre los llama Ximénez; son el Gran Padre y la Gran Madre, así llamados por los indios, según refiere Las Casas, y que estaban en el cielo. Hunahpú-Vuch, un cazador vulpeja o tacuazín (Opposum), dios del amanecer; vuch es el momento que precede al amanecer. Hunahpú-Vuch, es la divinidad en potencia femenina, según Seler. Hunahpú-Utiú, un cazador coyote, variedad de lobo (Canis latrans), dios de la noche, en potencia masculina; Zaqui-Nimá-Tziís, Gran pisote blanco (Nasua nasica) o coatí, encanecido por la edad, diosa madre; y su consorte Nim-Ac, Gran cerdo montés, o jabalí, ausente en este lugar por una omisión mecánica, pero invocado en el capítulo siguiente; Tepeu, el rey o soberano, del náhualt Tepeuh, tepeuani, que Molina traduce por conquistador o vencedor en batalla; ah tepeual entre los mayas , quienes lo tomaron igualmente de los mexicanos. Gucumatz, serpiente cubierta de plumas verdes, de guc, en maya, kuk, plumas verdes, quetzal por antonomasia, y cumatz, serpiente; es la versión quiché de Kukulkán, el nombre maya de Quetzalcóatl, el rey tolteca, conquistador, civilizador y dios de Yucatán durante el período del Nuevo Imperio Maya. El fuerte colorido mexicano de la religión de los quichés se refleja en esta pareja creadora que continúa siendo evocada a través del libro hasta que la divinidad toma forma corporal en Tohil, a quien en la Tercera Parte se identifica expresamente con Quetzalcóatl; U Qux Cho, el corazón o el espíritu de la laguna. U Qux Paló, el corazón o el espíritu del mar. Ya se verá que a la divinidad la llamaban también el Corazón del Cielo, u Qux Cah; Ah Raxá Lac, el Señor del verde plato, o sea la tierra; Ah Raxá Tzel, el Señor de la jícara verde o del cajete azul, como dice Ximénez, o sea el cielo. El nombre Hunahpú ha sido objeto de muchas interpretaciones. Literalmente significa un cazador con cerbatana, un tirador; etimológicamente es eso mismo y es vocablo de la lengua maya, ahpú en maya es cazador, y ah ppuh ob, forma de plural, son los monteros que van a la caza, según el Diccionario de Motul. Es evidente, sin embargo, que los quichés debían tener alguna razón más plausible que esta etimología para dar ese nombre a la divinidad. El cazador en los tiempos primitivos era un personaje muy importante; el pueblo vivía de la caza y de los frutos espontáneos de la tierra antes de la invención de la agricultura. Hunahpú sería, en consecuencia, el cazador universal, que proveía al hombre de su sustento; hun tiene también en maya la acepción de general y universal. Pero posiblemente los quichés que descendían directamente de los mayas, quisieron reproducir en el nombre Hunahpú el sonido de la palabra maya Hunab Ku, "el único dios", que servían para designar al dios principal del panteón maya, que no podía representarse materialmente, por ser incorpóreo. La pintura de un cazador podría haber servido en los tiempos antiguos para representar el fonema Hunab Ku que encerraba una idea abstracta, la de un ser espiritual y divino. El procedimiento es común en la escritura pictográfica precolombina. Hunahpú es también el nombre del vigésimo día del calendario quiché, el día más venerado de los antiguos, equivalente al maya Ahau, señor o jefe, y al náhualt Xóchitl, flor y sol, símbolo del dios sol o Tonatiuh. Ixpiyaco e Ixmucané, el viejo y la vieja (en maya ixnuc es vieja), equivalentes de los dioses mexicanos Cipactonal y Oxomoco, los sabios que según la leyenda tolteca inventaron la astrología judiciaria y compusieron la cuenta de los tiempos, o sea el calendario.

Primera Parte Capítulo Primero Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo. Esta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía. No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión. No había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia. Solamente había inmovilidad y silencio en la obscuridad, en la noche. Sólo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban ocultos bajo plumas verdes y azules, por eso se les llama Gucumatz. De grandes sabios, de grandes pensadores es su naturaleza. De esta manera existía el cielo y también el Corazón del Cielo, que éste es el nombre de Dios. Así contaban. Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumatz, en la obscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gucumatz. Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento. Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre.

Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la creación del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo, que se llama Huracán. El primero se llama Caculhá-Huracán. El segundo es Chipi-Caculhá. El tercero es Raxá-Caculhá. Y estos tres son el Corazón del Cielo. Entonces vinieron juntos Tepeu y Gucumatz; entonces conferenciaron sobre la vida y la claridad, cómo se hará para que aclare y amanezca, quién será el que produzca el alimento y el sustento. -- ¡Hágase así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta agua se retire y desocupe [el espacio], que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron. ¡Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron. Luego la tierra fue creada por ellos. Así fue en verdad como se hizo la creación de la tierra: -- ¡Tierra! -- dijeron, y al instante fue hecha. Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montanas; y al instante crecieron las montañas. Solamente por un prodigio, sólo por arte mágica se realizó la formación de las montañas y los valles; y al instante brotaron juntos los cipresales y pinares en la superficie. Y así se llenó de alegría Gucumatz, diciendo : -- ¡Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo; tú, Huracán, y tú, ChipiCaculhá, Raxá-Caculhá! -- Nuestra obra, nuestra creación será terminada -- contestaron. Primero se formaron la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas. Así fue la creación de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua. De esta manera se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación.

Capítulo II Luego hicieron a los animales pequeños del monte, los guardianes de todos los bosques, los genios de la montaña, los venados, los pájaros, leones, tigres, serpientes, culebras, cantiles [víboras], guardianes de los bejucos. Y dijeron los Progenitores: -- ¿Sólo silencio e inmovilidad habrá bajo los árboles y los bejucos? Conviene que en lo sucesivo haya quien los guarde. Asi dijeron cuando meditaron y hablaron en seguida. Al punto fueron creados los venados y las aves. En seguida les repartieron sus moradas a los venados y a las aves. -- Tú, venado, dormirás en la vega de los ríos y en los barrancos. Aquí estarás entre la maleza, entre las hierbas; en el bosque os multiplicaréis, en cuatro pies andaréis y os sostendréis-- . Y así como se dijo, se hizo. Luego designaron también su morada a los pájaros pequeños y a las aves mayores: -- Vosotros, pájaros, habitaréis sobre los árboles y los bejucos, allí haréis vuestros nidos, allí os multiplicaréis, allí os sacudiréis en las ramas de los árboles y de los bejucos --. Así les fue dicho a los venados y a los pájaros para que hicieran lo que debían hacer, y todos tomaron sus habitaciones y sus nidos. De esta manera los Progenitores les dieron sus habitaciones a los animales de la tierra. Y estando terminada la creación de todos los cuadrúpedos y las aves, les fue dicho a los cuadrúpedos y pájaros por el Creador y el Formador y los Progenitores: -- Hablad, gritad, gorjead, llamad, hablad cada uno según vuestra especie, según la variedad de cada uno -- . Así les fue dicho a los venados, los pájaros, leones, tigres y serpientes. -- Decid, pues, vuestros nombres, alabadnos a nosotros, vuestra madre, vuestro padre. ¡Invocad, pues, a Huracán, ChipiCalculhá, Raxa-Calculhá, el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, el Creador, el Formador, los Progenitores; hablad, invocadnos, adoradnos! -- les dijeron. Pero no se pudo conseguir que hablaran como los hombres; sólo chillaban, cacareaban y gramaban; no se manifestó la forma de su lenguaje, y cada uno gritaba de manera diferente. Cuando el Creador y el Formador vieron que no era posible que hablaran, se dijeron entre sí : -- No ha sido posible que ellos digan nuestro nombre, el de nosotros, sus creadores y formadores. Esto no está bien --, dijeron entre sí los Progenitores. Entonces se les dijo : -- Seréis cambiados porque no se ha conseguido que habléis. Hemos cambiado de parecer : vuestro alimento, vuestra pastura, vuestra habitación y vuestros nidos los tendréis, serán los barrancos y los bosques, porque no se ha podido lograr que nos adoréis ni nos invoquéis. Todavía hay quienes nos adoren, haremos otros [seres] que sean obedientes. Vosotros aceptad vuestro destino: vuestras carnes serán trituradas. Así será. Esta será vuestra suerte--. Así dijeron cuando hicieron saber su voluntad a los animales pequenos y grandes que hay sobre la faz de la tierra. Luego quisieron probar suerte nuevamente; quisieron hacer otra tentativa y quisieron probar de nuevo a que los adoraran. Pero no pudieron entender su lenguaje entre ellos mismos, nada pudieron conseguir y nada pudieron hacer. Por esta razón fueron inmoladas sus carnes y fueron condenados a ser comidos y matados los animales que existen sobre la faz de la tierra. Así, pues, hubo que hacer una nueva tentativa de crear y formar al hombre por el Creador, el Formador y los Progenitores. -- ¡A probar otra vez! Ya se acercan el amanecer y la aurora; hagamos al que nos sustentará y alimentará! ¿Cómo haremos para ser invocados, para ser recordados sobre la tierra? Ya hemos probado con nuestras primeras obras, nuestras primeras

criaturas; pero no se pudo lograr que fuésemos alabados y venerados por ellos. Probemos ahora a hacer unos seres obedientes, respetuosos, que nos sustenten y alimenten -- . Así dijeron. Entonces fue la creación y la formación. De tierra, de lodo hicieron la carne [del hombre]. Pero vieron que no estaba bien, porque se deshacía, estaba blando, no tenía movimiento, no tenía fuerza, se caía, estaba aguado, no movía la cabeza, la cara se le iba para un lado, tenía velada la vista, no podía ver hacia atrás. Al principio hablaba, pero no tenía entendimiento. Rápidamente se humedeció dentro del agua y no se pudo sostener. Y dijeron el Creador y el Formador: -- Bien se ve que no podía andar ni multiplicarse. Que se haga una consulta acerca de esto, dijeron. Entonces desbarataron y deshicieron su obra y su creación. Y en seguida dijeron: -- ¿Cómo haremos para perfeccionar, para que salgan bien nuestros adoradores, nuestros invocadores?-- Así dijeron cuando de nuevo consultaron entre sí. -- Digámosles a Ixpiyacoc, Ixmucané, Hunahpú-Vuch, Hunahpú-Utiú : ¡Probad suerte otra vez! ¡Probad a hacer la creación! -- Así dijeron entre sí el Creador y el Formador cuando hablaron a Ixpiyacoc e Ixmucané. En seguida les hablaron a aquellos adivinos, la abuela del día, la abuela del alba, que así eran llamados por el Creador y el Formador, y cuyos nombres eran Ixpiyacoc e Ixmucané. Y dijeron Huracán, Tepeu y Gucumatz cuando le hablaron al agorero, al formador, que son los adivinos: -- Hay que reunirse y encontrar los medios para que el hombre que vamos a crear nos sostenga y alimente, nos invoque y se acuerde de nosotros. -- Entrad, pues, en consulta, abuela, abuelo, nuestra abuela, nuestro abuelo, Ixpiyacoc, Ixmucané, haced que aclare, que amanezca, que seamos invocados, que seamos adorados, que seamos recordados por el hombre creado, por el hombre formado, por el hombre mortal, haced que así se haga. -- Dad a conocer vuestra naturaleza, Hunaphú-Vuch, Hunahpú-Utiú, dos veces madre, dos veces padre, Nim-Ac, NimáTziís, el Señor de la esmeralda, el joyero, el escultor, el tallador, el Señor de los hermosos platos, el Señor de la verde jícara, el maestro de la resina, el maestro Toltecat, la abuela del sol, la abuela del alba, que así seréis llamados por nuestras obras y nuestras criaturas. -- Echad la suerte con vuestros granos de maíz y de tzité. Hágase así y se sabrá y resultará si labraremos o tallaremos su boca y sus ojos en madera--. Así les fue dicho a los adivinos. A continuación vino la adivinación, la echada de la suerte con el maíz y el tzité. ¡Suerte! ¡Criatura!, les dijeron entonces una vieja y un viejo. Y este viejo era el de las suertes del tzité, el llamado Ixpiyacoc. Y la vieja era la adivina, la formadora, que se llamaba Chiracán Ixmucané. Y comenzando la adivinación, dijeron así: -- ¡Juntaos, acoplaos! ¡Hablad, que os oigamos, decid, declarad si conviene que se junte la madera y que sea labrada por el Creador y el Formador, y si éste [el hombre de madera] es el que nos ha de sustentar y alimentar cuando aclare, cuando amanezca! Tú, maíz; tú, tzité; tú, suerte; tú, criatura; ¡uníos, ayuntaos! les dijeron al maíz, al tzité, a la suerte, a la criatura. ¡Ven a sacrificar aquí, Corazón del Cielo; no castiguéis a Tepeu y Gucumatz! Entonces hablaron y dijeron la verdad : -- Buenos saldrán vuestros muñecos hechos de madera; hablarán y conversarán vuestros muñecos hechos de madera, hablarán y conversarán sobre la faz de la tierra. -- ¡Así sea! -- contestaron, cuando hablaron. Y al instante fueron hechos los muñecos labrados en madera. Se parecían al hombre, hablaban como el hombre y poblaron la superficie de la tierra. Existieron y se multiplicaron; tuvieron hijas, tuvieron hijos los muñecos de palo; pero no tenían alma, ni entendimiento, no se acordaban de su Creador, de su Formador; caminaban sin rumbo y andaban a gatas. Ya no se acordaban del Corazón del Cielo y por eso cayeron en desgracia. Fue solamente un ensayo, un intento de hacer hombres. Hablaban al principio, pero su cara estaba enjuta; sus pies y sus manos no tenían consistencia; no tenían sangre, ni substancia, ni humedad, ni gordura; sus mejillas estaban secas, secos sus pies y sus manos, y amarillas sus carnes. Por esta razón ya no pensaban en el Creador ni en el Formador, en los que les daban el ser y cuidaban de ellos. Estos fueron los primeros hombres que en gran número existieron sobre la faz de la tierra.

Capítulo III En seguida fueron aniquilados, destruidos y deshechos los muñecos de palo, recibieron la muerte. Una inundación fue producida por el Corazón del Cielo; un gran diluvio se formó, que cayó sobre las cabezas de los muñecos de palo. De tzité se hizo la carne del hombre, pero cuando la mujer fue labrada por el Creador y el Formador, se hizo de espadaña la carne de la mujer. Estos materiales quisieron el Creador y el Formador que entraran en su composición. Pero no pensaban, no hablaban con su Creador, su Formador, que los habían hecho, que los habían creado. Y por esta razón fueron muertos, fueron anegados. Una resina abundante vino del cielo. El llamado Xecotcovach llegó y les vació los ojos; Camalotz vino a cortarles la cabeza; y vino Cotzbalam y les devoró las carnes. El Tucumbalam llegó también y les quebró y magulló los huesos y los nervios, les molió y desmoronó los huesos. Y esto fue para castigarlos porque no habían pensado en su madre, ni en su padre, el Corazón del Cielo, llamado Huracán. Y por este motivo se obscureció la faz de la tierra y comenzó una lluvia negra, una lluvia de día, una lluvia de noche. Llegaron entonces los animales pequenos, los animales grandes, y los palos y las piedras les golpearon las caras. Y se pusieron todos a hablar; sus tinajas, sus comales, sus platos, sus ollas, sus perros, sus piedras de moler, todos se levantaron y les golpearon las caras. -- Mucho mal nos hacíais; nos comíais, y nosotros ahora os morderemos -- les dijeron sus perros y sus aves de corral.

Y las piedras de moler: -- Eramos atormentadas por vosotros; cada día, cada día, de noche, al amanecer, todo el tiempo hacían holi, holi, huqui, huqui nuestras caras, a causa de vosotros. Este era el tributo que os pagábamos. Pero ahora que habéis dejado de ser hombres probaréis nuestras fuerzas. Moleremos y reduciremos a polvo vuestras carnes, les dijeron sus piedras de moler. Y he aquí que sus perros hablaron y les dijeron : -- ¿Por qué no nos dabais nuestra comida? Apenas estábamos mirando y ya nos arrojabais de vuestro lado y nos echabais fuera. Siempre teníais listo un palo para pegarnos mientras comíais. Así era como nos tratabais. Nosotros no podíamos hablar. Quizás no os diéramos muerte ahora; pero ¿por qué no reflexionabais, por qué no pensabais en vosotros mismos? Ahora nosotros os destruiremos, ahora probaréis vosotros los dientes que hay en nuestra boca: os devoraremos, dijeron los perros, y luego les destrozaron las caras. Y a su vez sus comales, sus ollas les hablaron así : -- Dolor y sufrimiento nos causabais. Nuestra boca y nuestras caras estaban tiznadas, siempre estábamos puestos sobre el fuego y nos quemabais como si no sintiéramos dolor. Ahora probaréis vosotros, os quemaremos -- dijeron sus ollas, y todos les destrozaron las caras. Las piedras del hogar que estaban amontonadas, se arrojaron directamente desde el fuego contra sus cabezas causándoles dolor. Desesperados corrían de un lado para otro; querían subirse sobre las casas y las casas se caían y los arrojaban al suelo; querían subirse sobre los árboles y los árboles los lanzaban a lo lejos; querían entrar a las cavernas y las cavernas se cerraban ante ellos. Así fue la ruina de los hombres que habían sido creados y formados, de los hombres hechos para ser destruidos y aniquilados: a todos les fueron destrozadas las bocas y las caras. Y dicen que la descendencia de aquellos son los monos que existen ahora en los bosques; éstos son la muestra de aquellos, porque sólo de palo fue hecha su carne por el Creador y el Formador. Y por esta razón el mono se parece al hombre, es la muestra de una generación de hombres creados, de hombres formados que eran solamente muñecos y hechos solamente de madera. Segunda Parte

Capítulo X (...) Dijo entonces Ixbalamqué a Hunahpú: -¿Comenzará ya a amanecer? mira tú. -Tal vez sí, voy a ver, contestó éste. Y como tenía muchas ganas de ver afuera de la boca de la cerbatana y quería ver si había amanecido, al instante le cortó la cabeza Camazotz y el cuerpo de Hunahpú quedó decapitado. Nuevamente preguntó lxbalanqué: -¿No ha amanecido todavía? Pero Hunahpú no se movía. -¿A dónde ha ido Hunahpú? ¿Qué es lo que has hecho? Pero no se movía, y permanecía callado. Entonces se sintió avergonzado lxbalanqué y exclamó: -¡Desgraciados de nosotros! Estamos completamente vencidos. Fueron en seguida a colgar la cabeza sobre el juego de pelota por orden expresa de Hun-Camé y Vucub-Camé, y todos los de Xibalba se regocijaron por lo que le había sucedido a la cabeza de Hunahpú.

