EL DIOS DE LAS RECOMPENSAS Dios tiene recompensas y regalos. La mayor parte de la gente vive creyendo porque Dios le regale algo, y eso está bien, porque Dios tiene regalos para nosotros. Pero es bueno moverse a las recompensas de Dios. El Señor también tiene cosas que da como recompensa. He estado enseñando acerca de recompensas y regalos. Dios tiene recompensas y regalos. La mayor parte de la gente vive creyendo porque Dios le regale algo, y eso está bien, porque Dios tiene regalos para nosotros. Pero es bueno moverse a las recompensas de Dios. El Señor también tiene cosas que da como recompensa. Estaba leyendo y encontré una frase que me gustó mucho y dice: “No es justo que a un niño se le castigue por algo que no hizo, y tampoco es justo que se deje sin castigo por algo que lo merece”. Justicia no es lo mismo que misericordia. Dios es misericordia y también justicia. A veces apelamos mucho a la misericordia y poco a la justicia. Dios por misericordia podrá abrirte las puertas de un trabajo, y los jefes te van a aumentar el salario por algo justo. No puedes llegar a pedir un aumento por misericordia. En la Palabra de Dios, encuentro que el ayuno tiene recompensa, y el colmo es que hasta los que ayunan mal tienen su recompensa. El que ora para ser visto por los hombres ya tiene su recompensa, pero en Mateo dice que quienes oran y ayunan bien, también tienen recompensa de parte de Dios y es en público. El dar también tiene su recompensa. Quien da para que la gente sepa, ya obtuvo su recompensa. Y Dios también tiene recompensas por dar y las da en público. Si tienes discernimiento y la recompensa es pública, la gente lo va a notar. Dios recompensa en público. Muchas de las cosas por las que Dios recompensa la gente las puede ver. ¿De dónde vas a sacar las soluciones a tus problemas si con la fuerza natural no se puede? No puedes darte el lujo de vivir sin leer la Santa Palabra de Dios que es viva y eficaz. Debes leerla día a día. Vivir sin leer la Palabra es como ir a la guerra sin arma. ¿Cómo vas a ganar la guerra así? ¿Con qué atacas? El problema de los hijos de Dios es que todo el tiempo se defienden. ¿Sabes por qué no me oyes hablar del diablo? Porque no lo conozco, no vivo con él. ¿Acaso no has oído que no debes darle lugar al diablo? Hay un hombre que escribió un libro que se llama: “No le des lugar al diablo”. Tiene diez capítulos, y en los primeros nueve no habla nada del diablo. En el último dice: “¿Quieren saber por qué no hablé del diablo? Porque no le tengo que dar lugar al diablo”. No tienes por qué darle lugar al diablo, pero él sí debe saber de ti. Debes luchar y quitarle lo que te robó. ¿Quién conquista sin defenderse? ¿Defiendes un territorio o vas a poseer uno mejor? Por eso es que te vives defendiendo. Debemos ser más proactivos en la vida. El cristiano ha aprendido a defenderse del diablo. ¡Hay que atacar y que el diablo se defienda! En Mateo 5:44 dice: “Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os ultrajen y os persiguen”. Los cristianos no están exentos de los enemigos. Tú puedes ser el hombre o la mujer más buena del mundo, pero eso no te exonera de tener enemigos, porque sino, el Señor no te estuviera enseñando que así es un hijo de Dios. Él dice: “Ama a tu enemigo”. Eso quiere decir que tenemos enemigos. Nadie quiere tener ese tipo de gente alrededor, pero bienvenidos a la realidad. Prepárate para amar a los
enemigos, bendecir a los que te maldicen y orar por los que te persiguen, ultrajan y aborrecen. En tu vida podría ser que tengas enemigos, gente que te maldiga, persiga, ultraje y aborrezca, aun siendo tú de los mejores hombres y mujeres de Dios. La Palabra dice que debemos amar a nuestros enemigos. Pero, ¿a quién le nace amar a un enemigo? El amor no es un sentimiento, son hechos. ¿Cuándo Jesús le dijo a alguien “te amo”? Nunca. Pero eso es lo primero que reclamamos, sobre todo en el matrimonio. ¿A quién le nace bendecir al que lo maldice? A nadie le nace amar a un enemigo. No sientes una pasión en tu corazón por un enemigo, no dices que vas amar a la persona que te