Capítulo XI En seguida llamó lxbalanqué a todos los animales, al pisote, al jabalí, a todos los animales pequeños y grandes, durante la noche, y a la madrugada les preguntó cuál era su comida. -¿Cuál es la comida de cada uno de vosotros? pues yo os he llamado para que escojáis vuestra comida, les dijo lxbalanqué. -Muy bien, contestaron. Y en seguida se fueron a tomar cada uno lo suyo, y se marcharon todos juntos. Unos fueron a tomar las cosas podridas; otros fueron a coger hierbas; otros fueron a recoger piedras. Otros fueron a recoger tierra. Variadas eran las comidas de los animales pequeños y de los animales grandes. Detrás de ellos se había quedado la tortuga, la cual llegó contoneándose a tomar su comida. Y llegando al extremo del cuerpo tomó la forma de la cabeza de Hunahpú, y al instante le fueron labrados los ojos. Muchos sabios vinieron entonces del cielo. El Corazón del Cielo, Huracán, vinieron a cernerse sobre la Casa de los Murciélagos. Y no fue fácil acabar de hacerle la cara, pero salió muy buena; la cabellera también tenía una hermosa apariencia, y asimismo pudo hablar. Pero como ya quería amanecer y el horizonte se teñía de rojo. --oscurece de nuevo, viejo!, le fue dicho al zopilote. -Está bien, contestó el viejo, y al instante oscureció el viejo. "Ya oscureció el zopilote", dice ahora la gente. Y así, durante la frescura del amanecer, comenzó su existencia. -¿Estará bien?, dijeron. ¿Saldrá parecido a Hunahpú? -Está muy bien, contestaron. Y efectivamente, parecía de hueso la cabeza, se había transformado en una cabeza verdadera. Luego hablaron entre sí y se pusieron de acuerdo: -No juegues tú a la pelota; haz únicamente como que juegas yo sólo lo haré todo, le dijo Ixbalanqué. En seguida le dio sus órdenes a un conejo: -Anda a colocarte sobre el juego de pelota, quédate allí entre el encinal, le fue dicho al conejo cuando se le dieron estas instrucciones durante la noche. En seguida amaneció y los dos muchachos estaban buenos y sanos. Luego bajaron a jugar a la pelota. La cabeza de Hunahpú estaba colgada sobre el juego de pelota. -¡Hemos triunfado! ¡Habéis labrado vuestra propia ruina; ¡os habéis entregado! les decían. De esta manera provocaban a

Hunahpú. -Pégale a la cabeza con la pelota, le decían. Pero no lo molestaban con esto, él no se daba por entendido. Luego arrojaron la pelota los Señores de Xibalba. lxbalanqué le salió al encuentro; la pelota iba derecho al anillo, pero se detuvo, rebotando, pasó rápidamente por encima del juego de pelota y de un salto se dirigió hasta el encinal. El conejo salió al instante y se fue saltando; y los de Xibalba corrían persiguiéndolo. Iban haciendo ruido y gritando tras el conejo. Acabaron por irse todos los de Xibalba. En seguida se apoderó Ixbalanqué de la cabeza de Hunahpú; se llevó de nuevo la tortuga y fue a colocarla sobre el juego de pelota. Y aquella cabeza era verdaderamente la cabeza de Hunahpú y los dos muchachos se pusieron muy contentos. Fueron, pues, los de Xibalba a buscar la pelota y habiéndola encontrado entre las encinas, los llamaron, diciendo: -Venid acá. Aquí está la pelota, nosotros la encontramos, dijeron, y la tenían colgando. Cuando regresaron los de Xibalba exclamaron. -¿Qué es lo que vemos? Luego comenzaron nuevamente a jugar. Tantos iguales hicieron por ambas partes. En seguida lxbalanqué le lanzó una piedra a la tortuga; ésta se vino al suelo y cayó en el patio del juego de pelota hecha mil pedazos como pepitas, delante de los Señores. -¿Quién de vosotros irá a buscarla? ¿Dónde está el que irá a traerla? dijeron los de Xibalba. Y así fueron vencidos los señores de Xibalba por Hunahpú e Ixbalanqué. Grandes trabajos pasaron éstos, pero no murieron, a pesar de todo lo que les hicieron. Tercera Parte

Capítulo I He aquí, pues, el principio de cuando se dispuso hacer al hombre, y cuando se buscó lo que debía entrar en la carne del hombre. Y dijeron los Progenitores, los Creadores y Formadores, que se llaman Tepeu y Gucumatz: "Ha llegado el tiempo del amanecer, de que se termine la obra y que aparezcan los que nos han de sustentar, y nutrir, los hijos esclarecidos, los vasallos civilizados; que aparezca el hombre, la humanidad, sobre la superficie de la tierra." Así dijeron. Se juntaron, llegaron y celebraron consejo en la oscuridad y en la noche; luego buscaron y discutieron, y aquí reflexionaron y pensaron. De esta manera salieron a luz claramente sus decisiones y encontraron y descubrieron lo que debía entrar en la carne del hombre. Poco faltaba para que el sol, la luna y las estrellas aparecieran sobre los Creadores y Formadores. De Paxil, de Cayalá, así llamados, vinieron las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas. Estos son los nombres de los animales que trajeron la comida: Yac [el gato de monte], Utiú [el coyote], Quel [una cotorra vulgarmente llamada chocoyo] y Hoh [el cuervo]. Estos cuatro animales les dieron la noticia de las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas, les dijeron que fueran a Paxil y les enseñaron el camino de Paxil. Y así encontraron la comida y ésta fue la que entró en la carne del hombre creado, del hombre formado; ésta fue su sangre, de ésta se hizo la sangre del hombre. Así entró el maíz [en la formación del hombre] por obra de los Progenitores. Y de esta manera se llenaron de alegría, porque habían descubierto una hermosa tierra, llena de deleites, abundante en mazorcas amarillas y mazorcas blancas y abundante también en pataxte y cacao, y en innumerables zapotes, anonas, jocotes, nances, matasanos y miel. Abundancia de sabrosos alimentos había en aquel pueblo llamado de Paxil y Cayalá. Había alimentos de todas clases, alimentos pequeños y grandes, plantas pequeñas y plantas grandes. Los animales enseñaron el camino. Y moliendo entonces las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas, hizo Ixmucané nueve bebidas, y de este alimento provinieron la fuerza y la gordura y con él crearon los músculos y el vigor del hombre. Esto hicieron los Progenitores, Tepeu y Gucumatz, así llamados. A continuación entraron en pláticas acerca de la creación y la formación de nuestra primera madre y padre. De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados. Capítulo II Estos son los nombres de los primeros hombres que fueron creados y formados: el primer hombre fue Balam-Quitzé, el segundo Balam-Acab, el tercero Mahucutah y el cuarto Iqui-Balam. Estos son los nombres de nuestras primeras madres y padres. Se dice que ellos sólo fueron hechos y formados, no tuvieron madre, no tuvieron padre. Solamente se les llamaba varones. No nacieron de mujer, ni fueron engendrados por el Creador y el Formador, por los progenitores. Sólo por un prodigio, por obra de encantarniento fueron creados y formados por el Creador, el Formador, los Progenitores, Tepeu y Gucumatz. Y como tenían la apariencia de hombres, hombres fueron; hablaron, conversaron, vieron y oyeron, anduvieron, agarraban las cosas; eran hombres buenos y hermosos y su figura era figura de varón. Fueron dotados de inteligencia; vieron y al punto se extendió su vista, alcanzaron a ver, alcanzaron a conocer todo lo que hay en el mundo. Cuando miraban, al instante veían a su alrededor y contemplaban en torno a ellos la bóveda del cielo y la faz redonda de la tierra. Las cosas ocultas [por la distancia] las veían todas, sin tener primero que moverse; en seguida veían el mundo y asimismo desde el lugar donde estaban lo veían. Grande era su sabiduría; su vista llegaba hasta los bosques, las rocas, los lagos, los mares, las montañas y los valles. En verdad eran hombres admirables Balam-Quitzé, Balam-Acab, Mahucutah e Iqui-Balam. Entonces les preguntaron el Creador y el Formador : -- ¿Que pensáis de vuestro estado? ¿No miráis. ¿No oís? ¿No son buenos vuestro lenguaje y vuestra manera de andar? ¡Mirad, pues! ¡Contemplad el mundo, ved si aparecen las montañas y los valles! ¡Probad, pues, a ver!, les dijeron.

Y en seguida acabaron de ver cuanto había en el mundo. Luego dieron las gracias al Creador y al Formador : -- ¡En verdad os damos gracias dos y tres veces! Hemos sido creados, se nos ha dado una boca y una cara, hablamos, oímos, pensamos y andamos; sentimos perfectamente y conocemos lo que está lejos y lo que está cerca. Vemos también lo grande y lo pequeño en el cielo y en la tierra. Os damos gracias, pues, por habernos creado, ¡oh Creador y Formador!, por habernos dado el ser, ¡oh abuela nuestra! ¡Oh nuestro abuelo!, dijeron dando las gracias por su creación y formación. Acabaron de conocerlo todo y examinaron los cuatro rincones y los cuatro puntos de la bóveda del cielo y de la faz de la tierra. Pero el Creador y el Formador no oyeron esto con gusto. -- No está bien lo que dicen nuestras criaturas, nuestras obras; todo lo saben, lo grande y lo pequeño --dijeron. Y así celebraron consejo nuevamente los Progenitores : -- ¿Qué haremos ahora con ellos? ¡Que su vista sólo alcance a lo que está cerca, que sólo vean un poco de la faz de la tierra! No está bien lo que dicen. ¿Acaso no son por su naturaleza simples criaturas y hechuras [nuestras]? ¿Han de ser ellos también dioses? ¿Y si no procrean y se multiplican cuando amanezca, cuando salga el sol? ¿Y si no se propagan? -- Así dijeron. -- Refrenemos un poco sus deseos, pues no está bien lo que vemos. ¿Por ventura se han de igualar ellos a nosotros, sus autores, que podemos abarcar grandes distancias, que lo sabemos y vemos todo? Esto dijeron el Corazón del Cielo, Huracán, Chipi-Caculhá, Raxá-Caculhá, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, Ixpiyacoc, Ixmucané, el Creador y el Formador. Así hablaron y en seguida cambiaron la naturaleza de sus obras, de sus criaturas. Entonces el Corazón del Cielo les echó un vaho sobre los ojos, los cuales se empañaron como cuando se sopla sobre la luna de un espejo. Sus ojos se velaron y sólo pudieron ver lo que estaba cerca, sólo esto era claro para ellos. Así fue destruida su sabiduría y todos los conocimientos de los cuatro hombres, origen y principio [de la raza quiché]. Así fueron creados y formados nuestros abuelos, nuestros padres, por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra.

El libro de la arena Jorge Luis Borges ...thy rope of sands... George Herbert (1593-1623) La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes... No, decididamente no es éste, more geométrico, el mejor modo de iniciar mi relato. Afirmar que es verídico es ahora una convención de todo relato fantástico; el mío, sin embargo, es verídico. Yo vivo solo, en un cuarto piso de la calle Belgrano. Hará unos meses, al atardecer, oí un golpe en la puerta. Abrí y entró un desconocido. Era un hombre alto, de rasgos desdibujados. Acaso mi miopía los vio así. Todo su aspecto era de pobreza decente. Estaba de gris y traía una valija gris en la mano. En seguida sentí que era extranjero. Al principio lo creí viejo; luego advertí que me había engañado su escaso pelo rubio, casi blanco, a la manera escandinava. En el curso de nuestra conversación, que no duraría una hora, supe que procedía de las Orcadas. Le señalé una silla. El hombre tardó un rato en hablar. Exhalaba melancolía, como yo ahora. - Vendo biblias - me dijo. No sin pedantería le contesté: - En esta casa hay algunas biblias inglesas, incluso la primera, la de John Wiclif. Tengo asimismo la de Cipriano de Valera, la de Lutero, que literariamente es la peor, y un ejemplar latino de la Vulgata. Como usted ve, no son precisamente biblias lo que me falta. Al cabo de un silencio me contestó: - No sólo vendo biblias. Puedo mostrarle un libro sagrado que tal vez le interese. Lo adquirí en los confines de Bikanir. Abrió la valija y lo dejó sobre la mesa. Era un volumen en octavo, encuadernado en tela. Sin duda había pasado por muchas manos. Lo examiné; su inusitado peso me sorprendió. En el lomo decía Holy Writ y abajo Bombay. - Será del siglo diecinueve - observé.

- No sé. No lo he sabido nunca - fue la respuesta. Lo abrí al azar. Los caracteres me eran extraños. Las páginas, que me parecieron gastadas y de pobre tipografía, estaban impresas a dos columnas a la manera de una biblia. El texto era apretado y estaba ordenado en versículos. En el ángulo superior de las páginas había cifras arábigas. Me llamó la atención que la página par llevara el número (digamos) 40.514 y la impar, la siguiente, 999. La volví; el dorso estaba numerado con ocho cifras. Llevaba una pequeña ilustración, como es de uso en los diccionarios: un ancla dibujada a la pluma, como por la torpe mano de un niño. Fue entonces que el desconocido me dijo: - Mírela bien. Ya no la verá nunca más. Había una amenaza en la afirmación, pero no en la voz. Me fijé en el lugar y cerré el volumen. Inmediatamente lo abrí. En vano busqué la figura del ancla, hoja tras hoja. Para ocultar mi desconcierto, le dije: - Se trata de una versión de la Escritura en alguna lengua indostánica, ¿no es verdad? - No - me replicó. Luego bajó la voz como para confiarme un secreto: - Lo adquirí en un pueblo de la llanura, a cambio de una rupias y de la Biblia. Su poseedor no sabía leer. Sospecho que en el Libro de los Libros vio un amuleto. Era de la casta más baja; la gente no podía pisar su sombra, sin contaminación. Me dijo que su libro se llamaba el Libro de Arena, porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin. Me pidió que buscara la primera hoja. Apoyé la mano izquierda sobre la portada y abrí con el dedo pulgar casi pegado al índice. Todo fue inútil: siempre se interponían varias hojas entre la portada y la mano. Era como si brotaran del libro. - Ahora busque el final. También fracasé; apenas logré balbucear con una voz que no era la mía: - Esto no puede ser. Siempre en voz baja el vendedor de biblias me dijo: - No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna la última. No sé por qué están numeradas de ese modo arbitrario. Acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier número. Después, como si pensara en voz alta: - Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo. Sus consideraciones me irritaron. Le pregunté: - ¿Usted es religioso, sin duda?

- Sí, soy presbiteriano. Mi conciencia está clara. Estoy seguro de no haber estafado al nativo cuando le di la Palabra del Señor a trueque de su libro diabólico. Le aseguré que nada tenía que reprocharse, y le pregunté si estaba de paso por estas tierras. Me respondió que dentro de unos días pensaba regresar a su patria. Fue entonces cuando supe que era escocés, de las islas Orcadas. Le dije que a Escocia yo la quería personalmente por el amor de Stevenson y de Hume. - Y de Robbie Burns - corrigió. Mientras hablábamos yo seguía explorando el libro infinito. Con falsa indiferencia le pregunté: - ¿Usted se propone ofrecer este curioso espécimen al Museo Británico? - No. Se lo ofrezco a usted - me replicó, y fijó una suma elevada. Le respondí, con toda verdad, que esa suma era inaccesible para mí y me quedé pensando. Al cabo de unos pocos minutos había urdido mi plan. - Le propongo un canje - le dije -. Usted obtuvo este volumen por unas rupias y por la Escritura Sagrada; yo le ofrezco el monto de mi jubilación, que acabo de cobrar, y la Biblia de Wiclif en letra gótica. La heredé de mis padres. - A black letter Wiclif - murmuró. Fui a mi dormitorio y le traje el dinero y el libro. Volvió las hojas y estudió la carátula con fervor de bibliófilo. - Trato hecho - me dijo. Me asombró que no regateara. Sólo después comprendería que había entrado en mi casa con la decisión de vender el libro. No contó los billetes, y los guardó. Hablamos de la India, de las Orcadas y de los jarls noruegos que las rigieron. Era de noche cuando el hombre se fue. No he vuelto a verlo ni sé su nombre. Pensé guardar el Libro de Arena en el hueco que había dejado el Wiclif, pero opté al fin por esconderlo detrás de unos volúmenes descabalados de Las Mil y Una Noches. Me acosté y no dormí. A las tres o cuatro de la mañana prendí la luz. Busqué el libro imposible, y volví las hojas. En una de ellas vi grabada una máscara. El ángulo llevaba una cifra, ya no sé cual, elevada a la novena potencia. No mostré a nadie mi tesoro. A la dicha de poseerlo se agregó el temor de que lo robaran, y después el recelo de que no fuera verdaderamente infinito. Esas dos inquietudes agravaron mi ya vieja misantropía. Me quedaban unos amigos; dejé de verlos. Prisionero del Libro, casi no me asomaba a la calle. Examiné con una lupa el gastado lomo y las tapas, y rechacé la posibilidad de algún artificio. Comprobé que las pequeñas ilustraciones distaban dos mil páginas una de otra. Las fui anotando en una libreta alfabética, que no tardé en llenar. Nunca se repitieron. De noche, en los escasos intervalos que me concedía el insomnio, soñaba con el libro. Declinaba el verano, y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con diez dedos con uñas. Sentí que era un objeto de pesadilla, una cosa obscena que infamaba y corrompía la realidad. Pensé en el fuego, pero temí que la combustión de un libro infinito fuera parejamente infinita y sofocara de humo al planeta.

Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque. Antes de jubilarme trabajaba en la Biblioteca Nacional, que guarda novecientos mil libros; sé que a mano derecha del vestíbulo una escalera curva se hunde en el sótano, donde están los periódicos y los mapas. Aproveché un descuido de los empleados para perder el Libro de Arena en uno de los húmedos anaqueles. Traté de no fijarme a qué altura ni a qué distancia de la puerta. Siento un poco de alivio, pero no quiero ni pasar por la calle México. Jorge Luis Borges (1899–1986)

El Evangelio según Marcos (El informe de Brodie, 1970)

El hecho sucedió en la estancia La Colorada, en el partido de Junín, hacia el sur, en los últimos días del mes de marzo de 1928. Su protagonista fue un estudiante de medicina, Baltasar Espinosa. Podemos definirlo por ahora como uno de tantos muchachos porteños, sin otros rasgos dignos de nota que esa facultad oratoria que le había hecho merecer más de un premio en el colegio inglés de Ramos Mejía y que una casi ilimitada bondad. No le gustaba discutir; prefería que el interlocutor tuviera razón y no él. Aunque los azares del juego le interesaban, era un mal jugador, porque le desagradaba ganar. Su abierta inteligencia era perezosa; a los treinta y tres años le faltaba rendir una materia para graduarse, la que más lo atraía. Su padre, que era librepensador, como todos los señores de su época, lo había instruido en la doctrina de Herbert Spencer, pero su madre, antes de un viaje a Montevideo, le pidió que todas las noches rezara el Padrenuestro e hiciera la señal de la cruz. A lo largo de los años no había quebrado nunca esa promesa. No carecía de coraje; una mañana había cambiado, con más indiferencia que ira, dos o tres puñetazos con un grupo de compañeros que querían forzarlo a participar en una huelga universitaria. Abundaba, por espíritu de aquiescencia, en opiniones o hábitos discutibles: el país le importaba menos que el riesgo de que en otras partes creyeran que usamos plumas; veneraba a Francia pero menospreciaba a los franceses; tenía en poco a los americanos, pero aprobaba el hecho de que hubiera rascacielos en Buenos Aires; creía que los gauchos de la llanura son mejores jinetes que los de las cuchillas o los cerros. Cuando Daniel, su primo, le propuso veranear en La Colorada, dijo inmediatamente que sí, no porque le gustara el campo sino por natural complacencia y porque no buscó razones válidas para decir que no. El casco de la estancia era grande y un poco abandonado; las dependencias del capataz, que se llamaba Gutre, estaban muy cerca. Los Gutres eran tres: el padre, el hijo, que era singularmente tosco, y una muchacha de incierta paternidad. Eran altos, fuertes, huesudos, de pelo que tiraba a rojizo y de caras aindiadas. Casi no hablaban. La mujer del capataz había muerto hace años. Espinosa, en el campo, fue aprendiendo cosas que no sabía y que no sospechaba. Por ejemplo, que no hay que galopar cuando uno se está acercando a las casas y que nadie sale a andar a caballo sino para cumplir con una tarea. Con el tiempo llegaría a distinguir los pájaros por el grito. A los pocos días, Daniel tuvo que ausentarse a la capital para cerrar una operación de animales. A lo sumo, el negocio le tomaría una semana. Espinosa, que ya estaba un poco harto de las bonnes fortunes de su primo y de su infatigable interés por las variaciones de la sastrería, prefirió quedarse en la estancia, con sus libros de texto. El calor apretaba y ni siquiera la noche traía un alivio. En el alba, los truenos lo despertaron. El viento zamarreaba las casuarinas. Espinosa oyó las primeras gotas y dio gracias a Dios. El aire frío vino de golpe. Esa tarde, el Salado se desbordó. Al otro día, Baltasar Espinosa, mirando desde la galería los campos anegados, pensó que la metáfora que equipara la pampa con el mar no era, por lo menos esa mañana, del todo falsa, aunque Hudson había dejado escrito que el mar nos parece más grande, porque lo vemos desde la cubierta del barco y no desde el caballo o desde nuestra altura. La lluvia no cejaba; los Gutres, ayudados o incomodados por el pueblero, salvaron buena parte de la hacienda, aunque hubo muchos animales ahogados. Los caminos para llegar a La Colorada eran cuatro: a todos los cubrieron las aguas. Al tercer día, una gotera amenazó la casa del capataz; Espinosa les dio una habitación que quedaba en el fondo, al lado del galpón de las herramientas. La mudanza los fue acercando; comían juntos en el gran comedor. El diálogo resultaba difícil; los Gutres, que sabían tantas cosas en materia de campo, no sabían explicarlas, Una noche, Espinosa les preguntó si la gente guardaba algún recuerdo de los malones, cuando la comandancia estaba en Junín. Le dijeron que sí, pero lo mismo hubieran contestado a una pregunta sobre la ejecución de Carlos Primero. Espinosa recordó que su padre solía decir que casi todos

los casos de longevidad. que se dan en el campo son casos de mala memoria o de un concepto vago de las fechas. Los gauchos suelen ignorar por igual el año en que nacieron y el nombre de quien los engendró. En toda la casa no había otros libros que una serie de la revista La Chacra, un manual de veterinaria, un ejemplar de lujo del Tabaré, una Historia del Shorthorn en la Argentina, unos cuantos relatos eróticos o policiales y una novela reciente: Don Segundo Sombra. Espinosa, para distraer de algún modo la sobremesa inevitable, leyó un par de capítulos a los Gutres, que eran analfabetos. Desgraciadamente, el capataz había sido tropero y no le podían importar las andanzas de otro. Dijo que ese trabajo era liviano, que llevaban siempre un carguero con todo lo que se precisa y que, de no haber sido tropero, no habría llegado nunca hasta la Laguna de Gómez, hasta el Bragado y hasta los campos de los Nuñez, en Chacabuco. En la cocina había una guitarra; los peones, antes de los hechos que narro, se sentaban en rueda; alguien la templaba y no llegaba nunca a tocar. Esto se llamaba una guitarreada. Espinosa, que se había dejado crecer la barba, solía demorarse ante el espejo para mirar su cara cambiada y sonreía al pensar que en Buenos Aires aburriría a los muchachos con el relato de la inundación del Salado. Curiosamente, extrañaba lugares a los que no iba nunca y no iría: una esquina de la calle Cabrera en la que hay un buzón, unos leones de mampostería en un portón de la calle Jujuy, a unas cuadras del Once, un almacén con piso de baldosa que no sabía muy bien donde estaba. En cuanto a sus hermanos y a su padre, ya sabrían por Daniel que estaba aislado —la palabra, etimológicamente, era justa— por la creciente. Explorando la casa, siempre cercada por las aguas, dio con una Biblia en inglés. En las páginas finales los Guthrie —tal era su nombre genuino— habían dejado escrita su historia. Eran oriundos de Inverness, habían arribado a este continente, sin duda como peones, a principios del siglo diecinueve, y se habían cruzado con indios. La crónica cesaba hacia mil ochocientos setenta y tantos; ya no sabían escribir. Al cabo de unas pocas generaciones habían olvidado el inglés; el castellano, cuando Espinosa los conoció, les daba trabajo. Carecían de fe, pero en su sangre perduraban, como rastros oscuros, el duro fanatismo del calvinista y las supersticiones del pampa. Espinosa les habló de su hallazgo y casi no escucharon. Hojeó el volumen y sus dedos lo abrieron en el comienzo del Evangelio según Marcos. Para ejercitarse en la traducción y acaso para ver si entendían algo, decidió leerles ese texto después de la comida. Le sorprendió que lo escucharan con atención y luego con callado interés. Acaso la presencia de las letras de oro en la tapa le diera más autoridad. Lo llevan en la sangre, pensó. También se le ocurrió que los hombres, a lo largo del tiempo, han repetido siempre dos historias: la de un bajel perdido que busca por los mares mediterráneos una isla querida, y la de un dios que se hace crucificar en el Gólgota. Recordó las clases de elocución en Ramos Mejía y se ponía de pie para predicar las parábolas. Los Gutres despachaban la carne asada y las sardinas para no demorar el Evangelio. Una corderita que la muchacha mimaba y adornaba con una cintita celeste se lastimó con un alambrado de púa. Para parar la sangre, querían ponerle una telaraña; Espinosa la curó con unas pastillas. La gratitud que esa curación despertó no dejó de asombrarlo. Al principio, había desconfiado de los Gutres y había escondido en uno de sus libros los doscientos cuarenta pesos que llevaba consigo; ahora, ausente el patrón, él había tomado su lugar y daba órdenes tímidas, que eran inmediatamente acatadas. Los Gutres lo seguían por las piezas y por el corredor, como si anduvieran perdidos. Mientras leía, notó que le retiraban las migas que él había dejado sobre la mesa. Una tarde los sorprendió hablando de él con respeto y pocas palabras. Concluido el Evangelio según Marcos, quiso leer otro de los tres que faltaban; el padre le pidió que repitiera el que ya había leído, para entenderlo bien. Espinosa sintió que eran como niños a quienes la repetición les agrada más que la variación o la novedad. Una noche soñó con el Diluvio, lo cual no es de extrañar; los martillazos de la fabricación del arca lo despertaron y pensó que acaso eran truenos. En efecto, la lluvia, que había amainado, volvió a recrudecer. El frío era intenso. Le dijeron que el temporal había roto el techo del galpón de las herramientas y que iban a mostrárselo cuando estuvieran arregladas las vigas. Ya no era un forastero y todos lo trataban con atención y casi lo mimaban. A ninguno le gustaba el café, pero había siempre una tacita para él, que colmaban de azúcar. El temporal ocurrió un martes. El jueves a la noche lo recordó un golpecito suave en la puerta que, por las dudas, él siempre cerraba con llave. Se levantó y abrió: era la muchacha. En la oscuridad no la vio, pero por los pasos notó que estaba descalza y después, en el lecho, que había venido desde el fondo, desnuda. No lo abrazó, no dijo una sola palabra; se tendió junto a él y estaba temblando. Era la primera vez que conocía a un hombre. Cuando se fue, no le dio un beso; Espinosa pensó que ni siquiera sabía cómo se llamaba. Urgido por una íntima razón que no trató de averiguar, juró que en Buenos Aires no le contaría a nadie esa historia. El día siguiente comenzó como los anteriores, salvo que el padre habló con Espinosa y le preguntó si Cristo se dejó matar para salvar a todos los hombres. Espinosa, que era libre pensador pero que se vio obligado a justificar lo que les había leído, le contestó: —Sí. Para salvar a todos del infierno. Gutre le dijo entonces:

—¿Qué es el infierno? —Un lugar bajo tierra donde las ánimas arderán y arderán. —¿Y también se salvaron los que clavaron los clavos? —Sí —replicó Espinosa cuya teología era incierta. Había temido que el capataz le exigiera cuentas de lo ocurrido anoche con su hija. Después del almuerzo, le pidieron que releyera los últimos capítulos. Espinosa durmió una siesta larga, un leve sueño interrumpido por persistentes martillos y por vagas premoniciones. Hacia el atardecer se levantó y salió al corredor. Dijo como si pensara en voz alta: —Las aguas están bajas. Ya falta poco. —Ya falta poco —repitió Gutre, como un eco. Los tres lo habían seguido. Hincados en el piso de piedra le pidieron la bendición. Después lo maldijeron, lo escupieron y lo empujaron hasta el fondo. La muchacha lloraba. Cuando abrieron la puerta, vio el firmamento. Un pájaro gritó; pensó: Es un jilguero. El galpón estaba sin techo; habían arrancado las vigas para construir la Cruz. NEZAHUALCÓYOTL Poneos de pie ¡Amigos míos, poneos de pie! Desamparados están los príncipes, Yo soy Nezahualcóyotl, Soy el cantor, Soy papagayo de gran cabeza. Toma ya tus flores y tu abanico ¡Con ellos ponte a bailar! Papalotes Tú eres mi hijo, Tú ere Yoyontzin. Toma ya tu cacao, La flor del cacao, ¡que sea ya bebida! ¡Hágase el baile!, No es aquí nuestra casa, No viviremos aquí Tú de igual modo tendrás que marcharte. Yo lo Pregunto Yo Nezahualcóyotl lo pregunto: ¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra? Nada es para siempre en la tierra: Sólo un poco aquí. Aunque sea de jade se quiebra, Aunque sea de oro se rompe, Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra. No para siempre en la tierra: Sólo un poco aquí. Lo Comprende mi Corazón Por fin lo comprende mi corazón: Escucho un canto, Contemplo una flor: ¡Ojalá no se marchiten!

No acabaran mis flores No acabarán mis flores, No cesarán mis cantos. Yo cantor los elevo, Se reparten, se esparcen. Aun cuando las flores Se marchitan y amarillecen, Serán llevadas allá, Al interior de la casa Del ave de plumas de oro. Un Recuerdo que Dejo ¿Con qué he de irme? ¿Nada dejaré en pos de mi sobre la tierra?
 ¿Cómo ha de actuar mi corazón?
 ¿Acaso en vano venimos a vivir, a brotar sobre la tierra?
 Dejemos al menos flores Dejemos al menos cantos UNIDAD III LÁZARO DE JOSÉ ASUNCIÓN SILVA Ven, Lázaro! gritóle El Salvador, y del sepulcro negro El cadáver alzóse entre el sudario, Ensayó caminar, a pasos trémulos, Olió, palpó, miró, sintió, dio un grito Y lloró de contento. Cuatro lunas más tarde, entre las sombras Del crepúsculo oscuro en el silencio Del lugar y la hora, entre las tumbas De antiguo cementerio Lázaro estaba sollozando a solas Y envidiando a los muertos. LÁZARO DE JOAQUIN SABINA Lázaro, levantate y anda, ponte el apellido, vuelve del olvido, engánchate a la oferta y la demanda Eh, flaco, esto es un atraco, págale a la vida más de lo que pida, eh, viejo, jugate el pellejo. Aquí te esperan las ojeras

del mar, el recibo del gas, la gorda de la esquina, y el Clarín y el Prozac y crecer y subir y bajar y el otoño, el café, la rutina y Tom Waits y Edith Piaf… Y volver a volver a empezar a volver a empezar, a volver a empezar. Eh, loco, contrólate un poco, mira que las musas no aceptan excusas, Eh, pibe despiértate y vive. Eh, socio, que esto es un negocio, échame una mano, siéntate al piano, Eh, Fito, que te necesito. Aquí te esperan las tijeras del sol el asfalto, el smog y el perfume mas caro y el jazmín y el caviar y el reloj y el granizo, la ley, los disparos y el azul y el carbón. Y el amor después del amor después del amor, después del amor Eh, Lázaro, levántate y anda.

La Resurrección de Lázaro Juan 11, 1-45. Jesús es consciente del valor de la vida frente a la eternidad y la muerte.

Juan 11, 1-45 En aquel tiempo, se encontraba enfermo Lázaro, en Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano Lázaro. Por eso las dos hermanas le mandaron a decir a Jesús: “Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo”.Al oír esto, Jesús dijo: “esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo La Resurrección de Lázaro de Dios sea glorificado por ella”. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba. Después dijo a sus discípulos: “Vayamos otra vez a Judea”. Los discípulos le dijeron: “Maestro, hace poco que los judíos querían apedrearte ¿y tu vas a volver allá?” Jesús les contestó: “¿Acaso no tiene doce horas el día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo, en cambio, el que camina de noche tropieza, porque le falta luz”. Dijo esto y luego añadió: “Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo.” Entonces le dijeron sus discípulos: “Señor, si duerme, es que va a sanar”. Jesús hablaba de la muerte, pero ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo abiertamente: “Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado ahí, para que crean. Ahora, vamos allá”. Entonces Tomás, por sobrenombre el Gemelo, dijo a los demás discípulos: “Vayamos también nosotros, para morir con Él”. Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania quedaba cerca de Jerusalén, como a unos dos kilómetros y medio, y muchos judíos habían ido a ver a Marta y María para consolarlas por la muerte de su hermano. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí , no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”. Jesús dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la

resurrección del último día”: Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto? Ella le contestó: “Sí, Señor, creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Después de decir estas palabras, fue a buscar a su hermana María y le dijo en voz baja:”Ya vino el Maestro y te llama”. Al oír esto, María se levantó en el acto y salió hacia donde estaba Jesús, porque Él no había llegado aún al pueblo, sino que estaba en el lugar donde marta lo había encontrado. Los judíos estaban con María en la casa, consolándola, viendo que ella se levantaba y salía de prisa, pensaron que iba al sepulcro para llorar ahí y la siguieron. Cuando llegó Mará adonde estaba Jesús, al verlo, se echó a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Jesús, al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?” Le contestaron: “Ven, Señor, y lo verás”. Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: “De veras ¡cuánto lo amaba!”. Algunos decían: “¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento, hacer que Lázaro no muriera?”. Jesús profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el sepulcro, que era una cueva sellada con una losa. Entonces dijo Jesús: “Quiten la losa”. Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”. Le dijo Jesús: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Entonces quitaron la piedra. Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal de ahí!”. Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo, para que pueda andar”. Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en Él. LÁZARO Era de madrugada. Después de retirada la piedra con trabajo, porque no la materia sino el tiempo pesaba sobre ella, oyeron una voz tranquila llamándome, como un amigo llama cuando atrás queda alguno fatigado de la jornada y cae la sombra. Hubo un silencio largo. Así lo cuentan ellos que lo vieron... Era otra vez la vida. Cuando abrí los ojos fue el alba pálida quien dijo la verdad. Porque aquellos rostros ávidos, sobre mí estaban mudos, mordiendo un sueño vago inferior al milagro, como rebaño hosco que no a la voz sino a la piedra atiende, y el sudor de sus frentes oí caer pesado entre la hierba. Alguien dijo palabras de nuevo nacimiento. Mas no hubo allí sangre materna ni vientre fecundado que crea con dolor nueva vida doliente. Sólo anchas vendas, lienzos amarillos con olor denso, desnudaban la carne gris y fláccida como fruto pasado; no el terso cuerpo oscuro, rosa de los deseos, sino el cuerpo de un hijo de la muerte... "Lázaro" de Luis Cernuda Grandeza Mexicana, por Bernardo de Balbuena. 1604 De la famosa México el asiento Oh tú, heroica beldad, saber profundo, que por milagro puesta a los mortales en todo fuiste la última del inundo; criada en los desiertos arenales, sobre que el mar del Sur resaca y quiebra nácar lustroso y perlas orientales;

do haciendo a tu valor notoria quiebra, el tiempo fue tragando con su llama tu rico estambre y su preciosa hebra; de un tronco ilustre generosa rama, sujeto digno de que el mundo sea coluna eterna a tu renombre y fama: oye un rato, señora, a quien desea aficionarte a la ciudad más rica, que el mundo goza en cuanto el sol rodea. Y si mi pluma a este furor se aplica, y deja tu alabanza, es que se siente corta a tal vuelo, a tal grandeza chica. ¿Qué Atlal ic e habrá, qué Alcides que sustente peso de ciclo, y baste a tan gran carga, si tú no das la fuerza suficiente? Dejo tu gran nobleza, que se alarga a nacer de principio tan incierto, que no es la escura antigüedad más larga. De Tobar y Guzmán hecho un injerto al Sandoval, que hoy sirve de coluna al gran peso del mundo y su concierto. Dejo tu discreción, con quien ninguna corrió parejas en el siglo nuestro, siendo en grandezas mil, y en saber una; que aunque en otros sujetos lo que muestro aquí por sombras, fueran resplandores de un nombre ilustre en el pincel más diestro, en ti es lo menos que hay, y los menores rayos de claridad con que hermoseas la tierra, tu altivez y sus primores. Y así se queden para sólo ideas, no immitables de nadie, a ti ajustadas, sólo a ti, porque sola en todo seas. Ahora en las regiones estrelladas las alas de tu altivo pensamiento anden cual siempre suelen remontadas; o en más humilde y blando sentimiento de la fortuna culpen el agravio de no ajustarse a tu merecimiento;