robó todo lo que tenías, tampoco la alcanzas y le dices: “Le cuento que mi vecina también tiene algunas cosas”. Cuando vas en el tráfico y te maltratan, no bajas la ventanilla para decirles a las personas que las amas y que bendices a su familia. No nace bendecir al que maldice. Si te chocan el carro por atrás, no te bajas del carro a darle un abrazo y decirle: “Gracias porque a través del choque Dios me enseñó tanto”. A uno no le nace bendecir al que le maldice. Es difícil entender que a uno le enseñen eso. Hasta el más santo de los hombres es afectado cuando lo están maltratando. La diferencia está en el dominio propio que se tiene, está en que te aguantes las ganas de contestar. En Mateo 5:46 dice: “Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?” ¿Está mal amar al quien te ama? No, pero eso no tiene recompensa. Hablamos de gente que otros han maldecido, ultrajado y han reaccionado como la Palabra lo recomienda y han devuelto amor por odio, Dios los recompensa. Dios comprende que no es fácil que ames a un enemigo, Él lo entiende y quizá ni siquiera te exige que lo hagas; pero te ofrece una recompensa si lo logras. En otras palabras, aunque no lo creas, los hijos de Dios vamos a ser distintos en nuestro modo de vida. Dios da la recompensa a quien se lo merece. De tal manera que si no cumples la Palabra, no pidas lo mismo que tiene el que sí la cumplió. En otras palabras, hay una persona que tiene los regalos y otra que tiene las recompensas y los regalos. En ese sentido, vamos a ser diferentes todos, porque si no has hecho nada para merecerte una recompensa, tampoco pidas. Cuando amas a un enemigo y bendices al que te maldijo, lo que le estás dando es un regalo porque no lo merece, por eso la Palabra dice: “Para que seáis hijos de vuestro padre que hace salir el sol sobre buenos y malos”. El sol es un regalo, la lluvia es un regalo. Si fuera la recompensa, llovería sobre los justos. Entonces, el mismo Dios que hace llover sobre la amapola de la que extraen la cocaína, hace llover sobre los campos de fruta. La recompensa se obtiene haciendo buen uso del regalo. Dios da el sol sobre los que cultivan sus frutas y sobre los que cultivan marihuana. Dios no les dio el sol para que cultiven marihuana, pero decidieron hacer lo malo. Pero aquellos que decidieron hacer lo bueno, obtendrán su recompensa. Enemigos vamos a tener todos, pero la diferencia la vas a marcar tú en como seas con ellos. Haz aquello que traiga una buena recompensa a tu vida, y el Señor en su eterna misericordia te la dará en público.
En Hebreos 11:6 dice: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. Entiende que los que buscan a Dios tendrán galardón más allá del que no le busca. ¿Ofrece Dios galardón al que le busca? ¿El que no le busca tendrá la misma calidad de vida de quien no le busca? El galardón es un regalo y se puede esperar de un rey y del dueño del oro y la plata, del Creador del universo. ¿Puedes esperar menos que eso? Los galardones no tienen que ver con suerte, es un don de gala. ¿A quién le han puesto un galardón sin público? Si vas a las olimpiadas y ganas una medalla, te la ponen delante de todo el mundo y lo transmiten por televisión. Amaste a tu patria, la representaste y te dan el galardón. Si los hombres sabemos dar galardones a quienes lo merecen, ¿cuánto más hará Dios? Veo cosas en las Escrituras que otros no ven por la forma en que busco a Dios. Si yo busco a Dios, ¿tendré galardones para mí? Dios le da galardón al que le busca. Yo no soy la excepción, no voy a buscar a Dios sin esperar lo que dice ahí, si Dios lo ofreció, es bueno. Dios le da galardones a la gente que los busca. La iglesia vive llena todo el tiempo y para mí eso es un galardón, porque lo sabe todo el mundo. Ha sido en público, y eso es la misericordia de Dios. Cuando hablamos de don, hablamos de regalo, el galardón es una recompensa adicional a la que merezco. Es como cuando te pagan y te dan un bono. En Efesios 3:20 dice: “Y a quien es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundante de lo que pedimos o entendemos según el