o del mordaz el venenoso labio, que a nadie perdonó, también se atreva a mostrar en tu envidia su resabio; doquiera que te hallare esta voz nueva, en cielo, en tierra, en gusto o en disgusto, a oírla un rato tu valor te mueva. Que si es en todo obedecerte justo, esto es hacer con propriedad mi oficio, y conformar el mío con tu gusto. Mándasme que te escriba algún indicio de que he llegado a esta ciudad famosa, centro de perfección, del mundo el quicio; su asiento, su grandeza populosa, sus cosas raras, su riqueza y trato, su gente ilustre, su labor pomposa. Al fin, un perfectísimo retrato pides de la grandeza mexicana, ahora cueste caro, ahora barato. Cuidado es grave y carga no liviana la que impones a fuerzas tan pequeñas, mas no al deseo de servirte y gana. Y así, en virtud del gusto con que enseñas el mío a hacer su ley de tu contento, aquestas son de México las señas. Bañada de un templado y fresco viento, donde nadie creyó que hubiese mundo goza florido y regalado asiento. Casi debajo el trópico fecundo, que reparte las flores de Amaltea y de perlas empreña el mar profundo, dentro en la zona por do el sol pasea, y el tierno abril envuelto en rosas anda, sembrando olores hechos de librea; sobre una delicada costra blanda, que en dos claras lagunas se sustenta, cercada de olas por cualquiera banda, labrada en grande proporción y cuenta de torres, chapiteles, ventanajes, su máchina soberbia se presenta. Con bellísimos lejos y paisajes, salidas, recreaciones y holguras, huertas, granjas, molinos y boscajes, alamedas, jardines, espesuras de varias plantas y de frutas bellas en flor, en cierne, en leche, ya maduras. No tiene tanto número de estrellas el cielo, como flores su guirnalda, ni más virtudes hay en él que en ellas. De sus altos vestidos de esmeralda, que en rico agosto y abundantes mieses el bien y el mal reparten de su falda, nacen llanos de iguales intereses, cuya labor y fértiles cosechas en uno rinden para muchos meses. Tiene esta gran ciudad sobre agua hechas firmes calzadas, que a su mucha gente por capaces que son vienen estrechas;

que ni el caballo griego hizo puente tan llena de armas al troyano muro, ni a tantos guió Ulises el prudente; ni cuando con su cierzo el frío Arturo los árboles desnuda, de agostadas hojas así se cubre el suelo duro, como en estos caminos y calzadas en todo tiempo y todas ocasiones, se ven gentes cruzar amontonadas. Recuas, carros, carretas, carretones, de plata, oro, riquezas, bastimentos cargados salen, y entran a montones. De varia traza y varios movimientos varias figuras, rostros y semblantes, de hombres varios, de varios pensamientos; arrieros, oficiales, contratantes, cachopines, soldados, mercaderes, galanes, caballeros, pleiteantes; clérigos, frailes, hombres y mujeres, de diversa color y profesiones, de vario estado y varios pareceres; diferentes en lenguas y naciones, en propósitos, fines y deseos, y aun a veces en leyes y opiniones; y todos por atajos y rodeos en esta gran ciudad desaparecen de gigantes volviéndose pigmeos. ¡Oh inmenso mar, donde por más que crecen las olas y avenidas de las cosas si las echan de ver ni se parecen! Cruzan sus anchas calles mil hermosas acequias que cual sierpes cristalinas dan vueltas y revueltas deleitosas, llenas de estrechos barcos, ricas minas de provisión, sustento y materiales a sus fábricas y obras peregrinas. Anchos caminos, puertos principales por tierra y agua a cuanto el gusto pide y pueden alcanzar deseos mortales. Entra una flota y otra se despide, de regalos cargada la que viene, la que se va del precio que los mide: su sordo ruido y tráfago entretiene, el contratar y aquel bullirse todo, que nadie un punto de sosiego tiene. Por todas partes la cudicia a rodo, que ya cuanto se trata y se practica es interés de un modo o de otro modo. Este es el sol que al mundo vivifica: quien lo conserva, rige y acrecienta, lo ampara, lo defiende y fortifica. Por éste el duro labrador sustenta el áspero rigor del tiempo helado, y en sus trabajos y sudor se alienta; y el fiero imitador de Marte airado al ronco son del alambor se mueve,

y en limpio acero resplandece armado.

Estos son algunos ejemplos de la poesía náhuatl:

Si el industrioso mercader se atreve al inconstante mar, y así remedia de grandes sumas la menor que debe;

Me siento fuera de sentido, lloro, me aflijo y pienso, digo y recuerdo: ¡Oh, si nunca yo muriera, si nunca desapareciera!… ¡Vaya yo donde no hay muerte, donde se alcanza victoria! Oh, si nunca yo muriera, si nunca desapareciera. (“Sed de inmortalidad”, de Nezahualcóyotl)

si el farsante recita su comedia, y de discreto y sabio se hace bobo, para de una hora hacer refl . la media; si el pastor soñoliento al fiero lobo sigue y persigue, y pasa un año entero en vela al pie de un áspero algarrobo; si el humilde oficial sufre el severo rostro del torpe que a mandarle llega, y el suyo al gusto ajeno hace pechero; si uno teje, otro cose, otro navega, otro descubre el !nuncio, otro conquista, otro pone demanda, otro la niega; si el sutil escribano papelista la airosa pluma con sabor voltea, costoso y desgraciado coronista; si el jurista fantástico pleitea, si el arrogante médico os aplica la mano al pulso y a Galeno hojea: si reza el ciego, si el prior predica, si el canónigo grave sigue el coro, y el sacristán de liberal se pica; si en corvas cimbrias artesones de oro por las soberbias arquitraves vuelan con ricos lazos de inmortal tesoro; si la escultura y el pincel consuelan con sus primores los curiosos ojos, y en contrahacer el mundo se desvelan; y al fin, si por industria o por antojos de la vida mortal, las ramas crecen de espinas secas y ásperos abrojos; si unos a otros se ayudan y obedecen, y en esta trabazón y enga(r)ce humano los hombres con su mundo permanecen, el goloso interés les da la mano, refuerza el gusto y acrecienta el brío, y con el suyo lo hace todo Ilano. Quitad a este gigante el señorío y las leyes que ha impuesto a los mortales; volveréis su concierto en desvarío. Caerse han las colunas principales sobre que el mundo y su grandeza estriba, y en confusión serán todos iguales. Pues esta oculta fuerza, fuente viva de la vida política, y aliento que al más tibio y helado pecho aviva, entre otros bienes suyos dio el asiento a esta insigne ciudad en sierras de agua, y en su edificio abrió el primer cimiento. Y así cuanto el ingenio humano fragua, alcanza el arte, y el deseo platica en ella y su laguna se desagua y la vuelve agradable, ilustre y rica.

Amo el canto de zenzontle pájaro de cuatrocientas voces, amo el color del jade y el enervante perfume de las flores, pero más amo a mi hermano: el hombre. (“Mi hermano, el hombre”, de Nezahualcóyotl) Lee todo en: Poesía náhuatl Alma http://www.poemas-delalma.com/blog/especiales/poesianahuatl#ixzz2rXp4RxVY

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Poemas

del

Nezahualcóyotl Sólo vivimos en tus pinturas... ¡Oh, con flores escribes Autor de la Vida! ¡Oh, con cantos das color a quienes van a vivir en la tierra! Así será despedazado lo que es del Águila, lo que es del Jaguar. ¡Sólo en tus pinturas vivimos, aquí en la tierra! Así vas a dibujar la fraternidad, la cofradía de amistad, ¡ah, y la asamblea de los señores! ¡Das color a quienes van a vivir en la tierra! Así será despedazado lo que es del Águila lo que es del Jaguar. ¡Sólo en tus pinturas vivimos, aquí en la tierra! Sobre un petate de plumas de quetzal, en un cofre de jades preciosos, ¡ya pueden ir a esconderse los Señores! Así estamos hechos, somos mortales. ¡Nosotros los hombres, cuatro por cuatro, todos nos iremos, todos moriremos en la tierra! Tan sólo entiendo su secreto, lo que trae en el cofre. Ah, señores! Así estamos hechos, somos mortales. ¡Nosotros los hombres, cuatro por cuatro, todos nos iremos, todos moriremos en la tierra! Nadie se volverá jade precioso, nadie se volverá oro ¡algo de guardarse en la tierra! Todos nos iremos allá, del mismo modo. Nadie va a quedarse,

tan sólo todos desaparecerán, nos iremos del mismo modo a Su morada. Tan sólo como una pintura nos iremos borrando. Tan sólo como una flor nos iremos marchitando, en la tierra. Como adorno de plumas de quetzal, de zacuán dorado, de pájaro turquesa, nos iremos borrando. Nos iremos a Su morada. Ya ha llegado hasta aquí, ya se amontona la piedad para quien vive con ella. ¡No lloren en vano, Águilas y Jaguares! ¡Aquí tan sólo desapareceremos; nadie va a quedarse! ¡Imagínenlo ustedes, los Señores Águilas y Jaguares! Aunque fueran jades preciosos, aunque fueran de oro, también habrían de irse allá, allá lejos, donde están los descarnados. ¡Tan sólo desapareceremos; nadie va a quedarse! Canto de primavera En la casa de las pinturas comienza a cantar, ensaya el canto, derrama flores, alegra el canto. Resuena el canto, los cascabeles se hacen oír, a ellos responden nuestras sonajas floridas. Derrama flores, alegra el canto. Sobre las flores canta el hermoso faisán, su canto despliega en el interior de las aguas. A él responden variados pájaros rojos. El hermoso pájaro rojo bellamente canta. Libro de pinturas es tu corazón, has venido a cantar, haces resonar tus tambores, tú eres el cantor. En el interior de la casa de la primavera alegras a las gentes. Tú sólo repartes flores que embriagan, flores preciosas. Tú eres el cantor. En el interior de la casa de la primavera, alegras a las gentes. Alegraos Alegraos con las flores que embriagan, las que están en nuestras manos. Que sean puestos ya los collares de flores. Nuestras flores del tiempo de lluvia, fragantes flores, abren ya sus corolas. Por allí anda el ave, parlotea y canta, viene a conocer la casa del dios. Sólo con nuestras flores nos alegramos. Sólo con nuestros cantos perece vuestra tristeza. Oh señores, con esto, vuestro disgusto se disipa. Las inventa el Dador de la vida,

las ha hecho descender el inventor de sí mismo, flores placenteras, con ellas vuestro disgusto se disipa. Solamente él Solamente él, el Dador de la Vida. Vana sabiduría tenía yo, ¿acaso alguien no lo sabía? ¿Acaso alguien? No tenía yo contento al lado de la gente. Realidades preciosas haces llover, de ti proviene tu felicidad. ¡Dador de la vida! Olorosas flores, flores preciosas, con ansia yo las deseaba, vana sabiduría tenía yo... Versiones de Miguel León Portilla

Deseo de persistencia Cuando canto sufro en la tierra, yo soy poeta y de dentro me sale la tristeza. Embriaga mi corazón. ¡Que allá en la tierra florida sea amortajado! Dejaré pintada una obra de arte, soy poeta y mi canto vivirá en la tierra: con mi canto seré recordado, oh mis oyentes, me iré, me iré a desaparecer, seré tendido en estera de amarillas plumas, y llorarán por mí las ancianas, escurrirá el llanto mis huesos como florido leño he de bajar al sepulcro, allá en la ribera de las tórtolas. Ay, sufro, oyentes míos, el dosel de plumas, cuando yo sea llevado, allá en Tlapala se volverá humo. Me iré, iré a desaparecer, seré tendido en estera de plumas amarillas y llorarán por mí las ancianas. Versión de Ángel María Garibay

ORIGEN DEL NUEVO SOL EN TEOTIHUACAN El primer testimonio que aquí se ofrece es un antiguo mito traducido del náhuatl. En el recuerda cómo, después de que el mundo había sido destruido por cuatro veces consecutivas, los dioses se reunieron en Teotihuacán para hacer posible la aparición de un nuevo sol. Gracias a su sacrificio volvió a brillar la luz sobre la tierra. La figura del Nanahuatzin, que con decisión se arrojó al fuego para transformarse en el sol, será un símbolo a lo largo de la evolución religiosa de los pueblos en aguas. Si por el sacrificio se restauraron el sol y la vida, tan sólo por medio de parecidos ofrecimientos de sangre podrá conservarse cuanto existe.

Teotihuacán, donde ocurrió el portento de los orígenes del nuevo sol, fue siempre un lugar sagrado para el pensamiento de los antiguos mexicanos. Las palabras del mito, recogido por Sahagún gracias al testimonio de sus informantes, reflejan ciertamente algo de la significación que tuvo para la conciencia indígena la gran ciudad de los Dioses. Se dice que cuando aún era de noche, cuando aún no había luz, cuando aún no amanecía, dicen que se juntaron, se llamaron unos a otros los dioses, allá en Teotihuacán. Dijeron, se dijeron entre sí:

-¡Venid, oh dioses! ¿Quién tomará sobre sí, quien llevará a cuestas, quien alumbrará, quien hará amanecer? Y enseguida allí abajo aquél, aquí presentó su rostro Tecuciztécatl. Dijo: -¡Oh dioses, en verdad yo seré! Otra vez dijeron los dioses: -¿Quién otro más? Enseguida unos y otros se miraron entre sí, unos a otros se hacen ver, se dicen: -¡Cómo será? ¿Cómo habremos de hacerlo? Nadie se atrevía, ningún otro presentó su rostro. Todos, grandes señores, manifestaba su temor, retrocedía. Nadie se hizo allí visible. Nanahuatzin, uno de esos señores, allí estaba junto a ellos, permanecí escuchando cuanto se decía. Entonces los dioses se dirigieron a él y le dijeron-¡tú, tú serás, oh Nanahuatzin! El entonces se apresuró a recogerlas la palabra, la tomó de buena gana. Dijo: -Está bien, oh dioses, me habéis hecho un bien. Enseguida empezaron, ya hacen penitencia. Cuatro días ayunaron los dos, Nanahuatzin y Tecuciztecátl. Entonces fue cuando también se encendió el fuego. Ya de este allá en el fogón. Nombraron al fogón roca divina. Y todo aquello con que aquel Tecuciztecátl hacía penitencia era precioso: sus ramas de Bertrand de plumas de quetzal, sus bolas de Granma eran de oro, sus espinas de jade. Así las espinas ensangrentadas, sus sangramientos eran coral, y su incienso, muy buen copal. Pero Nanahuatzin, sus ramas de Alberto todas eran solamente caños verdes, cañas nuevas en manojos de tres, todas captadas en conjunto eran nueve. Y sus bolas de Granma sólo eran genuinas barbas de ocote; y sus espinas, también eran sólo verdaderas espinas de mayo y. Y lo que con ellas se sangraba era realmente su sangre. Su copal era por cierto de aquellos que se traía en sus llagas. A cada uno de éstos se les hizo su monte, donde quedaron haciendo penitencia cuatro noches. Se dice ahora que estos montes son las pirámides: la pirámide del sol y la pirámide de la luna. Y cuando terminaron de hacer penitencia cuatro noches, entonces vinieron a arrojar, a echar por tierra, sus ramas de abeto y todo aquello con lo que habían hecho penitencia. Esto se hizo. Ya es el levantamiento, cuando aún es de noche, para que que cumplan su oficio, se conviertan en dioses. Y cuando ya se acerca la medianoche, entonces les ponen a cuentas su carga, los atavían, los adornan. A Tecuciztecátl le dieron su tocado redondo de papel, con el sin llegar su cabeza, con él siguieron su cabellera; se nombra su tocado de papel, sus atavíos también de papel, su braguero de papel. Y hecho esto así, cuando se acercó la medianoche, todos los dioses vinieron a quedar alrededor del fogón, al que se nombra roca divina, donde por cuatro días había debido el fuego. Por ambas partes se pusieron en fila los dioses. En el medio colocaron, dejaron de pie a los dos llamados Tecuciztecátl y Nanahuatzin. Los pusieron con el rostro vuelto, los dejaron con el rostro hacia donde estaba el fogón. Enseguida hablaron los dioses, dijeron a Tecuciztecátl: -¡Ten valor, oh Tecuciztecátl, lánzate, arrójate, en el fuego! Sin tardanza fue este arrojarse al fuego. Pero cuando le alcanzó el ardor del fuego, no pudo resistirlo, no lo fue soportable, no le fue tolerable. Excesivamente había estado ardiendo el fogón, se había hecho un fuego que abrazaba, bien había ardido y abrió el fuego. Por

ello sólo vino a atender miedo, vino a quedar separado, vino a volver hacia atrás, vino a retroceder una vez más fue a intentarlo, todas sus fuerzas como para arrojarse, para entregarse el fuego. Pero no pudo atreverse. Cuando sólo vino a huir, no tuvo valor. Cuatro veces cuatro veces de atrevimiento, así lo hizo, fue a intentarlo. Sólo que no pudo arrojarse en el fuego. El compromiso era sólo de intentarlo allí cuatro veces. Y cuando hubo intentado cuatro veces, entonces ya así exclamaron, dijeron los dioses a Nanahuatzin: -¡ahora tú, ahora ya tú, Nanahuatzin, que será ya! Y Nanahuatzin de una vez vino a tener valor, vino a concluir la cosa, hizo fuerte su corazón cerró sus ojos para no tener miedo, no se detuvo una y otra vez, no vaciló, no se regresó. Pronto se arrojó asimismo, se lanzó al fuego, se fue a él de una vez. Enseguida allí ardió su cuerpo, hizo ruido, chisporroteó al quemarse. Y cuando Tecuciztecátl vio que ya ardía, al momento se arrojó también en el fuego. Vino pronto él también ardió… Y así sucedió; cuando los dos se arrojaron al fuego, se hubieron quemado, los dioses se sentaron para aguardar por donde habían de salir Nanahuatzin, el primero que cayó en el fogón para que brillara la luz del sol, para que hiciera el amanecer. Cuando ya pasó largo tiempo de que así estuvieron esperando los dioses, comenzó entonces a enrojecerse, a circular por todas partes la aurora, la claridad de la luz. Y como se refiere, entonces los dioses se pusieron sobre sus rodillas para esperar por donde habría de salir el sol. Sucedió que hacia todas partes miraron, sin rumbo fijo dirigieron la vista, estuvieron dando vueltas. Sobre ningún lugar se puso de acuerdo su palabra, su conocimiento. Nada coherente pudieron decir. Algunos pensaron que había de salir hacia el rumbo de los muertos, el norte, por eso hace ya se quedaron mirando. Otros del rumbo de las mujeres, el poniente. Otros más, a la región de las espinas, al sur, hacia allá se quedaron mirando. Por todas partes pensaron que podría porque la claridad de la luz lo circundaba todo. Pero algunos hace ya se quedaron mirando, hacia el rumbo del color rojo, el oriente. Dijeron: -En verdad allá, de allá vendrá a salir el sol. Fue verdadera la palabra de estos que hacía allá miraron, que hacia allá señalaron con el dedo. Como se dice, aquellos que hacia allá estuvieron viendo fueron Quetzalcóatl, el segundo nombrado Ehécatl y Tótec o sea el señor de Anáhuatl y Tezcatlipoca rojo. También aquellos que se llaman Mimixcoa, que no pueden contarse, y las cuatro mujeres llamadas Tiacapan, Teicu, Tlacoiehua, Xocóiotl. Y cuando el sol vino a salir, cuando vino a presentarse, apareció como si estuviera pintado de rojo. No podía ser contemplado su rostro, el día los ojos de la gente, brillaba mucho, lanzaba ardientes rayos de luz, sus rayos llegaban a todas partes, la irradiación de su calor por todos partes se metía.

Y después vino a salir Tecuciztecátl, te lo iba siguiendo, también de allá vino, del rumbo del color rojo, en oriente, junto al sol vino a presentarse. Del mismo modo como cayeron en el fuego, así vinieron a salir, uno siguiendo al otro. Y como se refiere, como se narra, como son las consejas, era igual la apariencia de ambos al iluminar las cosas. Cuando los dioses los vieron, que era igual su apariencia, de nuevo, una vez más, se convocaron, dijeron: -¿Cómo habrán de ser, oh dioses? ¿Acaso los dos juntos llegaran su camino? ¿acaso los dos juntos así habrán de iluminar las cosas? Pero entonces todos los dioses tomaron una determinación, dijeron: -Así habrá de ser, así habrá de hacerse. Entonces uno de esos señores, de los dioses, salió corriendo. Con un conejo fue abrir el rostro de aquel, de Tecuciztecátl. Así oscureció su rostro, así lo hirió el rostro, como hasta ahora se ve. Ahora bien, mientras ambos seguían presentando juntos, tampoco podían moverse, y seguir su camino. Sólo allí permanecían, se quedaban quietos. Por esto, una vez más, dijeron los dioses: -¿Cómo habremos de vivir? No se mueve el sol. ¿Acaso induciremos a una vida sin orden a los masehuales, a los seres humanos? ¡Que por nuestro medio se fortalezca el sol! ¡Muramos todos! Luego fue oficio de Ehéctal dar muerte a los dioses. Y como se refiere, Xólotl no quería morir. Dijo a los dioses: -¡Que no muera yo, oh Dioses! Así mucho y lloró, se lincharon los ojos, se lincharon los párpados.

A él se acercaba ya la muerte, ante ella se levantó, huyó, se metió en la tierra del maíz verde, se le alegró el rostro, se transformó, se quedó un forma de doble caña de maíz, dividido, la que llaman los campesinos con el nombre de Xólotl. Pero allá en la cementera del maíz fue visto. Una vez más se levantó delante de ellos, se fue a meter a un campo de magueyes. También se convirtió en maguey, en maguey que dos veces permanece, el que se llama maguey de Xólotl. Pero una vez más también fue visto, y se metió en el agua, y vino a convertirse en la Jolote, en axólote. Pero allí vinieron a cogerlo, así le dieron muerte. Y dicen que, aunque todos los dioses murieron, en verdad no con esto se movió, no con esto pudo seguir el camino del sol, el dios Tonatiuh. Entonces fue oficio de Ehéctal poner de pie al viento, con el empujar mucho, hacer andar al viento. Así él pudo mover al sol, luego éste siguió su camino. Y cuando éste ya anduvo, solamente allí quedó la luna. Cuando al fin vino a entrar el sol al lugar por donde

se mete, entonces también la luna comenzó a moverse. Entonces se prepararon, cada uno siguió su camino. Sale una vez el sol y cumple su oficio durante el día. Y la luna hace su oficio nocturno, pasa a de noche, cumple su labor durante ella. De ahí se ve, lo que se dice, que aquel pudo haber sido el sol, Tecuciztecátl-la luna, si primero se hubiera arrojado al fuego. Porque él primero se presentó para hacer penitencia con todas sus cosas preciosas. Aquí acaba este relato, está conseja; desde tiempos antiguos la referían una y otra vez los ancianos, los que tenían a su cargo conservarla. (*) (*) Codice Matritense del Real Placio, texto de los informantes de Sahagún, Fols. 161 v. t ss. A Cristo crucificado de Anónimo No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido; ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, señor; muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido; muéveme ver tu cuerpo tan herido; muévenme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque cuanto espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera. SOR JUANA INES DE LA CRUZ Al que ingrato me deja, busco amante... Amor empieza por desasosiego... Con el dolor de la mortal herida... Cuando mi error y tu vileza veo... Detente, sombra de mi bien esquivo... Dime vencedor rapaz... Dos dudas en qué escoger... En perseguirme, mundo, ¿Qué interesas? Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba... Este amoroso tormento... Éste que ves, engaño colorido... Estos versos, lector mío... Feliciano me adora y le aborrezco... Finjamos que soy feliz... Décimas de Sor Juana Inés de la Cruz Defiende que amar por elección del arbitrio, es sólo digno de racional correspondencia Al amor, cualquier curioso hallará una distinción; que uno nace de elección y otro de influjo imperioso.

Éste es más afectüoso, porque es el más natural, y así es más sensible: al cual llamaremos afectivo; y al otro, que es electivo, llamaremos racional. Éste, a diversos respectos, tiene otras mil divisiones por las denominaciones que toma de sus objetos. Y así, aunque no mude efectos, que muda nombres es llano: al de objeto soberano llaman amor racional; y al de deudos, natural; y si es amistad, urbano. Mas dejo esta diferencia sin apurar su rigor; y pasando a cuál amor merece correspondencia, digo que es más noble esencia la del de conocimiento; que el otro es un rendimiento de precisa obligación, y sólo al que es elección se debe agradecimiento. Pruébolo. Si aquél que dice que idolatra una beldad, con su libre voluntad a su pasión contradice, y llamándose infelice culpa su estrella de avara sintiendo que le inclinara, pues si en su mano estuviera, no sólo no la quisiera, mas, quizá, la despreciara. Si pende su libertad de un influjo superior, diremos que tiene amor, pero no que voluntad; pues si ajena potestad le constriñe a obedecer, no se debe agradecer aunque de su pena muera, ni estimar el que la quiera quien no la quiere querer. El que a las prensas se inclina sin influjo celestial, es justo que donde el mal, halle también medicina; mas a aquél que le destina influjo que le atropella, y no la estima por bella sino porque se inclinó, si su estrella le empeñó, vaya a cobrar de su estrella. Son, en los dos, los intentos

tan varios, y las acciones, que en uno hay veneraciones y en otro hay atrevimientos: tino aspira a sus contentos, otro no espera el empleo; pues si tal variedad veo, ¿quién tan bárbara será que, ciega, no admitirá más un culto que un deseo? Quien ama de entendimiento, no sólo en amar da gloria, mas ofrece la victoria también del merecimiento; pues, ¿no será loco intento presumir que a obligar viene quien con su pasión se aviene tan mal que, estándola amando, indigna la está juzgando del mismo amor que la tiene? Un amor apreciativo solo merece favor, porque un amor, de otro amor es el más fuerte atractivo; mas en un ánimo altivo querer que estime el cuidado de un corazón violentado, es solicitar con veras que agradezcan las galeras la asistencia del forzado. A la hermosura no obliga amor que forzado venga, ni admite pasión que tenga la razón por enemiga; ni habrá quien le contradiga el propósito e intento de no admitir pensamiento que, por mucho que la quiera, no le dará el alma entera, pues va sin entendimiento. Décimas de Sor Juana Sosiega el susto de la fascinación, en una hermosura medrosa Amarilis celestial, no el aojo te amedrente, que tus ojos solamente tienen poder de hacer mal; pues si es alguna señal la con que dañan airados y matan avenenados cuando indignados están, los tuyos solos serán, que son los más señalados. ¿Creerás que me ha dado enojo llegar con temor a verte? ¿Él había de ofenderte? ¡Cuatro higas para el ojo! Ten aquesto por antojo y por opinión errada que ha dado por asentada falto el vulgo de consejo; porque si no es en tu espejo, no puedes estar aojada. Cogióme sin prevención amor astuto y tirano, con capa de cortesano se me entró en el corazón. Descuidada la razón y sin armas los sentidos,

dieron puerta inadvertidos; y él por lograr sus enojos, mientras suspendió los ojos, me salteó los oídos. Disfrazado entró y mañoso; mas ya que dentro se vio del Paladïón, salió de aquel disfraz engañoso y, con ánimo furioso, tomando las armas luego, se descubrió astuto griego que, iras brotando y furores, matando los defensores, puso a toda el alma fuego. Y buscando sus violencias en ella al Príamo fuerte, dio al Entendimiento muerte, que era rey de las potencias; y sin hacer diferencias de real o plebeya grey, haciendo general ley, murieron a sus puñales los discursos racionales porque eran hijos del rey. A Casandra su fiereza buscó, y con modos tiranos, ató a la razón las manos, que era del alma princesa. En prisiones, su belleza, de soldados atrevidos, lamenta los no creídos desastres que adivinó, pues por más voces que dio, no la oyeron los sentidos. Todo el palacio abrasado se ve, todo destrüido, Deifobo allí mal herido, aquí Paris maltratado. Prende también su cuidado la modestia en Polixena; y en medio de tanta pena, tanta muerte y confusión, a la ilícita afición sólo reserva en Elena. Ya la ciudad que vecina fue al cielo, con tanto arder sólo guarda de su ser vestigios en su rüina. Todo el amor lo extermina y, con ardiente furor, sólo se oye entre el rumor con que su crueldad apoya: «Aquí yace un alma Troya; ¡victoria por el amor!» Décimas de Sor Juana Inés Memorial a un juez, pidiéndole por una viuda que la litigaban la vivienda Juzgo, aunque os canse mi trato, que no os ofendo, en rigor, pues en cansaros, señor, cumplo con vuestro mandato; y pues éste fue el contrato, sufrid mis necias porfías de escuchar todos los días tan continuas peticiones, que aquestas mis rogaciones se han vuelto ya letanías. Una viuda desdichada por una casa pleitea; y basta que viuda sea, sin que sea descasada.

De vos espera, amparada, hallar la razón propicia para vencer la malicia de la contraria eficacia, esperando en vuestra gracia que le habéis de hacer justicia. Sor Juana Inés de la Cruz En que satisfaga un recelo con la retórica del llanto Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba, como en tu rostro y tus acciones vía que con palabras no te persuadía, que el corazón me vieses deseaba. Y Amor, que mis intentos ayudaba, venció lo que imposible parecía, pues entre el llanto que el dolor vertía, el corazón deshecho destilaba. Baste ya de rigores, mi bien, baste, no te atormenten más celos tiranos, ni el vil recelo tu quietud contraste con sombras necias, con indicios vanos: pues ya en líquido humor viste y tocaste mi corazón deshecho entre tus manos. "Nocturno a Rosario" por Manuel Acuña (1849-1873) El poeta se suicidó a los 24 años por causa de este fatal amor con una mujer casada. Pues bien, yo necesito decirte que te adoro, decirte que te quiero con todo el corazón; que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro, que ya no puedo tanto, y al grito que te imploro te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión. De noche cuando pongo mis sienes en la almohada, y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver, camino mucho, mucho y al fin de la jornada las formas de mi madre se pierden en la nada, y tú de nuevo vuelves en mi alma a aparecer. Comprendo que tus besos jamás han de ser míos; comprendo que en tus ojos no me he de ver jamás; y te amo, y en mis locos y ardientes desvaríos bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos, y en vez de amarte menos te quiero mucho más. A veces pienso en darte mi eterna despedida, borrarte en mis recuerdos y huir de esta pasión; mas si es en vano todo y mi alma no te olvida, ¡qué quieres tú que yo haga pedazo de mi vida;

qué quieres tú que yo haga con este corazón! Y luego que ya estaba? concluido el santuario, la lámpara encendida tu velo en el altar, el sol de la mañana detrás del campanario, chispeando las antorchas, humeando el incensario, y abierta allá a lo lejos la puerta del hogar... Yo quiero que tú sepas que ya hace muchos días estoy enfermo y pálido de tanto no dormir; que ya se han muerto todas las esperanzas mías; que están mis noches negras, tan negras y sombrías que ya no sé ni dónde se alzaba el porvenir. ¡Que hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo. los dos unidos siempre y amándonos los dos; tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho, los dos, un alma sola, los dos, un solo pecho, y en medio de nosotros mi madre como un Díos! ¡Figúrate qué hermosas las horas de la vida! ¡Qué dulce y bello el viaje por una tierra así! Y yo soñaba en eso, mi santa prometida, y al delirar en eso con alma estremecida, pensaba yo en ser bueno por ti, no más por ti. Bien sabe Díos que ése era mi más hermoso sueño, mi afán y mi esperanza, mi dicha y mi placer; ¡bien sabe Díos que en nada cifraba yo mi empeño, sino en amarte mucho en el hogar risueño que me envolvió en sus besos cuando me vio nacer! Esa era mi esperanza... mas ya que a sus fulgores se opone el hondo abismo que existe entre los dos, ¡adiós por la última vez, amor de mis amores; la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores, mi mira de poeta, mi juventud, adiós!

MARÍA DE JORGE ISAACS Durante un año tuve dos veces cada mes cartas de María. Las últimas estaban llenas de una melancolía tan profunda que, comparadas con ellas, las primeras que recibí parecían escritas en nuestros días de felicidad. En vano había tratado de reanimarla diciéndole que esa tristeza destruiría su salud, por más que hasta entonces hubiese sido tan buena como me lo decía; en vano. Yo sé que no puede faltar mucho para que yo te vea, me había contestado: desde ese día ya no podré estar triste: estaré siempre a tu lado ... No, no; nadie podrá volver a separarnos. La carta que contenía esas palabras fue la única de ella que recibí en dos meses. En los últimos días de junio, una tarde se me presentó el señor A..., que acababa de llegar de París, y a quien no había visto desde el pasado invierno. -Le traigo a usted cartas de su casa -me dijo después de habernos abrazado. -¿De tres correos? -De uno solo. Debemos hablar algunas palabras antes -me observó, reteniendo el paquete. Noté en su semblante algo siniestro que me turbó. -He venido -añadió después de haberse paseado silencioso algunos instantes por el cuarto-, a ayudarle a usted a disponer su regreso a América. -¡Al Cauca! -exclamé, olvidado por un momento de todo, menos de María y de mi país. -Sí -me respondió-, pero ya habrá usted adivinado la causa. -¡Mi madre! -prorrumpí desconcertado. -Está buena -respondió. -¿Quién, pues? -grité asiendo el paquete que sus manos retenían. -Nadie ha muerto. -¡María! ¡María! -exclamé como si ella pudiera acudir a mis voces, y caí sin fuerzas sobre el asiento. -Vamos -dijo procurando hacerse oír el señor A...-: para esto fue necesaria mi venida. Ella vivirá si usted llega a tiempo. Lea usted las cartas, que ahí debe venir una de ella. Vente -me decía-, ven pronto, o me moriré sin decirte adiós. Al fin me consienten que te confiese la verdad: hace un año que me mata hora por hora esta enfermedad de que la dicha me curó por unos días. Si no hubieran interrumpido esa felicidad, yo habría vivido para ti. Si vienes ... sí vendrás, porque yo tendré fuerza para resistir hasta que te vea; si vienes hallarás solamente una sombra de tu María; pero esa sombra necesita abrazarte antes de desaparecer. Si no te espero, si una fuerza más poderosa que mi voluntad me arrastra sin que tú me animes, sin que cierres mis ojos, a Emma le dejaré para que te lo guarde, todo lo que yo sé te será amable: las trenzas de mis cabellos, el guarda-pelo en donde están los tuyos y los de mi madre, la sortija que pusiste en mi mano en vísperas de irte, y todas tus cartas. Pero ¿a qué afligirte diciéndote todo esto? Si vienes, yo me alentaré; si vuelvo a oír tu voz, si tus ojos me dicen un solo instante lo que ellos solos sabían decirme, yo viviré y volveré a ser como antes era. Yo no quiero morirme; yo no puedo morirme y dejarte solo para siempre. -Acabe usted -me dijo el señor A..., recogiendo la carta de mi padre caída a mis pies-. Usted mismo conocerá que no podemos perder tiempo. Mi padre decía lo que yo había sabido ya demasiado cruelmente. Quedábales a los médicos sólo una esperanza de salvar a María: la que les hacía conservar mi regreso. Ante esa necesidad mi padre no vaciló; ordenábame regresar con la mayor precipitud posible, y se disculpaba por no haberlo dispuesto así antes. Dos horas después salí de Londres. Fragmento de «El Periquillo Sarniento» Fuímonos, por fin, al circo de la diversión, que era un gran corral, en el que estaban formados unos cómodos tabladitos. Sentámonos el padre vicario y yo juntos, y entretuvimos la tarde mirando herrar los becerros, y ganado caballar y mular que había. Mas advertí que los espectadores no manifestaban tanta complacencia cuando señalaban a los animales con el fuego, como cuando se toreaban los becerrillos o se jineteaban los potros, y mucho más cuando un torete tiraba a un muchacho de aquéllos, o un muleto desprendía a otro de sobre sí; porque entonces eran desmedidas las risadas, por más que el golpeado inspirara la compasión con la aflicción que se pintaba en su semblante.