poder que actúa en nosotros”. Muchos, más, abundante. Es decir, que Dios no te dará abundantemente, te va a dar mucho más. Ahora bien, ¿es Dios el exagerado o nosotros los duros de mente que no entendemos? Lo que Él está diciendo es: “Para que me creas, te voy a dar mucho, mucho más de lo que pides”. Entonces, siempre que pidas, debes esperar que el Señor te dé mucho, más y abundantemente de lo que pides. No le puedes pedir a Dios sin buscarlo y ahí está el galardón. Entonces, dices que le pediste a Dios tal cosa y sabes que te dará más, y eso lo sabes porque la Palabra dice que te dará mucho más abundantemente de lo que le pides. La Biblia dice que el Señor nos dará según el poder de Dios que actúa en nosotros. Dios nos dará de acuerdo al poder que llevas dentro de ti, y lo debes usar. El Señor te dará mucho más abundantemente de lo que le pidas porque es de acuerdo al poder de Dios que está en ti. Entonces, cuando dejes de buscar a otros y creas que ese poder reside en ti, vas a tener mucho más. ¿Dónde está el poder de la abundancia? En ti. No sabes lo poderoso que eres en Cristo Jesús. Ahora bien, si estás en él y no crees que eres poderoso en Él, ¿para qué estás en Él? Jesús dice: “Fuera de mí no pueden hacer nada”. Eso quiere decir que quiere que estemos en Él para que creamos que puedes hacer todo. Jesús dijo: “al que cree, todo le es posible”. Hasta hoy, todo esto es información, pero hasta cuando hagas algo, será formación; por eso Dios bendice al hacedor y no al oidor. En Lucas 6:38 dice: “Dad y se os dará medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. ¿Eso es regalo o recompensa? Recompensa. No sólo es en el dar. Mira lo que dice en el verso 37: No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Si tú das con una cucharita, ¿con qué medida te van a volver a dar? y si das con un tonel, ¿con qué te van a volver a dar? Da toneladas de perdón, porque necesitas
toneladas de regreso. Y cuando juzgues, hazlo con una cucharita, porque si juzgas con un contenedor, el resto es de imaginárselo. Si te das cuenta, esas son las cosas que marcan la diferencia entre tu persona y la que tienes a la par. Los dos son hijos de Dios y ninguno de los dos tiene las mismas recompensas. Una de mis escrituras favoritas está en proverbios 22:4 donde dice: “Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová”. La humildad y el respeto a Dios traen como recompensa riquezas, honor y vida. Según esta escritura, ¿cómo debe esperar vivir un hombre y una mujer de Dios que de verdad respeta a Dios y es humilde? Con riquezas, honor y vida. Dios quiere darte el poder de hacer riquezas, sin perder la vida. Dios quiere darte riquezas honorables sin que te enfermes haciéndolas. Hay quienes conservan una paz y nunca les sale una arruga y una cana, pero no tienen riquezas ni honor. Ahora bien, esto es recompensa y lo dice la Biblia. La riqueza y el honor en todo caso, ¿sería un regalo o una recompensa? ¿Miente nuestro corazón o miente Dios? ¿Si eres tan humilde, por qué estás tan pobre? Aquí dice que la recompensa a la humildad es la riqueza. Si la oferta de Dios al humilde es la riqueza, ¿por qué no la tengo? porque no estoy en la humildad, que es lo más seguro. Mucha de la apariencia de humildad es falsa. Tú puedes vivir de los regalos de Dios, o puedes moverte al mundo de las recompensas. Ahora bien, ¿por qué la primera recompensa que ofrece es la riqueza, y por qué se la ofrece a la humildad? Porque regularmente, el humilde respeta a Dios y sabe para qué es la riqueza, sabe que aun muerto, puede seguir haciendo buenas obras y ayudando gente. Dios tiene grandes y preciosos regalos para ti, pero también tiene grandes y preciosas recompensas. Disfruta la recompensa que Dios te da. Si Dios nos ha dado el sol y la lluvia, usémoslos para lo bueno. Dios tiene recompensas preciosas y lindas para tu vida. Cree que Dios tiene recompensas preciosas para tu vida y la de los tuyos aquí en la tierra, y las tendrá en los cielos. Pide a Dios que te ayude a ser humilde de tal manera, que puedas recibir de parte suya las recompensas.