Yo, como hasta entonces no había presenciado semejante escena, no podía menos que conmoverme al ver a un pobre que se levantaba rengueando de entre las patas de una mula o las astas de un novillo. En aquel momento sólo consideraba el dolor que sentiría aquel infeliz, y esta genial compasión no me permitía reír cuando todos reventaban a caquinos. El juicioso vicario, que ¡ojalá hubiera sido mi mentor toda la vida!, advirtió mi seriedad y silencio, y leyéndome el corazón me dijo: -¿Usted ha visto toros en México alguna vez? -No señor - le contesté-, ahora es la primera ocasión que veo esta clase de diversiones, que consisten en hacer daño a los pobres animales, y exponerse los hombres a recibir los golpes de la venganza de aquéllos, la que juzgo se merecen bien por su maldita inclinación y barbarie. -Así es, amiguito - me dijo el vicario-; y se conoce que usted no ha visto cosas peores. ¿Qué dijera usted si viera las corridas de toros que se hacen en las capitales, especialmente en las fiestas que llaman Reales? Todo lo que usted ve en éstas son frutas y pan pintado; lo más que aquí sucede es que los toretes suelen dar sus revolcadillas a estos muchachos, y los potros y mulas sus caídas, en las que ordinariamente quedan molidos y estropeados los jinetes; mas no heridos o muertos como sucede en aquellas fiestas públicas de las ciudades que dije; porque allí, como se torean toros escogidos por feroces, y están puntales, es muy frecuente ver los intestinos de los caballos enredados en sus astas, hombres gravemente lastimados y algunos muertos. -Padre - le dije yo-, ¿y así exponen los racionales sus vidas para sacrificarlas en las armas enojadas de una fiera? ¿Y así concurren todos de tropel a divertirse con ver derramar la sangre de los brutos, y tal vez de sus semejantes? -Así sucede -me contestó el vicario-, y sucederá siempre en los dominios de España, hasta que no se olvide esta costumbre tan repugnante a la naturaleza, como a la ilustración del siglo en que vivimos. José Joaquín Fernández de Lizardi El periquillo sarniento (fragmento) " Ésta sí fuera asistencia honrosa, y los mayores elogios que pudieran lisonjear el corazón de sus parientes; porque las lágrimas de los pobres en la muerte de los ricos, honran sus cenizas, perpetúan la memoria de sus nombres, acreditan su caridad y beneficencia, y aseguran con mucho fundamento la felicidad de su suerte futura con más solidez, verdad y energía que toda la pompa, vanidad y lucimiento del entierro. ¡Infelices de los ricos cuya muerte ni es precedida ni seguida de las lágrimas de los pobres! (…) La pobre de su merced me reprendía mis extravíos, me hacía ver que ellos eran la causa del triste estado a que nos veíamos reducidos, me daba mil consejos persuadiéndome a que me dedicara a alguna cosa útil, que me confesara, y que abandonara aquellos amigos que me habían sido tan perjudiciales, y que quizá me pondrían en los umbrales de mi última perdición. En fin, la infeliz señora hacía todo lo que podía para que yo reflexionara sobre mí, pero ya era tarde. El vicio había hecho callos en mi corazón, sus raíces estaban muy profundas, y no hacían mella en él ni los consejos sólidos, ni las reprensiones suaves ni las ásperas. Todo lo escuchaba violento y lo despreciaba pertinaz. Si me exhortaba a la virtud, me reía; y si me afeaba mis vicios me exasperaba; y no sólo, sino que entonces le faltaba al respeto con unas respuestas indignas de un hijo cristiano y bien nacido, haciendo llorar sin consuelo a mi pobre madre en estas ocasiones. ¡Ah, lágrimas de mi madre, vertidas por su culpa y por la mía! Si a los principios, si en mi infancia, si cuando yo no era dueño absoluto de los resabios de mis pasiones, me hubiera corregido los primeros ímpetus de ellas, y no me hubiera lisonjeado con sus mimos, consentimientos y cariños, seguramente yo me hubiera acostumbrado a obedecerla y respetarla; pero fue todo lo contrario, ella celebraba mis primeros deslices y aun los disculpaba con la edad, sin acordarse que el vicio también tiene su infancia en lo moral, su consistencia y su senectud lo mismo que el hombre en lo físico. Él comienza siendo niño o trivial, crece con la costumbre y fenece con el hombre, o llega a su decrepitud cuando al mismo hombre en fuerza de los años se le amortiguan las pasiones. " FRAGMENTO DE LA TREGUA DE MARIO BENEDETTI Benedetti desnuda emociones y sentimientos y los transfiere a través de la piel. Lunes 11 de febrero Que yo me sienta, todavía hoy, ingenuo e inmaduro (es decir, con sólo los defectos de la juventud y casi ninguna de sus virtudes) no significa que tenga el derecho de exhibir esa ingenuidad y esa inmadurez. Tuve una prima solterona que cuando hacía un postre lo mostraba a todos, con una sonrisa melancólica y pueril que le había quedado prendida en los labios desde la época en que hacía méritos frente al novio motociclista que después se mató en una de nuestras tantas Curvas de la Muerte. Ella vestía correctamente, en un todo de acuerdo con sus cincuenta y tres; en eso y lo demás era discreta, equilibrada, pero aquella sonrisa reclamaba, en cambio, un acompañamiento de labios frescos, de piel rozagante, de piernas torneadas, de veinte años. Era un gesto patético, sólo eso, un gesto que no llegaba nunca a parecer ridículo, porque en aquel rostro había, además, bondad. Cuántas palabras, sólo para decir que no quiero parecer patético. Sábado 23 de febrero Dios mío, qué aburrimiento. Sólo entonces formuló la pregunta más lógica: "Che, ¿total te casaste con Isabel?"."Sí, y tengo tres hijos", contesté, acortando camino. Él tiene cinco. Qué suerte. "¿Y cómo está Isabel? ¿Siempre guapa?" "Murió", dije, poniendo la cara más inescrutable de mi repertorio. La palabra sonó como un disparo y él -menos mal- quedó desconcertado. Se apuró a terminar el tercer café y en seguida miró el reloj. Hay una especie de reflejo automático en eso de hablar de la muerte y mirar en seguida el reloj. Lunes 25 de febrero Pero Blanca preguntó: "¿Así que se acordaba de mamá?". Me pareció que Jaime iba a decir algo, creo que movió los labios, pero decidió quedarse callado. "Feliz de él", agregó Blanca, "yo no me acuerdo". "Yo sí", dijo Esteban. ¿Cómo se acordará? ¿Como yo, con recuerdos

de recuerdos, o directamente, como quien ve la propia cara en el espejo? ¿Será posible que él, que sólo tenía cuatro años, posea la imagen, y que a mí, en cambio, que tengo registradas tantas noches, tantas noches, tantas noches, no me quede nada? Hacíamos el amor a oscuras. Será por eso. Seguro que es por eso. Tengo una memoria táctil de esas noches, y ésa sí es directa. Pero ¿y el día? Durante el día no estábamos a oscuras. Llegaba a casa cansado, lleno de problemas, tal vez rabioso con la injusticia de esa semana, de ese mes. A veces hacíamos cuentas. Nunca alcanzaba. Acaso mirábamos demasiado los números, las sumas, las restas, y no teníamos tiempo de mirarnos nosotros. Donde ella esté, si es que está, ¿qué recuerdo tendrá de mí? En definitiva, ¿importa algo la memoria? "A veces me siento desdichada, nada más que de no saber qué es lo que estoy echando de menos", murmuró Blanca, mientras repartía los duraznos en almíbar. Nos tocaron tres y medio a cada uno. Sábado 2 de marzo Anoche, después de treinta años, volví a soñar con mis encapuchados. Cuando yo tenía cuatro años o quizá menos, comer era una pesadilla. Entonces mi abuela inventó un método realmente original para que yo tragase sin mayores problemas la papa deshecha. Se ponía un enorme impermeable de mi tío, se colocaba la capucha y unos anteojos negros. Con ese aspecto, para mí terrorífico, venía a golpear en mi ventana. La sirvienta, mi madre, alguna tía, coreaban entonces: "jAhí está don Policarpo!". Don Policarpo era una especie de monstruo que castigaba a los niños que no comían. Clavado en mi propio terror, el resto de mis fuerzas alcanzaba para mover mis mandíbulas a una velocidad increíble y acabar de ese modo con el desabrido, abundante puré. Era cómodo para todos. Amenazarme con don Policarpo equivalía a apretar un botón casi mágico. Al final se había convertido en una famosa diversión. Cuando llegaba una visita, la traían a mi cuarto para que asistiera a los graciosos pormenores de mi pánico. Es curioso cómo a veces se puede llegar a ser tan inocentemente cruel. Porque, además del susto, estaban mis noches, mis noches llenas de encapuchados silenciosos, rara especie de Policarpos que siempre estaban de espaldas, rodeados de una espesa bruma. Siempre aparecían en fila, como esperando turno para ingresar a mi miedo. Nunca pronunciaban palabra, pero se movían pesadamente en una especie de intermitente balanceo, arrastrando sus oscuras túnicas, todas iguales, ya que en eso había venido a parar el impermeable de mi tío. Era curioso: en mi sueño sentía menos horror que en la realidad. Y, a medida que pasaban los años, el miedo se iba convirtiendo en fascinación. Con esa mirada absorta que uno suele tener por debajo de los párpados del sueño, yo asistía como hipnotizado a la cíclica escena. A veces, soñando otro sueño cualquiera, yo tenía una oscura conciencia de que hubiera preferido soñar mis Policarpos. Y una noche vinieron por última vez. Formaron en su fila, se balancearon, guardaron silencio, y como de costumbre, se esfumaron. Durante muchos años dormí con una inevitable desazón, con una casi enfermiza sensación de espera. A veces me dormía decidido a encontrarlos, pero sólo conseguía crear la bruma y, en raras ocasiones, sentir las palpitaciones de mi antiguo miedo. Sólo eso. Después fui perdiendo aun esa esperanza y llegué insensiblemente a la época en que empecé a contar a los extraños el fácil argumento de mi sueño. También llegué a olvidarlo. Hasta anoche. Viernes 29 de marzo Qué viento asqueroso, me costó un triunfo llegar por Ciudadela desde Colonia hasta la Plaza. A una muchacha el viento le levantó la pollera. A un cura le levantó la sotana. Jesús, qué panoramas tan distintos. Domingo 31 de marzo Esta tarde, cuando salía del California, vi desde lejos a la del ómnibus, la "mujer del codo". Venía con un tipo corpulento, de aspecto deportista y con dos dedos de frente. Cuando el tipo reía, era como para ponerse a reflexionar sobre las imprevistas variantes de la imbecilidad humana. Domingo 23 de junio A ella le gustaba todo, pero la tensión no le dejaba disfrutar de nada. Cuando llegó el momento de descorchar el champán, ya no estaba pálida. "¿Hasta qué hora podés quedarte?", pregunté. "Hasta tarde." "¿Y tu madre?" "Mi madre sabe lo nuestro." Un golpe bajo, evidentemente. Así no vale. Me sentí como desnudo, con esa desesperada desnudez de los sueños, cuando uno se pasea en calzoncillos por Sarandí y la gente lo festeja de vereda a vereda. "Y eso ¿por qué?", me atreví a preguntar. "Mi madre sabe todo lo mío." "¿Y tu padre?" "Mi padre vive fuera del mundo. Es sastre. Horrible. Nunca vayas a hacerte un traje con él. Los hace todos a la medida del mismo maniquí. Pero además es teósofo. Y anarquista. Nunca pregunta nada. Los lunes se reúne con sus amigos teósofos y glosa a la Blavatsky hasta la madrugada; los jueves vienen a casa sus amigos anarquistas y discuten a grito pelado sobre Bakunin y sobre Kropótkin. Por lo demás es un hombre tierno, pacífico, que a veces me mira con una dulce paciencia y me dice cosas muy útiles, de las más útiles que he escuchado jamás." Me gusta mucho que hable de los suyos, pero hoy me gustó especialmente. Me pareció que era un buen presagio para la inauguración de nuestra flamante intimidad. "Y tu madre, ¿qué dice de mí?" Mi trauma psíquico proviene de la madre de Isabel. "¿De vos? Nada. Dice de mí." Terminó con el resto del champán que quedaba en la copa y se limpió los labios con la servilletita de papel. Ya no le quedaba nada de pintura. "Dice de mí que soy una exagerada, que no tengo serenidad." "¿Con respecto a lo nuestro o con respecto a todo?" "A todo. La teoría de ella, la gran teoría de su vida, la que la mantiene en vigor es que la felicidad, la verdadera felicidad, es un estado mucho menos angélico y hasta bastante menos agradable de lo que uno tiende siempre a soñar. Ella dice que la gente acaba por lo general sintiéndose desgraciada, nada más que por haber creído que la felicidad era una permanente sensación de indefinible bienestar, de gozoso éxtasis, de festival perpetuo. No, dice ella, la felicidad es bastante menos (o quizá bastante más, pero de todos modos otra cosa) y es seguro que muchos de esos presuntos desgraciados son en realidad felices, pero no se dan cuenta, no lo admiten, porque ellos creen que están muy lejos del máximo bienestar. Es algo semejante a lo que pasa con los desilusionados de la Gruta Azul. La que ellos imaginaron es una gruta de hadas, no sabían bien cómo era, pero sí que era una gruta de hadas, en cambio llegan allí y se encuentran con que todo el milagro consiste en que uno mete las manos en el agua y se las ve levemente azules y luminosas." Evidentemente, le agrada relatar las reflexiones de su madre. Creo que las dice como una convicción inalcanzable para ella, pero también como una convicción que ella quisiera fervientemente poseer. "Y vos, ¿cómo te sentís?", pregunté, "¿como si te vieras las manos levemente azules y luminosas?" La interrupción la trajo a la tierra, al momento especial que era este hoy. Dijo: "Todavía no las introduje en el agua", pero en seguida se sonrojó. Porque, claro, la frase podía tomarse como una invitación, hasta por una urgencia que ella no había querido formular. Yo no tuve la culpa, pero ahí estuvo mi repentina desventaja. Se levantó, se recostó en la pared, y me preguntó con un tonito que quería ser simpático, pero que en realidad era notoriamente inhibido: "¿Puedo

pedirte un primer favor?". "Podés", respondí, y ya tenía mis temores. "¿Dejás que me vaya, así sin otra cosa? Hoy, sólo por hoy. Te prometo que mañana todo irá bien." Me sentí desilusionado, imbécil, comprensivo. "Claro que te dejo. No faltaba más." Pero faltaba. Cómo no que faltaba. Lunes 24 de junio Inesperadamente, no dijo nada ofensivo. Debe ser que la fiebre lo ha debilitado. Más aún, llegó a disculparse: "Puede ser que tengas razón. Siempre ando de mal genio. Yo qué sé. Como si me sintiera incómodo conmigo mismo". Como confidencia y partiendo de Esteban, era casi una exageración. Pero como autocrítica, creo que está muy aproximada a la verdad. Hace tiempo que me da la impresión de que el paso de Esteban no sigue al de su conciencia. "¿Qué dirías vos si dejo el empleo público?" "¿Ahora?" "Bueno, ahora no. Cuando me cure, si me curo. Dijo el médico que a lo mejor tengo para unos cuantos meses." "¿Y a qué se debe esta viaraza?" "No me preguntes demasiado. ¿No te alcanza con que quiera cambiar?" "Sí que me alcanza. Me dejás muy contento. Lo único que me preocupa es que si precisás una licencia por enfermedad, es más fácil que la consigas donde estás ahora." "A vos, cuando tuviste el tifus, ¿te echaron? ¿Verdad que no? Y faltaste como seis meses." En realidad, le llevaba la contra por el puro placer de oírlo afirmarse. "Lo principal, ahora, es que te cures. Después veremos." Entonces se lanzó a un largo retrato de sí mismo, de sus limitaciones, de sus esperanzas. Tan largo, que llegué a la oficina a las tres y cuarto, y tuve que disculparme con el gerente. Yo estaba impaciente, pero no me sentía con derecho a interrumpirlo. Era la primera vez que Esteban se confiaba. No podía defraudarlo. Después hablé yo. Le di algún consejo, pero muy amplio, sin fronteras. No quería espantarlo. Y creo que no lo espanté. Cuando me fui le palmeé la rodilla que abultaba bajo la frazada. Y me dedicó una sonrisa. Dios mío, me pareció la cara de un extraño. ¿Será posible? Por otra parte, un extraño lleno de simpatía. Y es mi hijo. Qué bien. Sábado 6 de julio Desde el dormitorio, ella me llamó. Se había levantado, así, envuelta en la frazada, y estaba junto a la ventana mirando llover. Me acerqué, yo también miré cómo llovía, no dijimos nada por un rato. De pronto tuve conciencia de que ese momento, de que esa rebanada de cotidianidad, era el grado máximo de bienestar, era la Dicha. Nunca había sido tan plenamente feliz como en ese momento, pero tenía la hiriente sensación de que nunca más volvería a serlo, por lo menos en ese grado, con esa intensidad. La cumbre es así, claro que es así. Además estoy seguro de que la cumbre es sólo un segundo, un breve segundo, un destello instantáneo, y no hay derecho a prórrogas. Allá abajo un perro trotaba sin prisa y con bozal, resignado a lo irremediable. De pronto se detuvo y obedeciendo a una rara inspiración levantó una pata, después siguió su trote tan sereno. Realmente, parecía que se había detenido a cerciorarse de que seguía lloviendo. Nos miramos a un tiempo y soltamos la risa. Me figuré que el hechizo se había roto, que la famosa cumbre había pasado... Pero ella estaba conmigo, podía sentirla, palparla, besarla. Podía decir simplemente: "Avellaneda." "Avellaneda" es, además, un mundo de palabras. Estoy aprendiendo a inyectarle cientos de significados y ella también aprende a conocerlos. Es un juego. De mañana digo: "Avellaneda", y significa: "Buenos días". (Hay un "Avellaneda" que es reproche, otro que es aviso, otro más que es disculpa.) Pero ella me malentiende a propósito para hacerme rabiar. Cuando pronuncio el "Avellaneda" que significa: "Hagamos el amor", ella muy ufana contesta: "¿Te parece que me vaya ahora? jEs tan temprano!". Oh, los viejos tiempos en que Avellaneda era sólo un apellido, el apellido de la nueva auxiliar (sólo hace cinco meses que anoté: "La chica no parece tener muchas ganas de trabajar, pero al menos entiende lo que uno le explica"), la etiqueta para identificar a aquella personita de frente ancha y boca grande que me miraba con enorme respeto. Ahí está ahora, frente a mí, envuelta en su frazada. No me acuerdo cómo era cuando me parecía insignificante, inhibida, nada más que simpática. Sólo me acuerdo de cómo es ahora: una deliciosa mujercita que me atrae, que me alegra absurdamente el corazón, que me conquista. Parpadeé conscientemente, para que nada estorbara después. Entonces mi mirada la envolvió, mucho mejor que la frazada; en realidad, no era independiente de mi voz, que ya había empezado a decir: "Avellaneda". Y esta vez me entendió perfectamente. Lunes 8 de julio Esteban ya se levanta. Su enfermedad nos ha dejado un buen saldo, tanto a él como a mí. Hemos tenido dos o tres conversaciones francas, verdaderamente saludables. Incluso hablamos alguna vez de generalidades, pero con naturalidad, sin que el mutuo fastidio dictara las respuestas. Sábado 13 de julio Ella está a mi lado, dormida. Estoy escribiendo en una hoja suelta, esta noche lo pasaré a la libreta. Son las cuatro de la tarde, el final de la siesta. Empecé a pensar en una comparación y terminé con otra. Está aquí, al lado mío, el cuerpo de ella. Afuera hace frío, pero aquí la temperatura es agradable, más bien hace calor. El cuerpo de ella está casi al descubierto, la frazada y la sábana se han deslizado hacia un costado. Quise comparar este cuerpo con mis recuerdos del cuerpo de Isabel. Evidentemente, eran otras épocas. Isabel no era delgada, sus senos tenían volumen, y por eso caían un poco. Su ombligo era hundido, grande, oscuro, de márgenes gruesos. Sus caderas eran lo mejor, lo que más me atraía; tengo una memoria táctil de sus caderas. Sus hombros eran llenos, de un blanco rosáceo. Sus piernas estaban amenazadas por un futuro de várices, pero todavía eran hermosas, bien torneadas. Este cuerpo que está a mi lado no tiene absolutamente ningún rasgo en común con aquél. Avellaneda es flaca, su busto me inspira un poquito de piedad, sus hombros están llenos de pecas, su ombligo es infantil y pequeño, sus caderas también son lo mejor (¿o será que las caderas siempre me conmueven?), sus piernas son delgadas pero están bien hechitas. Sin embargo, aquel cuerpo me atrajo y éste me atrae. Isabel tenía en su desnudez una fuerza inspiradora, yo la contemplaba e inmediatamente todo mi ser era sexo, no había por qué pensar en otra cosa. Avellaneda tiene en su desnudez una modestia sincera, simpática e inerme, un desamparo que es conmovedor. Me atrae profundamente, pero aquí el sexo es sólo un tramo de la sugestión, del llamamiento. La desnudez de Isabel era una desnudez total, más pura quizá. El cuerpo de Avellaneda es una desnudez con actitud. Para quererla a Isabel bastaba con sentirse atraído por su cuerpo. Para quererla a Avellaneda es necesario querer el desnudo más la actitud, ya que ésta es por lo menos la mitad de su atractivo. Tener a Isabel entre los brazos significaba abrazar un cuerpo sensible a todas las reacciones físicas y capaz también de todos los estímulos lícitos. Tener en mis brazos la concreta delgadez de Avellaneda, significa abrazar además su sonrisa, su mirada, su modo de decir, el repertorio de su ternura, su reticencia a entregarse por completo y las disculpas por su reticencia. Bueno, ésa era la primera comparación. Pero vino la otra, y esa otra me dejó gris, desanimado. Mi cuerpo de Isabel y mi cuerpo de Avellaneda. Qué tristeza. Nunca he sido un atleta, líbreme Dios. Pero aquí había músculos, aquí había fuerza, aquí había una piel lisa, tirante. Y sobre todo no había tantas otras cosas que desgraciadamente ahora hay. Desde la calvicie desequilibrada (el lado izquierdo es el más desierto), la nariz más ancha, la verruga del cuello, hasta el pecho con islas pelirrojas, el vientre retumbante, los tobillos varicosos, los pies con incurable, deprimente micosis. Frente a Avellaneda no me importa, ella me conoce así, no sabe cómo he sido. Pero me importa ante mí,

me importa reconocerme como un fantasma de mi juventud, como una caricatura de mí mismo. Hay una compensación quizá: mi cabeza, mi corazón, en fin, yo como ente espiritual, quizá sea hoy un poco mejor que en los días y las noches de Isabel. Sólo un poco mejor, tampoco conviene ilusionarse demasiado. Seamos equilibrados, seamos objetivos, seamos sinceros, vaya. La respuesta es: "¿Eso cuenta?". Dios, si es que existe, debe estar allá arriba haciéndose cruces. Avellaneda (oh, ella existe) está ahora acá abajo abriendo los ojos. Martes 30 de julio Tal vez yo exagere la nota, situando a mis hijos (o permitiendo que ellos se encaramen allí) en una función de jueces. Yo he cumplido con ellos. Les he dado instrucción, cuidado, cariño. Bueno, quizá en el tercer rubro he sido un poco avaro. Pero es que yo no puedo ser uno de esos tipos que andan siempre con el corazón en la mano. A mí me cuesta ser cariñoso, inclusive en la vida amorosa. Siempre doy menos de lo que tengo. Mi estilo de querer es ése, un poco reticente, reservado el máximo sólo para las grandes ocasiones. Quizá haya una razón y es que tengo la manía de los matices, de las gradaciones. De modo que si siempre estuviera expresando el máximo, ¿qué dejaría para esos momentos (hay cuatro o cinco en cada vida, en cada individuo) en que uno debe apelar al corazón en pleno? También siento un leve resquemor frente a lo cursi, y a mí lo cursi me parece justamente eso: andar siempre con el corazón en la mano. Al que llora todos los días, ¿qué le queda por hacer cuando le toque un gran dolor, un dolor para el cual sean necesarias las máximas defensas? Siempre puede matarse, pero eso, después de todo, no deja de ser una pobre solución. Quiero decir que es más bien imposible vivir en crisis permanente, fabricándose una impresionabilidad que lo sumerja a uno (una especie de baño diario) en pequeñas agonías. Lunes 12 de agosto Ayer de tarde estábamos sentados junto a la mesa. No hacíamos nada, ni siquiera hablábamos. Yo tenía apoyada mi mano sobre un cenicero sin ceniza. Estábamos tristes: eso era lo que estábamos, tristes. Pero era una tristeza dulce, casi una paz. Ella me estaba mirando y de pronto movió los labios para decir dos palabras. Dijo: "Te quiero". Entonces me di cuenta de que era la primera vez que me lo decía, más aún, que era la primera vez que lo decía a alguien. Isabel me lo hubiera repetido veinte veces por noche. Para Isabel, repetirlo era como otro beso, era un simple resorte del juego amoroso. Avellaneda, en cambio, lo había dicho una vez, la necesaria. Quizá ya no precise decirlo más, porque no es juego: es una esencia. Entonces sentí una tremenda opresión en el pecho, una opresión en la que no parecía estar afectado ningún órgano físico, pero que era casi asfixiante, insoportable. Ahí, en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo. "Hasta ahora no te lo había dicho", murmuró, "no porque no te quisiera, sino porque ignoraba por qué te quería. Ahora lo sé". Pude respirar, me pareció que la bocanada de aire llegaba desde mi estómago. Siempre puedo respirar cuando alguien explica las cosas. El deleite frente al misterio, el goce frente a lo inesperado, son sensaciones que a veces mis módicas fuerzas no soportan. Menos mal que alguien explica siempre las cosas. "Ahora lo sé. No te quiero por tu cara, ni por tus años, ni por tus palabras, ni por tus intenciones. Te quiero porque estás hecho de buena madera." Nadie me había dedicado jamás un juicio tan conmovedor, tan sencillo, tan vivificante. Quiero creer que es cierto, quiero creer que estoy hecho de buena madera. Quizá ese momento haya sido excepcional, pero de todos modos me sentí vivir. Esa opresión en el pecho significa vivir. Domingo 8 de septiembre Esta tarde hicimos el amor. Lo hemos hecho tantas veces y sin embargo no lo he registrado. Pero hoy fue algo maravilloso. Nunca en mi vida, ni con Isabel ni con nadie, me sentí tan cerca de la gloria. A veces pienso que Avellaneda es como una horma que se ha instalado en mi pecho y lo está agrandando, lo está poniendo en condiciones adecuadas para sentir cada día más. Lo cierto es que yo ignoraba que tenía en mí esas reservas de ternura. Y no me importa que ésta sea una palabra sin prestigio. Tengo ternura y me siento orgulloso de tenerla. Hasta el deseo se vuelve puro, hasta el acto más definitivamente consagrado al sexo se vuelve casi inmaculado. Pero esa pureza no es mojigatería, no es afectación, no es pretender que sólo apunto al alma. Esa pureza es querer cada centímetro de su piel, es aspirar su olor, es recorrer su vientre, poro a poro. Es llevar el deseo hasta la cumbre. Hasta acá os dejo. Para el resto, hay que leer el libro, la verdad es que es una historia hermosa. EL MUNDO DE SOFÍA DE JOSTEIN GAARDER El sombrero de copa ... lo único que necesitamos para convertirnos en buenos filósofos es la capacidad de asombro... Sofía dio por sentado que la persona que había escrito las cartas anónimas volvería a ponerse en contacto con ella. Mientras tanto, optó por no decir nada a nadie sobre este asunto.En el instituto le resultaba difícil concentrarse en lo que decía el profesor; le parecía que sólo hablaba de cosas sin importancia. ¿Porqué no hablaba de lo que es el ser humano, o de lo que es el mundo y de cual fue su origen? Tuvo una sensación que jamás había tenido antes: en el instituto y en todas partes la gente se interesaba solo por cosas más o menos fortuitas. Pero también había algunas cuestiones grandes y difíciles cuyo estudio era mucho mas importante que las asignaturas corrientes del colegio. ¿Conocía alguien las respuestas a preguntas de ese tipo? A Sofía, al menos, le parecía mas importante pensar en ellas que estudiarse de memoria los verbos irregulares. Cuando sonó la campana al terminar la ultima clase, salió tan deprisa del patio que Jorunn tuvo que correr para alcanzarla. Al cabo de un rato Jorunn dijo: –¿Vamos a jugar a las cartas esta tarde? Sofía se encogió de hombros. –Creo que ya no me interesa mucho jugar a las cartas. Jorunn puso una cara como si se hubiese caído la luna. –¿Ah, no? ¿Quieres que juguemos al badmington? Sofía mira fijamente al asfalto y luego a su amiga. –Creo que tampoco me interesa mucho el badmington. –¡Pues vale! Sofía detectó una sombra de amargura en la voz de Jorunn.–¿Me podrías decir entonces qué es lo que tan de repente es mucho más importante? Sofía negó con la cabeza.

–Es... es un secreto. –¡Bah! ¡Seguro que te has enamorado! Anduvieron un buen rato sin decir nada. Cuando llegaron al campo de fútbol, Jorunn dijo: –Cruzo por el campo.«Por el campo.» Ese era el camino más rápido para Jorunn, el que tomaba sólo cuando tenía que irse rápidamente a casa para llegar a alguna reunión o al dentista. Sofía se sentía triste por haber herido a su amiga. ¿Pero qué podría haberle contestado? ¿Qué de repente le interesaba tanto quién era y de donde surge el mundo que no tenía tiempo de jugar al badmington? ¿Lo habría entendido su amiga?¿Por qué tenía que ser tan difícil interesarse por las cuestiones más importantes y, de alguna manera, más corrientes de todas? Al abrir el buzón notó que el corazón le latía más deprisa. Al principio, solo encontró una carta del banco v unos grandes sobres amarillos para su madre. ¡Qué pena! Sofía había esperado ansiosa una nueva carta del remitente desconocido. Al cerrar la puerta de la verja, descubrió su nombre en uno de los sobres grandes. Al dorso, por donde se abría, ponía:Curso de filosofía. Trátese con mucho cuidado . Sofía corrió por el camino de gravilla y dejó su mochila en la escalera. Metió las demás cartas bajo el felpudo, salió corriendo al jardín y buscó refugio en el Callejón. Ahí tenía que abrir el sobre grande. Sherekan vino corriendo detrás, pero no importaba. Sofía estaba segura de que el gato no se chivaría. En el sobre había tres hojas grandes escritas a maquina y unidas con un clip. Sofía empezó a leer. ¿Qué es la filosofía? Querida Sofía. Muchas personas tienen distintos hobbies. Unas coleccionan monedas antiguas o sellos, a otras les gustan las labores, y otras emplean la mayor parte de su tiempo libre en la práctica de algún deporte. A muchas les gusta también la lectura. Pero lo que leemos es muy variado. Unos leen sólo periódicos o cómics, a algunos les gustan las novelas, y otros prefieren libros sobre distintos temas, tales como la astronomía, la fauna o los inventos tecnológicos. Aunque a mí me interesen los caballos o las piedras preciosas, no puedo exigir que todos los demás tengan los mismos intereses que yo. Si sigo con gran interés todas las emisiones deportivas en la televisión, tengo que tolerar que otros opinen que el deporte es aburrido ¿Hay, no obstante, algo que debería interesar a todo el mundo? ¿Existe algo que concierna a todos los seres humanos, independientemente de quiénes sean o de en qué parte del mundo vivan? Sí, querida Sofía, hay algunas cuestiones que deberían interesar a todo el mundo. Sobre esas cuestiones trata este curso. ¿Qué es lo más importante en la vida? Si preguntamos a una persona que se encuentra en el límite del hambre, la respuesta será comida. Si dirigimos la misma pregunta a alguien que tiene frío, la respuesta será calor. Y si preguntamos a una persona que se siente sola, la respuesta seguramente será estar con otras personas. Pero con todas esas necesidades cubiertas, ¿hay todavía algo que todo el mundo necesite? Los filósofos opinan que sí. Opinan que el ser humano no vive sólo de pan. Es evidente que todo el mundo necesita comer. Todo el mundo necesita también amor y cuidados. Pero aún hay algo más que todo el mundo necesita. Necesitamos encontrar una respuesta a quién somos y por qué vivimos. Interesarse por el por qué vivimos no es, por lo tanto, un interés tan fortuito o tan casual como, por ejemplo, coleccionar sellos. Quien se interesa por cuestiones de ese tipo está preocupado por algo que ha interesado a los seres humanos desde que viven en este planeta. El cómo ha nacido el universo, el planeta y la vida aquí, son preguntas más grandes y más importantes que quién ganó más medallas de oro en los últimos juegos olímpicos de invierno. La mejor manera de aproximarse a la filosofía es plantear algunas preguntas filosóficas: ¿Cómo se creó el mundo? ¿Existe alguna voluntad o intención detrás de lo que sucede? ¿Hay otra vida después de la muerte? ¿Cómo podemos solucionar problemas de ese tipo? Y, ante todo: ¿cómo debemos vivir? En todas las épocas, los seres humanos se han hecho preguntas de este tipo. No se conoce ninguna cultura que no se haya preocupado por saber quiénes son los seres humanos y de dónde procede el mundo. En realidad, no son tantas las preguntas filosóficas que podemos hacernos. Ya hemos formulado algunas de las más importantes. No obstante, la historia nos muestra muchas respuestas diferentes a cada una de las preguntas que nos hemos hecho. Vemos, pues, que resulta más fácil hacerse preguntas filosóficas que contestarlas. También hoy en día cada uno tiene que buscar sus propias respuestas a esas mismas preguntas. No se puede consultar una enciclopedia para ver si existe Dios o si hay otra vida después de la muerte. La enciclopedia tampoco nos proporciona una respuesta a cómo debemos vivir. No obstante, a la hora de formar nuestra propia opinión sobre la vida, puede resultar de gran ayuda leer lo que otros han pensado. La búsqueda de la verdad que emprenden los filósofos podría compararse, quizás, con una historia policíaca. Unos opinan que Andersen es el asesino, otros creen que es Nielsen o Jepsen. Cuando se trata de un verdadero misterio policíaco, puede que la policía llegue a descubrirlo algún día. Por otra parte, también puede ocurrir que nunca lleguen a desvelar el misterio. No obstante, el misterio sí tiene una solución. Aunque una pregunta resulte difícil de contestar puede, sin embargo, pensarse que tiene una, y sólo una respuesta correcta. O existe una especie de vida después de la muerte, o no existe. A través de los tiempos, la ciencia ha solucionado muchos antiguos enigmas. Hace mucho era un gran misterio saber cómo era la otra cara de la luna. Cuestiones como ésas eran difícilmente discutibles; la respuesta dependía de la imaginación de cada uno. Pero, hoy en día, sabemos con exactitud cómo es la otra cara de la luna. Ya no se puede «creer que hay un hombre en la luna, o que la luna es un queso. Uno de los viejos filósofos griegos que vivió hace más de dos mil años pensaba que la filosofía surgió debido al asombro de los seres humanos. Al ser humano le parece tan extraño existir que las preguntas filosóficas surgen por sí solas, opinaba él. Es como cuando contemplamos juegos de magia: no entendemos cómo puede haber ocurrido lo que hemos visto. Y entonces nos preguntamos justamente eso: ¿cómo ha podido convertir el prestidigitador un par de pañuelos de seda blanca en un conejo vivo? A muchas personas, el mundo les resulta tan inconcebible como cuando el prestidigitador saca un conejo de ese sombrero de copa que hace un momento estaba completamente vacío. En cuanto al conejo, entendemos que el prestidigitador tiene que habernos engañado. Lo que nos gustaría desvelar es cómo ha conseguido engañarnos. Tratándose del mundo, todo es un poco diferente. Sabemos que el mundo no es trampa ni engaño, pues nosotros mismos andamos por la Tierra formando una parte del mismo. En realidad, nosotros somos el conejo blanco que se saca del sombrero de copa. La diferencia entre nosotros y el conejo blanco es simplemente que el conejo no tiene sensación de participar en un juego de magia. Nosotros somos distintos. Pensamos que participamos en algo misterioso y nos gustaría desvelar ese misterio. P. D. En cuanto al conejo blanco, quizás convenga compararlo con el universo entero. Los que vivimos aquí somos unos bichos minúsculos que vivimos muy dentro de la piel del conejo. Pero los filósofos intentan subirse por encima de uno de esos fines pelillos para mirar a los ojos al gran prestidigitador. ¿Me sigues, Sofía? Continúa. Sofía estaba agotada. ¿Si le seguía? No recordaba haber respirado durante toda la lectura. ¿Quién había traído la carta? ¿Quién, quién? No podía ser la misma persona que había enviado la postal a Hilde Møller Knag, pues la postal llevaba sello y matasellos. El sobre amarillo había sido metido directamente en el buzón, igual que los dos sobres blancos. Sofía miró el reloj. Sólo eran las tres menos cuarto. Faltaban casi dos horas para que su madre volviera del trabajo. Sofía salió de nuevo al jardín y se fue corriendo hacia el buzón. ¿Y si había algo más? Encontró otro sobre amarillo con su nombre. Miró a su alrededor, pero no vio a nadie. Se fue corriendo hacia

donde empezaba el bosque y miró fijamente al sendero. Tampoco ahí se veía un alma. De repente, le pareció oír el crujido de alguna rama en el interior del bosque. No estaba totalmente segura, sería imposible, de todos modos, correr detrás si alguien intentaba escapar. Sofía se metió en casa de nuevo y dejó la mochila y el correo para su madre. Subió deprisa a su habitación, sacó la caja grande donde guardaba las piedras bonitas, las echó al suelo y metió los dos sobres grandes en la caja. Luego volvió al jardín con la caja en los brazos. Antes de irse, sacó comida para Sherekan. De vuelta en el Callejón, abrió el sobre y sacó varias nuevas hojas escritas a maquina. Empezó a leer. Israel No pretendo competir con tu profesor de religión, querida Sofía; no obstante conviene hacer un breve resumen de los antecedentes judíos del cristianismo. Todo empezó cuando Dios creó el mundo. En las primeras páginas de la Biblia se habla de esta Creación. Pero más tarde los hombres se rebelaron contra Dios. El castigo no fue sólo la expulsión de Adán y Eva del jardín del Edén, sino también la entrada de la muerte en el mundo. La desobediencia de los hombres a Dios atraviesa como un hilo rojo toda la Biblia. Si seguimos leyendo el Génesis nos enteramos del Diluvio y del Arca de Noé. Luego leemos que Dios estableció un pacto con Abraham y su estirpe. Según este pacto, Abraham y su estirpe cumplirían los mandamientos de Dios, y a cambio Dios se comprometía a proteger a los descendientes de Abraham. Este pacto fue renovado cuando Moisés recibió las Tablas de la Ley en el monte Sinaí. Esto ocurrió alrededor de 1. 200 años a. de C. Para entonces los israelitas llevaban mucho tiempo de esclavitud en Egipto, pero mediante la ayuda de Dios el pueblo pudo volver a Israel. Alrededor del año l000 a. de C., es decir, mucho antes de la existencia de ninguna filosofía griega, oímos hablar de tres grandes reyes en Israel. El primero fue Saúl, luego vino David y tras él, el rey Salomón. Todo Israel estaba entonces unido en una sola monarquía, y vivió, particularmente bajo el reinado del rey David, una época de grandeza política, militar y cultural. En su investidura los reyes eran ungidos por el pueblo obteniendo el título de Mesías, que significaba el ungido. En el contexto religioso los reyes eran considerados intermediarios entre Dios y el pueblo. A los reyes se les llamaba, por tanto, hijos de Dios, y el país podía, entonces, llamarse “reino de Dios”. Pero Israel no tardó mucho en debilitarse, y pronto se dividió en un reino norte (Israel) y un reino sur (Judea). En el año 722 el reino norte fue invadido por los asirios y perdió toda importancia política y religiosa. No les fue mejor a los del reino del sur que fue conquistado por los babilonios en el año 586. El templo quedó destruido y gran parte del pueblo fue conducido Babilonia. Esta “prisión babilónica” duró hasta el año 539, en que el pueblo pudo volver a Jerusalén para reconstruir su gran templo. No obstante, durante la época anterior a nuestra era, los judíos estuvieron constantemente bajo dominio extranjero. Los judíos se preguntaban por qué se había disuelto el reino de David y por qué su pueblo estaba siempre sometido a tantas desgracias si Dios había prometido proteger a Israel. Pero el pueblo, por su parte, había prometido cumplir los mandamientos de Dios. Poco a poco se iba extendiendo la creencia de que Dios estaba castigando a Israel por su desobediencia. Desde aproximadamente el año 750 a. d. C. surgieron una serie de profetas que predicaron el castigo de Dios a Israel porque el pueblo no cumplía los mandamientos del Señor. Un día Dios juzgaría a Israel, decían. A esta clase de predicaciones las llamamos profecías del juicio final. Pronto surgieron también profetas que decían que Dios salvaría a una pequeña parte del pueblo y enviaría a un «príncipe de la paz» o un rey de la paz de la estirpe de David para que restituyera el antiguo reino de David. De esa manera el pueblo tendría un futuro feliz.«Este pueblo que camina en la oscuridad verá una gran luz», dijo el profeta Isaías. «Y sobre aquellos que habitan el país de las sombras, la luz brotará a rayos.» A este tipo de profecías las llamamos profecías de salvación. Para ser más preciso: el pueblo de Israel vivió feliz bajo el rey David. Conforme las cosas empeoraban para los israelitas, los profetas predicaban la llegada de un nuevo rey de la estirpe de David. Este «Mesías» o «Hijo de Dios» salvaría al pueblo, reconstruiría Israel como gran potencia y fundaría un «reino de Dios». Jesús Bueno, Sofía. Supongo que me sigues todavía. Las palabras clave son «Mesías», «Hijo de Dios», «salvación» y «reino de Dios». Al principio todo esto se interpretó en un sentido político. También en la época de Jesús había mucha gente que se imaginaba que llegaría un nuevo «Mesías» en forma de líder político, militar y religioso, del mismo calibre que el rey David. Este «salvador» se concebía como un liberador nacional que acabaría con los sufrimientos de los judíos bajo el dominio romano. Pues sí, muchos pensaban así, pero también había gente con un horizonte un poco más amplio. Durante varios siglos antes de Cristo habían ido surgiendo profetas que pensaban que el «Mesías» prometido sería el salvador del mundo entero. No sólo salvaría del yugo a los israelitas, sino que además salvaría a todos los hombres del pecado, de la culpa y de la muerte. La esperanza de una “salvación”, en este sentido de la palabra, se había extendido ya por toda la región helenística. Y llega Jesús. No fue el único que se presentó como el Mesías prometido. También Jesús utiliza las palabras «Hijo de Dios», «reino de Dios», «Mesías» y «salvación». De esta manera conectaba siempre con las antiguas profecías. Entra en Jerusalén montado en un asno y se deja vitorear por las masas como el salvador del pueblo. De esta manera alude directamente al modo en que fueron instaurados en el trono los antiguos reyes, mediante un típico rito de «subida al trono». También se deja ungir por el pueblo. “Ha llegado la hora”, dice. «El reino de Dios está próximo.”Todo esto es muy importante. Ahora debes seguirme muy de cerca: Jesús se distinguía de otros mesías en el sentido de que dejó muy claro que no era ningún rebelde militar o político. Su misión era mucho más importante. Predicó la salvación y el perdón de Dios para todos los hombres. Y decía a las gentes con las que se encontraba: «Te absuelvo de tus pecados» Resultaba bastante inaudito en aquellos tiempos repartir la absolución de esa manera. Más escandaloso aún era que llamara “padre» (abba) a Dios. Esto era algo totalmente nuevo entre los judíos en la época de Jesús. Por eso tampoco tardaron mucho en levantarse entre los letrados protestas contra él. Al cabo de algún tiempo iniciaron los preparativos para que fuera ejecutado. Precisando más: mucha gente en la época de Jesús esperaba la llegada con gran ostentación (es decir, con espadas y lanzas) de un Mesías que reinstauraría el «reino de Dios». La expresión «reino de Dios» también se repite en toda la predicación de Jesús, aunque en un sentido muy amplio. Jesús dijo que el «reino de Dios» es amor al prójimo, preocupación por los débiles y los pobres y perdón para los que han ido por mal camino. Se trata de un importante cambio del significado de una expresión vieja y medio militar. El pueblo andaba esperando a un general que pronto proclamaría un «reino de Dios». Y llega Jesús, vestido con túnica y sandalias, diciendo que el «reino de Dios», o el “nuevo pacto” significa que debes amar al prójimo como a ti mismo. Y hay más, Sofía: dijo además que debemos amar a nuestros enemigos. Cuando nos golpean, no debemos devolver el golpe, qué va, debemos «poner la otra mejilla». «Y debemos perdonar, no siete veces, sino setenta veces siete». Con su propio ejemplo Jesús demostró que no se debía dar la espalda a prostitutas, aduaneros corruptos y enemigos políticos del pueblo. Y fue aún más lejos: dijo que un sinvergüenza que ha despilfarrado toda la herencia paterna, o un dudoso aduanero que ha cometido fraude, es justo ante Dios si se dirige a él y le pide perdón; tan generoso es Dios en su misericordia.

Pero, ¿sabes?, aún fue un poco más lejos, aunque no te lo vayas a creer: Jesús dijo que esos «pecadores» son más justos ante Dios, y por ello más merecedores del perdón de Dios que los irreprochables fariseos y «ciudadanos de seda» que andaban por la vida tan orgullosos de su irreprochabilidad. Jesús subrayó que ningún hombre puede hacerse merecedor de la misericordia de Dios por sí mismo. No podemos salvarnos a nosotros mismos. (¡Muchos griegos pensaban que eso era posible!) Cuando Jesús predica las severas exigencias éticas en el Sermón de la Montaña, no lo hace sólo para mostrar lo que es la voluntad de Dios, sino también para mostrarnos que ningún hombre es justo ante Dios. La misericordia de Dios no tiene límites, pero es preciso que nos dirijamos a Dios suplicando su perdón. Dejo a tu profesor de religión profundizar en el personaje de Jesús y en sus palabras. Tu profesor tiene una enorme tarea. Espero que logre haceros comprender qué persona tan especial era Jesús. Utiliza genialmente el lenguaje de la época, llenando a la vez de nuevo y más amplio contenido las viejas consignas. No es de extrañar que acabara en la cruz. Su mensaje radical de salvación rompía con tantos intereses y posiciones de poder que fue necesario quitarlo de en medio. Al hablar de Sócrates vimos lo peligroso que puede resultar apelar a la sensatez de las personas. En Jesús vemos lo peligroso que puede resultar exigir un incondicional amor al prójimo y un igualmente incondicional perdón. Incluso en nuestros días vemos cómo tiemblan los cimientos de ciertos Estados poderosos cuando se encuentran ante sencillas exigencias de paz, amor, alimento para los pobres y perdón para los enemigos del Estado. Acuérdate de lo indignado que estaba Platón por que el hombre más justo de Atenas tuviera que pagar con su vida. Según el cristianismo, Jesús era la persona más justa que jamás había existido. Según el cristianismo murió por los hombres. Es lo que se suele llamar la “muerte redentora” de Jesús. Él fue el «servidor que padeció», que asumió la culpa de todos los hombres para que pudiéramos reconciliarnos con Dios y salvarnos de su castigo. Pablo A los pocos días de la crucifixión y entierro de Jesús, comenzaron a correr rumores de que había resucitado. De esa manera demostró que era algo mas que un hombre. Fue así como mostró que era en verdad el “Hijo de Dios”. Se puede decir que la Iglesia cristiana inicia ya en la mañana del Domingo de Pascua los rumores sobre su resurrección. Pablo puntualiza: «Si Cristo no ha resucitado, nuestro mensaje no es nada y nuestra fe no tiene sentido». Ahora todos los hombres podían tener la esperanza de la «resurrección de la carne», pues Jesús fue crucificado precisamente para salvarnos a nosotros. Y ahora, querida Sofía, debes darte cuenta de que los judíos no trataban el tema de la «inmortalidad del alma» o de alguna forma de «transmigración de las almas», que eran ideas griegas, y por lo tanto, indoeuropeas. Según el cristianismo no hay nada en el hombre (tampoco su alma) que sea inmortal en sí. La Iglesia cree en la “resurrección del cuerpo”, y en la «vida eterna», pero es precisamente el milagro obrado por Dios el que nos salva de la muerte y de la «perdición». No se debe a nuestro propio mérito, y tampoco se debe a ninguna cualidad natural o innata. Los primeros cristianos comenzaron a difundir el «alegre mensaje» de la salvación mediante la fe en Jesucristo. El reino de Dios estaba a punto de emerger a través de su obra de salvación. Ahora el mundo entero podía ser conquistado para Cristo. (La palabra «Cristo>, es una traducción griega de la palabra judía «Mesías, > y significa, por consiguiente, «el ungido».) Pocos años después de la muerte de Jesús, el fariseo Pablo se convirtió al cristianismo. Mediante sus muchos viajes de misión por todo el mundo grecorromano convirtió el cristianismo en una religión mundial. Sobre esto podemos leer en los Hechos de los Apóstoles. Por las muchas cartas que Pablo escribió a las primeras comunidades cristianas conocemos su predicación y sus consejos para los cristianos. Más tarde apareció en Atenas. Fue directamente a la plaza de la capital de la filosofía. Se dice que «estaba escandalizado» de ver la ciudad llena de imágenes paganas. Visitó la sinagoga judía y conversó con algunos filósofos estoicos y epicúreos. Éstos le llevaron al monte del Areópago y le dijeron: «¿Podemos saber qué doctrina nueva enseñas? Oímos hablar de cosas extrañas y nos gustaría saber de qué se trata».¿Te lo imaginas, Sofía? Aparece un judío en la plaza de Atenas para hablar de un salvador que fue crucificado y que luego resucitó. Ya en esta visita de Pablo a Atenas intuimos el fuerte choque entre la filosofía griega y la doctrina cristiana sobre la salvación. Pero al parecer consigue hablar con los atenienses. De pie en el monte del Areópago, es decir, bajo los grandiosos templos de la Acrópolis, pronunció el siguiente discurso:–¡Atenienses! –empezó–. Por todo, veo que sois muy religiosos. Al recorrer vuestra ciudad y contemplar vuestros santuarios, me he encontrado un altar con esta inscripción: «A un Dios desconocido». Pues bien, lo que veneráis sin conocer, eso es lo que yo os vengo a anunciar. El Dios que creó el mundo y todo lo que hay en él, el que reina sobre el cielo y la tierra, o vive en templos levantados por las manos de los hombres. Tampoco tiene necesidad de nada de lo que las manos de los hombres le puedan ofrecer, pues es él el que da la vida, el aliento y todas las cosas a los hombres. Permitió que todos los pueblos, que proceden de un solo hombre, habitasen por toda la tierra, determinando los tiempos y los límites de su morada, para que buscaran a Dios, para que pudieran sentirle y encontrarle. Porque él no está lejos de ninguno de nosotros. Porque en él vivimos, en él nos movemos y existimos, como alguno de vuestros poetas ha dicho también: «Porque somos de su estirpe». Precisamente porque somos de la estirpe de Dios no debemos pensar que la divinidad se parece a una imagen de oro o plata o piedra, hecha por el arte o el pensamiento de los hombres. Dios ha tolerado estos tiempos de ignorancia, pero ahora ordena a todos los hombres, estén donde estén, que den la vuelta. Porque él ha fijado ya un día en el que juzgará al mundo con justicia y para esto ha elegido a un hombre. Lo ha acreditado ante todos al resucitarle de entre los muertos. Pablo en Atenas, Sofía. Estamos hablando de cómo el cristianismo comienza a infiltrarse en el mundo grecorromano como algo distinto, como algo muy diferente a la filosofía epicúrea, estoica o neoplatónica. No obstante, Pablo encuentra al fin y al cabo una base en esta cultura. Señala que la búsqueda de Dios es algo inherente al género humano. Esto no representaba nada nuevo para los griegos. Lo nuevo de la predicación de Pablo es que Dios se ha revelado ante los hombres e ido a su encuentro. No es pues solamente un «dios filosófico» al que los hombres pueden intentar alcanzar con su mente. Tampoco se parece a «una imagen de oro o plata o piedra»; de esa clase de dioses había de sobra arriba en la Acrópolis y abajo en la gran plaza. Pero Dios «no habita en templos levantados por manos humanas». Es un Dios personal que interviene en la Historia y que muere en la cruz por culpa de los hombres. En los Hechos de los Apóstoles se dice que después del discurso de Pablo en el Areópago, había gente que se burlaba de él por lo que había dicho sobre la resurrección de Jesús de entre los muertos. Pero algunos entre el público también dijeron: «Nos gustaría oírte hablar más sobre eso en otra ocasión». Algunos se unieron a Pablo y comenzaron a creer en el cristianismo. Uno de ellos era una mujer, Damaris, hecho que hay que tener en cuenta, pues hubo muchas mujeres que se convirtieron al cristianismo. Y Pablo continuó sus actividades misioneras. Poco tiempo después de la muerte de Jesús ya había comunidades cristianas en todas las ciudades importantes griegas y romanas, tales como Atenas, Roma, Alejandría, Éfeso y Corinto. En el transcurso de trescientos o cuatrocientos años todo el mundo helenístico se había cristianizado. Credo

No sólo como misionero tuvo Pablo una importancia crucial para el cristianismo. También tuvo una enorme influencia en el interior de las comunidades cristianas, ya que había una gran necesidad de orientación espiritual. Una importante cuestión en los años que siguieron a la muerte de Jesús fue la de saber si los que no eran judíos podían ser cristianos sin antes pasar por el judaísmo. ¿Debería por ejemplo un griego cumplir la ley mosaica? Pablo pensaba que no era necesario, pues el cristianismo era algo más que una secta judía. Dirigía a todos los hombres un mensaje universal de salvación. El «viejo pacto» entre Dios e Israel había sido sustituido por el «nuevo pacto» establecido por Jesús entre Dios y todos los hombres. Pero el cristianismo no fue la única religión nueva en esa época. Hemos visto ya que el helenismo se caracterizaba por la mezcolanza de religiones. Era por lo tanto importante para la Iglesia cristiana llegar a un escueto resumen de lo que era la doctrina cristiana. Esto era importante para delimitarla respecto a otras religiones, así como para impedir una división dentro de la Iglesia cristiana. De esta forma surgieron los primeros credos. El credo resume los dogmas cristianos más importantes. Uno de esos importantes dogmas era que Jesús era Dios y hombre. Es decir, no era solamente el «hijo de Dios» en virtud de sus actos. Era el mismo Dios. Pero también era un «verdadero hombre» que había compartido las condiciones de los hombres y que padeció verdaderamente en la cruz. Esto puede sonar como una contradicción, pero el mensaje de la Iglesia era precisamente que Dios se convirtió en hombre. Jesús no era un «semidiós» (medio humano, medio divino). La fe en esos «semidioses» estaba bastante extendida en las religiones griegas y helenísticas. La Iglesia enseñó que Jesús era «un Dios perfecto y un hombre perfecto». Post scriptum Intento contarte algo de las conexiones, querida Sofía. Con la entrada del cristianismo en el mundo grecorromano acontece un encuentro convulsivo entre dos civilizaciones. Pero también se trata de uno de los grandes cambios culturales en la Historia. Estamos a punto de salir de la Antigüedad. Desde los primeros filósofos griegos han pasado casi mil años. Por delante de nosotros tenemos toda la Edad Media cristiana, que también duró unos mil años. El autor alemán Goethe dijo en una ocasión que «el que no sabe llevar su contabilidad por espacio de tres mil años se queda como un ignorante en la oscuridad y sólo vive al día». No quiero que tú te encuentres entre ellos. Estoy haciendo lo posible para que te des cuenta de tus raíces históricas. Solamente así serás un ser humano. Solamente así serás más que un mono desnudo. Solamente así evitarás flotar en el vacío. «Solamente así serás un ser humano. Solamente así serás algo más que un mono desnudo...” Sofía se quedó sentada un rato mirando el jardín a través de los huecos del seto. Había empezado a comprender lo importante que era conocer sus raíces históricas. Al menos, siempre había sido importante para el pueblo de Israel. Ella no era más que una persona casual. No obstante, si conocía sus raíces históricas, se volvía un poco menos casual. Ella sólo viviría algunos años en este planeta. Pero si la Historia de la humanidad era su propia historia, entonces ella tenía, en cierto modo, muchos miles de años. Sofía recogió todas las hojas y salió del Callejón. Dando pequeños y alegres saltos cruzó el jardín y subió corriendo a su cuarto.

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